Vídeo de Lyngen

Lyngen. Las mejores imágenes del viaje que en el 2015 hicimos a los Alpes de Lyngen para esquiar más allá del Círculo Polar Ártico. Descensos en los fiordos con nieve polvo hasta el mismo océano; bajadas por laderas inmensas o vertiginosos couloires; foqueos bajo las luces de las auroras boreales. ¡Un paraíso del esquí de montaña!

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: ESQUÍ, Esquí de Montaña, Freeride

Auroras Polares

Las auroras polares son uno de los más impresionantes espectáculos que nos ofrece la atmósfera. Las también llamadas luces del norte (northern lights), encienden los oscuros cielos de las regiones polares con cortinas de colores que nos sobrecogen. Hacer esquí de montaña bajo las auroras era el objetivo de nuestro viaje a Noruega. Las líneas que pudimos esquiar serán objeto de otros reportajes, pero ahora vamos a contaros qué son las auroras, cómo se forman y dónde observarlas.

Mapa de Situación                                                     Vídeo

                    

Una aurora polar (aurora boreal en el hemisferio norte o austral en el sur) es un meteoro que se produce en la Ionosfera y que es manifestación de la electricidad en capas altas de la atmósfera. Son luces de colores, normalmente verdes, anaranjadas o violetas, formando cortinas, bandas o jirones que se van moviendo por la bóveda celeste con mayor o menor intensidad y brillo. Normalmente sólo son visibles desde latitudes muy altas, por encima de los 60º norte o sur, y predominantemente durante los meses de invierno cuando las noches tienen una mayor duración.

Nosotros nos fuimos a Lyngen (más info de Noruega) con la intención de hacer esquí de montaña bajo ellas y tuvimos suerte: simplemente ESPECTACULAR.

FORMACIÓN DE LAS AURORAS:

La superficie del Sol se encuentra a unos 6000 °C y conforme nos vamos separando hacia capas superiores de la corona solar, la temperatura aumenta en vez de disminuir, alcanzando hasta 3 millones de grados. Esto produce una emisión continua de radiación en un amplio espectro de longitudes de onda, y también de partículas cargadas de energía que conforman el viento solar. Las partículas del viento solar viajan a velocidades de hasta 1000 km/s, y recorren la distancia entre el Sol y la Tierra en aproximadamente dos días. Este flujo es más intenso cuando se producen tormentas solares y este viento solar llega hasta nuestro planeta chocando con el campo magnético terrestre, la magnetosfera.

El viento solar impacta con la magnetosfera terrestre que conduce las partículas cargadas de energía hacia los polos (Imagen: ytimg.com).

El viento solar empuja y deforma la magnetosfera y sus líneas de fuerza, de manera que en lugar de parecer las líneas de fuerza simétricas de un gigantesco imán colocado en el interior de la Tierra de norte a sur, estas líneas quedan achatadas frente al viento solar y son alargadas en la dirección contraria al Sol como si fuera la cola de un cometa. Las partículas cargadas quedan atrapadas en la magnetosfera y viajan a lo largo de las líneas de campo magnético acumulándose así en los dos polos magnéticos terrestres.

Aurora austral formando un anillo en torno a la Antártida (Foto: Nasa).

Allí, en torno a las zonas polares, estas partículas colisionan con los átomos y moléculas de la alta atmósfera de la Tierra que se encuentran en su nivel más bajo de energía. El aporte de energía proporcionado a estos átomos provoca estados de alta energía también llamados de excitación, y liberan entonces esa energía en forma de radiación electromagnética, manifestándose ante nuestros ojos como luz visible. Estas emisiones luminosas que llamamos auroras, se producen entre los 95 y los 500 km respecto a la superficie terrestre, en la Ionosfera, porque a esa altitud la atmósfera ya es suficientemente densa para que los choques con las partículas cargadas ocurran con suficiente frecuencia.

Los gases de la Ionosfera (a 100 km de altitud) excitados por la radiación solar, emiten energía luminosa produciendo las auroras (Foto: Nasa).

SUS FORMAS Y COLORES:

Las auroras tienen formas, estructuras y colores muy diversos que verían de manera continua. Pueden aparecer como un arco aislado muy alargado que se va extendiendo en el horizonte, o como ondas o rizos a lo largo del arco y también estructuras verticales a modo de cortinas alargadas y delgadas. Pueden aparecer bandas, espirales, y rayos de luz que tiemblan y se mueven rápidamente por la bóveda celeste. Su actividad puede durar desde unos pocos minutos hasta horas.

“Pero… ¿con qué velocidad se mueven?”

Para aquellos que nunca han visto una aurora es muy difícil imaginarse su apariencia exacta. Rara vez se ven vídeos a tiempo real porque las condiciones de luz de la noche son demasiado bajas para la mayoría de las cámaras. La mayor parte de las fotos que encontramos cuando buscamos este fenómeno son fotografías en exposición y la forma más común de captarlo en vídeo es realizando timelapses que nos muestran en pocos segundos lo que realmente ocurre en periodos de varias decenas de minutos. Es decir, la mayoría de los videos de auroras están hechos a cámara rápida.

¿Somos capaces de observar el movimiento y la variación de color e intensidad de las auroras a simple vista?

Sí. De hecho su velocidad puede ser muy variada y prácticamente imprevisible. En ocasiones veremos dibujado en el cielo este fenómeno de manera casi estática y continuada; de la misma manera un mismo destello puede cruzar el cielo en apenas un segundo e iluminar el ambiente.

“Y… ¿se ven tan bien como en las fotos?”

Depende. Cuando el fenómeno es tenue nuestros ojos dejan de apreciarlo mucho antes que una buena cámara. De hecho, cuando empieza a caer la noche y aun no se ven auroras, un buen truco para descubrir en qué parte del cielo va a ser posible verlas es hacer fotografías hacia distintas zonas de la bóveda. Si la aurora está comenzando a producirse, la cámara nos lo mostrará antes de que podamos verlo a simple vista.

Las noches en las que hay auroras fuertes podemos dejarnos impresionar sin envidiar nada al objetivo de nuestra cámara. Si tenemos suerte y algo de paciencia, seremos partícipes de un espectáculo absolutamente increíble.

¿Por qué tienen diferentes colores?

Sus colores dependen del átomo o molécula que las partículas del viento solar excitan, y del nivel de energía que alcancen éstos. Si la energía que llega afecta a niveles de la atmósfera con alto contenido en Oxígeno, dependiendo de la longitud de onda de la radiación que llegue, producirá auroras de color verde o rojo que son los más habituales. Si esa radiación que llega excita fundamentalmente a los átomos de Nitrógeno, producirá auroras de color azulado. Y si son las moléculas de Helio las más afectadas por esta radiación, producirá auroras de color púrpura o violeta, sobre todo en sus bordes.

Colores verdes y rojos del Oxígeno y púrpuras del Helio.

DÓNDE SE OBSERVAN:

A pesar de ser un fenómeno frecuente de latitudes muy altas, no es exclusivo de ellas. En ocasiones especiales puede resultar visible en latitudes medias como la nuestra, o incluso en el ecuador. La probabilidad de avistar una aurora polar depende de la latitud magnética, próxima pero no igual a la geográfica. A 67º de latitud magnética (cerca de los Círculos Polares) son un fenómeno habitual. Se pueden ver muchas noches desde finales de otoño hasta el comienzo de la primavera. A 57º la frecuencia de observarlas es de una o dos veces por mes; A 47º tan sólo se pueden ver en promedio una o dos por año. En nuestras latitudes, a unos 40º, las probabilidades de observarla son cada muchos años y muy cerca del horizonte. En el ecuador sólo se puede ver una aurora boreal aproximadamente cada dos siglos.

En latitudes bajas suelen estar cerca del horizonte y ser tenues; a veces pueden parecerse a los cirros ante el ojo humano.

Las auroras en latitudes bajas son raras, pero se han producido en numerosas ocasiones. Este pasado invierno pudieron verse desde el norte de Francia. El 20 de noviembre de 2003 se pudo observar también desde gran parte de Europa. En el año 2001 se observó una desde Niza. En España son muy raras pudiéndose observar unas pocas en todo un siglo, y existe documentación de observación en varias ocasiones, una de las últimas en el año 2000. En 1909 se llegó a observar desde Singapur y en septiembre de 1859 desde Hawai.

LA AURORA DE LA GUERRA CIVIL:

En un pueblo del norte de Palencia en donde trabajaba mi abuela de maestra, una noche se observó un resplandor rojizo en el horizonte que hizo salir a la gente a la calle asustada pensando que se incendiaba el monte. Tuvo que tranquilizarlos explicándoles que estaban viendo una aurora boreal. Aun mi madre recuerda esta historia, que ocurrió cuando tenía 8 años de edad. Fue el 25 de enero de 1938 en plena Guerra Civil y presentó su máximo entre las 20 h y las 3 h de la madrugada del día 26. En buena parte de España cundió el pánico pensando que el resplandor se debía a que las ciudades ardían en llamas debido a los bombardeos enemigos. Se extendió un sentimiento de misticismo y milagrería en torno a la idea de que era una señal divina debido a la barbarie de la guerra.

Una aurora roja en Figueres, 6 de abril del año 2000 (Foto: Tiempo.com).

La luz predominantemente era rojiza y fue tan intensa que llegó a ser visible incluso desde Andalucía. La Gran Aurora pudo verse en toda Europa y gran parte de Norteamérica, y llegó a observarse hasta en Las Bermudas y California. Se interrumpieron todas las comunicaciones transatlánticas de radio y en muchos lugares se pensó que la ciudad ardía en llamas. Muchos católicos vieron en ella el cumplimiento de una de las profecías de la Virgen de Fátima que anunciaba que el mundo estaba a punto de ser castigado con el hambre y la guerra. No le faltaba razón.

CLASIFICACIÓN Y PREDICCIONES:

Debemos tener en cuenta las bandas geográficas en las que es o no posible observar la aurora. Estas bandas se muestran en los mapas de previsión de observación. También existe una clasificación según la intensidad prevista y que es la que utilizan las organizaciones dedicadas a informar de la probabilidad de observación de auroras. La escala va del 0 al 9 y para que os hagáis una idea, nosotros pudimos observarlas en Noruega con una previsión de intensidad del 3 ó 4.

Instituto Geofísico de Alaska

Servicio Meteo de Islandia

Pronóstico de auroras europeo

Noaa

Tenéis mucha más información sobre Noruega y sus auroras en: Visit Norway

App: Norway lights

Aquí os dejamos unas fotos obtenidas por composición de imágenes en exposición de 30 segundos durante aproximadamente 1 hora de duración. Al rededor de la estrella polar giran las estelas de las estrellas (startrails). No son imágenes fieles a lo que ve el ojo humano pero nos pueden dar una idea de la actividad de las auroras durante este lapso de tiempo:

ESQUÍ EN ESCANDINAVIA:

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Excursiones, Meteorología

Lyngen: Trollvastinden, cara W

El Trollvastinden es uno de los picos más altos de esta parte norte de la cordillera de Lyngen, pero sobre todo es esbelta y afilada por todas sus vertientes. Canales y aristas rocosas confluyen en su cima provocando que su ascensión no sea fácil. En su vertiente Oeste, una empinada canal atraía todas nuestras miradas para el último día en Lyngen.

Ficha Técnica                                       Mapa de Situación                                              Vídeo

En nuestra visita a Lyngen, además de contemplar las auroras boreales, pudimos realizar algunas interesantes, aunque no completas, líneas.

Estas montañas están constituidas por dos macizos casi separados por un profundo fiordo, siendo el del norte más húmedo y el del sur más frío y continental. El macizo situado más al norte tiene picos que superan el kilómetro de desnivel, siendo el más alto el Store Lenangstinden con 1625 m, y aunque sus elevaciones no son exageradas, hay que contar con que partimos desde el mismísimo nivel del mar, a orillas de los fiordos.

El último día queríamos ascender al Trollvastinden, una preciosa pirámide de 1400 m de altitud y desnivel que se encuentra separada de la costa por varios kilómetros de llanura. Aunque el cielo estaba cubierto de nubes medias y altas que rozaban las cumbres, esperábamos que nos diera tiempo antes de que llegara la nevada prevista. Salimos foqueando desde la cabaña atravesando una sucesión de lagos helados y bosquetes de abedules raquíticos por un auténtico paisaje de tundra.

Después de 8 kilómetros de travesía llegamos al pie de la montaña y comenzamos a ascender por sus faldas mientras empezaban a caer los primeros copos. A mitad de subida ya no se veía nada y dominaba el “whiteout”, obligándonos a parar a la espera de visibilidad suficiente como para orientarnos hacia la canal correcta. Cuando asomaba algún contrafuerte rocoso conseguíamos avanzar algo, pero finalmente tuvimos que desistir, principalmente por la incertidumbre de poder encontrarnos en una zona expuesta a los aludes. En terreno desconocido preferimos actuar con un grado más de prudencia.

Comenzamos el descenso sin separarnos más de lo que nos permitía la mala visibilidad, apenas 20 metros, e intentando no desequilibrarnos en este relieve blanco invisible que teníamos bajo las tablas. Alcanzada la cresta noroeste la visibilidad mejoró y pudimos descender por uno de los tubos que llevan al bosque. Una corta canal de 40º de pendiente máxima con la complicación de encontrarse bastante escasa de nieve por el fuerte viento que azota este espolón.

En las laderas menos empinadas cercanas al bosque, la nieve era más abundante pero no mejor. Una costra que, hasta con estos esquís de 112 de patín, costaba manejar. Entre los abedules asomaban de vez en cuando algunas roquitas por donde pudimos entretenernos sacando algunas fotos saltando. Las rampas finales hasta el llano fueron las mejores, con más espesor y alguna zona no tan encostrada.

La travesía de 8 kilómetros final fue una apuesta para ver quién llegaba antes hasta la cabaña, si Álvaro con las pieles puestas o Alberto sin ellas. Igualada estuvo la cosa: lo que ganaba Alberto deslizando por los llanos, lo perdía patinándose hacia atrás en los repechos. Finalmente llegaron prácticamente a la vez.

En la cabaña nos esperaba una estufa a la que le metimos bien de leña para calentarnos. También disponíamos de una sauna común en la que armarte del valor suficiente como para darte una carrerita hasta el mar y presumir de darte un baño en el Océano Glaciar Ártico.

Volvimos con un montón de experiencias en la mochila, pero con el amargo sabor de dejar uno de los más bonitos rincones que hemos conocido. Con el rigor de los climas fríos y las comodidades de la civilización, con el blanco dominando el día y los colores de las luces del norte por la noche, y sobre todo, con infinitas posibilidades para el esquí de montaña. Nosotros ya estamos pensando en volver, y es que en este lejano lugar no nos hemos dejado de sentir como en casa.

El Trollvastinden iluminado por las auroras.

Guía práctica:
Avión: Norwegian Airlines. Madrid-Oslo y Oslo-Tromso
Alojamiento: Svensby Tursenter, 9064 Svensby, telf. +4477210850 post@svensbytursenter.no
Aludes: Varsom
Auroras: aurora-service ; gi.alaska/europe
Otra información: Visitnorway ; Muntania
Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Esquí de Montaña, Freeride

Lyngen: Storgalten, canal W

El Storgalten es otra de las montañas más accesibles de la costa occidental de Lyngen. Su ruta normal es de dificultad moderada pero expuesta a las avalanchas, pero su vertiente suroeste es mucho más interesante de descender: compleja, técnica y empinada. Al final no pudo ser, aunque la canal Oeste que bajamos nos dejó un buen sabor de boca.

Ficha Técnica                                        Mapa de Situación                                               Vídeo

En nuestra visita a Lyngen, además de contemplar las auroras boreales, pudimos realizar algunas interesantes líneas, aunque ésta no pudimos completarla.

El día amaneció con nubes de viento, inseguro, pero la ventisca del día anterior había cesado. Recorriendo la carretera hacia el norte, nos íbamos deteniendo para estudiar posibles rutas, o para observar el vuelo de los Pigargos, o para fotografiar este increíble paisaje. Otra de las montañas que pudimos estudiar desde la carretera de la costa oeste, es el Storgalten de 950 m de altitud. La ventisca del día anterior habría formado placas de viento con toda seguridad por lo que tuvimos que estudiar muy bien, tanto el itinerario de ascenso como el de descenso.

Su ruta normal asciende por su cara oeste remontando el espolón de la izquierda según subimos y sus dificultades mayores se encuentran en la zona alta, antes de llegar a la cresta que lleva a la cima. Es ahí en donde la pendiente se acentúa y la exposición a los aludes es más alta. El objetivo no era bajar por la ruta normal, si no acceder a la vertiente suroeste, con una zona superior compleja y otra más abierta en la parte baja. Habíamos puesto el ojo a una canal un poco laberíntica en la entrada que luego se empinaba hasta unos estrechamientos en los que no estaba claro el paso. Por debajo del estrechamiento ya no había tanta pendiente ni dificultad técnica, pero las palas amplias podrían ser peligrosas por el peligro de aludes.

Para asegurarnos, decidimos llevar material por si el estrechamiento no era practicable con esquís, y tomamos unas cuantas fotos para no equivocarnos en el trazado, ya que otras canales no tenían salida fácil. En estos lugares que no conocemos y en los que no controlamos sus condiciones y peculiaridades, procuramos ser algo más precavidos, así que decidimos ascender, no por la ruta normal que en su parte baja nos parecía menos segura, sino por un espolón paralelo a una de las canales de la zona baja, en donde la nieve soplada por el viento era escasa. El espolón tenía continuidad por la zona superior y se podría alcanzar la cima por una ruta menos nevada pero más segura frente al peligro de aludes.

La sensación de inestabilidad del manto aumentaba a medida que ganábamos altitud, así que, cuando llegamos a la mitad de la subida, el alto riesgo de aludes y las inseguras condiciones meteorológicas nos hicieron renunciar a ascender hasta la cumbre. Desde ese punto accedimos a una canal en la mitad inferior de la vertiente suroeste, bastante más fácil y segura, y es que “ante la duda,…”.

La canal tenía una pendiente máxima arriba en torno a los 40º y era amplia y sin dificultades técnicas: de esas de disfrutar. La parte inferior resguardada del viento por los bosquetes de abedules, acumulaba algo más de nieve polvo, aunque algo compacta y complicada de esquiar. Al final, por entre los abedules llegabas esquiando hasta la misma orilla del mar.

Esa noche, teniendo en cuenta los pronósticos de auroras y que el cielo fue abriendo, nos desplazamos hacia el lago Jaegervatnet por si teníamos suerte de nuevo. Nos calzamos las tablas y estuvimos un buen rato foqueando a la luz de la luna mientras iban apareciendo las otras luces que esperábamos, las luces del norte alumbrando las montañas al otro lado del lago: el Jaegervasstinden, el Stortinden y el Trollvastinden, este último, objetivo del día siguiente.

Guía práctica:
Avión: Norwegian Airlines. Madrid-Oslo y Oslo-Tromso
Alojamiento: Svensby Tursenter, 9064 Svensby, telf. +4477210850 post@svensbytursenter.no
Aludes: Varsom
Auroras: aurora-service ; gi.alaska/europe
Otra información: Visitnorway ; Muntania
Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Esquí de Montaña, Freeride

Lyngen: Rundfellnasen, cara NE

El Rundfellnasen es una montaña de tan sólo 607 m de altitud y su circo nordeste presenta unas canales empinadas muy interesantes. En un día de malas condiciones meteorológicas y fortísimo viento, este itinerario protegido por el relieve suponía una de las pocas opciones posibles si queríamos realizar alguna actividad interesante.

Ficha Técnica                                             Mapa de Situación                                                  Vídeo

En nuestra visita a Lyngen, además de contemplar las auroras boreales, pudimos realizar algunas interesantes líneas como ésta:

A 70º de latitud norte en invierno, es normal que algún día tuviéramos condiciones meteorológicas duras. Y así ocurrió en el Rundfellnasen: algo de frío pero sobre todo, un fortísimo viento que nos tiró al suelo, literalmente, en varias ocasiones. El circo nordeste era nuestro objetivo, con un par de canales empinadas pero no extremas. Se añadió al grupo nuestra amiga Mónica Tomás, una de las chicas con mayor proyección en la disciplina de freeride en la península. La compañía de nuestra pirenaica amiga fue un puntazo y desde estas líneas le agradecemos habernos acompañado.

Bajo un cielo amenazante y un fortísimo viento del suroeste, intentamos aprovechar el día al abrigo de la vertiente este del Rundfellnasen. Mientras aparcábamos cerca del puente de Lenangen para empezar la ruta, pudimos contemplar un gran Pigargo peleando contra el viento a ras de mar, advirtiéndonos de la pelea que nos esperaba a nosotros también. Forrados de ropa y sin dejar un solo centímetro de piel expuesta al frío viento, comenzamos esta jornada de pelea contra los elementos. Nos gusta progresar en estas condiciones duras, bien protegidos, e inmersos cada uno en sus pensamientos. Con una cancioncilla en la mente que vas tarareando repetitivamente hasta el hartazgo.

La ascensión es sencilla: primero por una protegida zona de bosques de abedules para, poco a poco ir ganando altitud hasta la loma suave que remonta hasta la misma cima del pico. Al salir de la zona de bosque la cosa se complica debido a que el viento ha barrido la nieve reciente y avanzamos por una superficie dura en la que las pieles no siempre agarran. Con estas condiciones y las rachas de viento cada vez más intensas, a menudo tenemos que parar y agacharnos para no salir volando, algo que no siempre conseguimos.

Cuando vamos llegando a la zona alta, ya cerca de la cima, al frío y el viento se le une la mala visibilidad por las nubes y la ventisca. La nieve levantada nos dificulta ver más allá de nuestras espátulas y en estas condiciones, quitar pieles en la cima va a ser más que complicado. Así, decidimos quedarnos a unos 50 metros bajo ella y damos por terminada la pelea de subida. Para prepararnos para la bajada, nos protegemos unos a otros tirados en el suelo y fijando cada objeto que soltamos, incluidos los esquís: nos tenemos que sentar encima de ellos mientras bloqueamos botas, para que no salgan volando hasta el mar.

Descartamos descender ninguna canal por diversos motivos: el viento que nos podía desequilibrar; la visibilidad que impedía encontrar la entrada; y las condiciones perfectas para la existencia de placas de viento a sotavento. Decidimos bajar por donde habíamos subido si es que conseguíamos orientarnos en esta guerra contra los elementos. El descenso fue otra lucha hasta llegar a la zona baja de bosque, giro a giro, sin poder hacer nada más que absorber las irregularidades de la nieve tapadas por la ventisca. Ya en el bosque conseguimos enlazar unos cuantos giros seguidos entre los arbolillos, aunque nos comimos alguna que otra rama.

Parece que Noruega nos quería mostrar todas sus caras durante el viaje. A pesar de que en este lugar del mundo es probable que la meteorología sea desfavorable durante largos periodos de tiempo, las posibilidades para poder disfrutar del esquí son tan amplias que siempre podemos encontrar un plan acorde a nuestras preferencias, pudiéndonos adaptar a las malas condiciones nivometeorológicas, si las hay.

Este día sí que disfrutamos al llegar a la cabaña, encender la estufa con la leña de que disponen y tomarnos un cafetito caliente. En toda la península de Lyngen se pueden encontrar alojamientos de este tipo repartidos por la carretera costera: cabañas de madera muy bien aisladas y calientes, con todas las comodidades, incluida una sauna común. La nuestra estaba dentro de un complejo de varias cabañas a 25 km del supermercado más cercano en Lingseidet, lo que lejos de ser una desventaja, suponía que estabas en medio de la naturaleza, con el mar a un lado y la montaña al otro.

Con sol y nieve polvo o, como en este día con frío y ventisca, este lugar es espectacular. Y si despeja por la noche y aparecen las auroras, el “paraíso”.

Guía práctica:
Avión: Norwegian Airlines. Madrid-Oslo y Oslo-Tromso
Alojamiento: Svensby Tursenter, 9064 Svensby, telf. +4477210850 post@svensbytursenter.no
Aludes: Varsom
Auroras: aurora-service ; gi.alaska/europe
Otra información: Visitnorway ; Muntania
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Teaser de Lyngen, Noruega

Teaser de la película que estamos acabando sobre nuestra visita a Lyngen en Noruega, en donde pudimos disfrutar de las auroras, la nieve polvo y la naturaleza. Para nosotros ha sido uno de los mejores lugares en donde hacer esquí de montaña de todos los que hemos visitado. ESPECTACULAR

ESQUÍ EN ESCANDINAVIA:

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Lyngen: Stetinden, canal SW

El Stetinden es una de las travesías más accesibles de la zona norte de Lyngen. Con una ruta normal interesante por el paisaje y la dificultad. Pero era su flanco suroeste, con una pendiente considerable, el que atrajo nuestra atención. Una amplia ladera en la que se alternan “spines”, canales y espolones rocosos a la que no pudimos resistirnos.

Ficha Técnica                                       Mapa de Situación                                             Vídeo

En nuestra visita a Lyngen, además de contemplar las auroras boreales, pudimos realizar las siguientes actividades: Russelvfjellet (canal SW); Goalborri (cara E); Rundfellnasen (cara NE); Storgalten (canal W); Trollvastinden (cara W); y la canal Suroeste del Pico Stetinden de 920 m de altitud:

Nuevamente en la costa occidental de la península, y otra vez con buen tiempo. Desde la carretera de la costa oeste se pueden estudiar muy bien las líneas de las laderas que vierten al mar. Pusimos la vista en la vertiente suroeste del Stetinden y elegimos esta opción porque esta montaña ofrece alternativas más fáciles si la meteo se complica. Además, las canalonas que surcan esta vertiente son empinadas, con tramos de dificultad pero no extremos, y con aristas a modo de “spines” que posiblemente se pudieran descender con los esquís.

La ruta normal se dirige desde el oeste hacia la montaña, entrando hasta un precioso circo rodeado por cimas de unos 1000 m de altitud. En el circo cambiamos de dirección hacia el sur para alcanzar el borde meridional del mismo y remontar la parte final del Stetinden por una amplia pala convexa y expuesta al viento. La pendiente se va acentuando hasta unos 35º en su parte final. Desde la cima vemos la cara nordeste del pico, con unos inmensos palones que llegan al fondo del valle y que se pierden en la inmensidad de estos valles. En esta ocasión no nos parecieron una opción segura, dada la posible existencia de placas en esas orientaciones.

Desde la cima de 920 m de altitud sale una cresta hacia el sureste que nos lleva a la vertiente que habíamos elegido. Esta vertiente suroeste forma un flanco lleno de canales separados por “spines” con canales entre ellos y algún espolón de roca. Conviene decir que este tipo de líneas es imprescindible resolverlas haciendo un estudio previo muy preciso, tanto de las condiciones de la nieve como del terreno. La perspectiva que se toma desde la cima es muy distinta a la observada desde abajo y tenemos que tomar referencias con espolones, rocas, palas, aristas, etc. Improvisar en este terreno puede salir muy caro, así que es más que recomendable memorizar la bajada y tomar fotos desde distintos ángulos.

Por desgracia, los vientos cálidos de poniente y el sol habían transformado rápidamente la nieve de esta ladera, por lo que el descenso de la canal elegida tuvimos que hacerlo extremando las medidas de precaución: de uno en uno, de punto seguro a punto seguro, muy rápido y suave. La canal resultó preciosa, de unos 45º mantenidos, con una nieve polvo húmeda muy parecida a la de nuestras montañas y a la que estamos muy acostumbrados a gestionar.

En la zona inferior de las canales pudimos serpentear en el filo de uno de los “spines” que conducían al estrechamiento final y las palas de salida hasta el bosque. En esta zona, pudimos disfrutar de un espesor mayor de nieve, pero más pesada y pegajosa por lo que nos ceñimos al lateral menos insolado que la mantenía más suelta. Así pudimos pegarnos unos buenos rectos en la zona que llevaba al bosque.

Sin duda, fue una de las bajadas más bonitas e interesantes del viaje. Quedó pendiente probar la cara nordeste, un circo escarpado que reserva mucho mejor la nieve polvo y que está bastante protegido del mal tiempo. Pero eso queda para otro viaje.

Y para terminar, esta imagen en exposición de las auroras y los starstrail en el Lago Jaegervatnet.


Guía práctica:
Avión: Norwegian Airlines. Madrid-Oslo y Oslo-Tromso
Alojamiento: Svensby Tursenter, 9064 Svensby, telf. +4477210850 post@svensbytursenter.no
Aludes: Varsom
Auroras: aurora-service ; gi.alaska/europe
Otra información: Visitnorway ; Muntania
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Lyngen: Goalborri, cara este

Koppangen es un pequeño pueblo de pescadores al final de la carretera que va por la costa este de la península de Lyngen. Un lugar con mucho encanto y que es el punto de partida para unas cuantas ascensiones en esta vertiente de la cordillera, más fría y aislada que el resto. Nosotros encontramos más nieve pero también mayor peligro de aludes.

Ficha Técnica                                       Mapa de Situación                                             Vídeo

En nuestra visita a Lyngen, además de contemplar las auroras boreales, pudimos realizar las siguientes actividades: Russelvfjellet (canal SW); Stetinden (canal SW); Rundfellnasen (cara NE); Storgalten (canal W); Trollvastinden (cara W); y la cara Este del Pico Goalborri de 950 m de altitud:

Los Alpes de Lyngen son una agreste cordillera orientada de sur a norte que recoge la precipitación procedente de los fríos y húmedos vientos del Océano Glaciar Ártico. El hecho de estar orientada así, provoca que las condiciones en la costa oeste sean muy diferentes a la de la costa este. La primera recibe las masas de aire más húmedas pero también menos frías, por lo que la nieve suele estar en peor estado. La costa este, sin embargo, se encuentra protegida por las montañas de esas situaciones de temperaturas suaves y la nieve suele ser más abundante y fría.

Para acceder a Koppangen hay que dirigirse a Lyngseidet, capital de la región, y tomar la carretera que va hacia el norte hasta el final. Nos sorprendió ver mucha más cantidad de nieve por aquí, probablemente debido a que las temperaturas más frías conservan mejor lo caído. También el paisaje cambia algo al alternarse los bosques de abedul con los de píceas, dando al paisaje esas pinceladas verdes de sus hojas. Las lomas suaves se topan repentinamente con las paredes que caen a pico de las montañas más altas de este macizo, y allí la carretera termina.

En la ensenada justo antes de las paredes se encuentra Koppangen, un pequeño pueblo de pescadores en donde podemos ver los secaderos de arenques y bacalao en su puerto. Por el valle que se adentra entre el Golabarri y el Koppangfjellet, se accede a una de las zonas glaciares más grandes de esta parte de la cordillera. En esta ocasión, la encajonada ruta de acceso nos pareció demasiado peligrosa por los aludes.

El cielo cubierto y la cantidad de nieve polvo hacían presagiar que sería difícil alcanzar alguna de las cimas que rodean el pueblo. Empezamos a foquear desde el puerto con un espesor de más de un palmo de nieve polvo, algo compactada por el viento. Estas condiciones nos hacían pensar que debían existir placas de viento en muchas laderas por lo que elegimos una ruta a través del bosque que llegaba hasta el pie de una cresta. Esa cresta conducía hasta el Goalborri de 950 m de altitud y tenía unas palas no muy inclinadas en las que la nieve podría estar en buenas condiciones.

Al salir del bosque, el espesor de la nieve reciente ya era mayor de medio metro y ascender se iba haciendo cada vez más penoso. Al llegar al pie de la cresta, nos encontramos en medio de una gran placa de viento que se extendía por toda la ladera que pretendíamos esquiar. Rodeándola todo lo que pudimos llegamos hasta la cresta pero tuvimos que renunciar a esa bajada. Lo más sensato era descender por las mismas huellas de ascenso y tomando todas las medidas de precaución, incluyendo dejar muy a mano el asa del ABS.

La primera parte de nieve polvo compactada por el viento la descendimos con suavidad, hasta donde comenzaban las palas que llevaban al bosque. A partir de ahí, con una nieve que nos ofrecía más confianza, pudimos pegar unos cuanto sbuenos giros en la nieve polvo.

Al final, la bajada no fue lo que esperábamos, con las palas de nieve polvo más interesantes bastante compactadas por el viento y muy enganchonas. Pero la zona de bosque, con la nieve más suelta, fue una gozada. No nos arrepentimos de renunciar teniendo en cuenta las condiciones de inestabilidad y que los servicios de rescate por aquí pueden tardar unas cuantas horas en llegar. Siempre es preferible un punto de precaución mayor en estas condiciones inciertas. Aún quedaban muchas jornadas de esquí…

Y para rematar el día pudimos observar algunas auroras entre las nubes, ya desde nuestra cabaña.

Guía práctica:
Avión: Norwegian Airlines. Madrid-Oslo y Oslo-Tromso
Alojamiento: Svensby Tursenter, 9064 Svensby, telf. +4477210850 post@svensbytursenter.no
Aludes: Varsom
Auroras: aurora-service ; gi.alaska/europe
Otra información: Visitnorway ; Muntania
Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: Esquí de Montaña, Freeride