Ascensión al Chimborazo

El Chimborazo con sus 6310 m es el volcán más alto de Ecuador, pero además, su cima es el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la tierra. Todo esto, y sobre todo, su perfecta forma cónica que se eleva por encima de la avenida de los volcanes, hacen que su ascensión sea realmente atractiva.

                    Ficha Técnica                                                  Mapa de Situación

                   

Después del intento de ascensión al Cotopaxi, pasamos unos días de descanso en Baños, al pie del Tungurahua. No pudimos ver la cima humeante de este volcán por las continuas lluvias, y nos tuvimos que conformar únicamente con escuchar sus explosiones. Pero el tiempo apremiaba si queríamos ir al Chimborazo.

Chimborazo 6310 m.

La inmensa mole del Chimborazo se eleva majestuosa por encima de la “avenida de los volcanes” , de hecho, su cima se consideró durante un tiempo la más alta de la Tierra. Eduard Whimper fue el primero en escalarla, siendo así el primero en pisar el punto más alejado del centro del planeta. La cima del Chimborazo ostenta este record por encima de cualquier otra montaña, incluso de los himalayas, debido al achatamiento de la tierra en los Polos. Este abombamiento hacen que la cima del Chimborazo, que está muy cerca de la línea del ecuador terrestre, sea el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la tierra.

Vertiente oeste con la punta Veintimilla a la izq. y la Whimper a la dcha.

Tras una traqueteante furgoneta que nos acercó lo más posible hasta el refugio Whimper, me encontré con mi amigo Ricardo Quimbayo en esta cabaña a 5100 m. Éramos los únicos alpinistas en la montaña por lo que nos despertamos tranquilamente a las 12 de la noche y con la luz de los frontales afrontamos la primera parte de la ascensión: una empinada pedrera hasta los primeros neveros y la entrada al glaciar.

Con Ricardo camino del refugio.

Aspecto de la vertiente por donde discurre la ruta normal.

El calentamiento global está afectando de manera muy significativa a las nieves de estas montañas cercanas al ecuador, y el derretimiento de sus glaciares hacen peligrosa si ascensión. Los derrumbes son frecuentes por lo que es más seguro transitar de noche por las zonas expuestas. Aún así, resultaba inquietante escuchar el desprendimiento del hielo y los seracs en plena noche cerrada mientras realizábamos la travesía bajo los gendarmes que llevan al collado.

Refugio Whimper.

Últimas luces en los glaciares del Chimborazo.

Después de esta zona expuesta alcanzamos el collado y desde allí, una interminable pendiente de poca inclinación nos llevó hasta la punta Veintimilla de 6270 m. Las cenizas de su vecino Tungurahua habían llegado hasta estas nieves cimeras, haciendo que debido a su acumulación y fusión desigual, se formaran unos gigantescos penitentes de hielo que impidieron realizar la travesía hasta la punta Whimper, de 6310 m.

Fría espera hasta el amanecer.

Punta Whimper desde la Veintimilla.

Los primeros rayos en la cima.

Esperamos en la cima hasta que amaneció y pudimos sacar alguna foto, aguantando el frío como pudimos. Con las primeras luces iniciamos el descenso mientras la sombra de la montaña iba encogiéndose desde el horizonte, proyectada hacia el océano Pacífico. A las 09 de la mañana ya estábamos de vuelta en el refugio, lo que supuso una ascensión verdaderamente rápida, gracias al empuje de Ricardo.

La sombra del volcán.

Descenso por la ruta normal.

Protegiéndonos del frío viento que nos acompañó toda la subida desde el collado.

Después fuimos a Coca y tras cinco horas de navegación en canoa por el río Napo, nos adentramos en la cuenca del Amazonas hasta Yuturi. Esta reserva, cerca ya de la frontera con Perú y en plena selva inundada de la cuenca del Amazonas, está gestionada por Quichuas, pobladores nativos de esta región. En esta zona, la selva está preservada de manera ejemplar y podemos disfrutar de su impresionante riqueza de flora y fauna.

Río Yuturi, afluente del Napo y del Amazonas.

Hoatzin, rara ave con garras en las alas y cabeza con escamas azules.

Loro del amazonas.

Medardo, el guía local, nos llevó a ver árboles gigantescos con cinco siglos de vida, nos enseñó como pescar pirañas, o a distinguir entre las venenosas hormigas yuturi y las comestibles hormigas de limón, o a jugar a Tarzán con las lianas. Pero lo que más nos impactó a todos fueron los sonidos de los animales durante las noches, separados de la selva sólo por una red mosquitera. Algo inolvidable.

Piraña del Amazonas.

Enorme Ceiba de varios siglos de edad.

Mochila que nos enseñó a hacer nuestro guía.

Jugando a tarzanes.

Después de estos intensos días, nos tomamos un descanso en las playas del parque nacional de Machalilla, en la costa del Pacífico. Además de sus bosques y playas visitamos la Isla de la Plata (las “galápagos de los pobres”), que son unos pequeños islotes cerca de la costa, mucho más asequibles a pequeños bolsillos que las Islas Galápagos auténticas.

Costa del Pacífico en el Parque Nacional de Machalilla.

Cola de ballena Yubarta.

Confiados Piqueros de patas azules.

Estas islas son importantes por sus colonias de piqueros de patas azules, fragatas magníficas y albatros viajeros. Pero además, a sus aguas vienen las ballenas yubarta a aparearse y con un poco de suerte puedes ver la demostración de su poderío cuando dan esos enormes saltos sacando tu su cuerpo fuera del agua. Impresionante.

Cómico baile nupcial de los patas azules

Piqueros blancos.

Albatros viajero.

Ecuador es un pequeño país pero que lo tiene todo: montañas, volcanes, selvas, playas. Si alguna vez tenéis la oportunidad de ir, no la desaprovechéis, pues no os defraudará.

Untados con jugo de baya para protegernos de las picaduras de insectos.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: Alpinismo, Excursiones

Ascensión al Cotopaxi

El volcán Cotopaxi es uno de los volcanes activos más altos de Ecuador, 5897 m. Su humeante cráter se encuentra rodeado por un “donuts” de hielo, que hacen de su cima una de las más sorprendentes.

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En Ecuador se encuentra la avenida de los volcanes. En plena cordillera de los Andes, dos hileras de grandes volcanes jalonan los altos valles en donde se encuentran poblaciones como Quito a 2850 m, capital de ese país. En torno a esta avenida  se elevan hasta 10 volcanes de más de 5000 m: Chimborazo 6310 m; Cotopaxi 5897 m; Cayambe 5790 m; Antisana 5704 m; El Altar 5720 m; Iliniza Sur 5263m; Sangay 5230m; Iliniza Norte 5126m; Carihuairazo 5020m; Tungurahua 5016m.

 

 Cráter del Cotopaxi.

Quito se encuentra bajo el volcán Pichincha de 4770 m y su actividad ha regado de cenizas esta ciudad en varias ocasiones. Su altitud resulta una buena forma de empezar a aclimatarnos y contamos con muchas excursiones por los alrededores para ir ascendiendo progresivamente. Nosotros visitamos Papallacta a 3.500 m, por donde Francisco de Orellana atravesó los Andes camino del Amazonas.  Sus bosques de selva húmeda son el lugar perfecto para la observación de aves.

En el bosque húmedo de montaña.

 

Colibrí zamarrito.

Otra Reserva Natural interesante es Pasochoa en donde el bosque ha sido muy bien conservado. Un recorrido de una jornada que puede llevarnos hasta la cima del volcán del mismo nombre, a una altitud de 4.100 m. Podemos también ascender por las faldas del Guagua Pichincha, junto a Quito, y seguir con nuestro proceso de aclimatación.

Hacia el Pasochoa

 

Al fondo la cima volcánica del Pasochoa.

Después nos dirigimos hacia el Iliniza Norte de 5.126 m, que resulta un escalón importante para acometer la ascensión a alguno de los gigantes cercanos. Su ascensión no es técnica, pero debemos estar atentos a las condiciones de la nieve que nos podemos encontrar en el tramo final. El camino de acceso al “parqueadero” se había derrumbado la noche anterior, por lo que iniciamos el ascenso ya con muy mal tiempo Al cabo de tres horas subiendo, la lluvia y el viento dieron paso al granizo y a la nieve, y nos vimos obligados a dar la vuelta empapados y frustrados.

Los Ilinitza Sur (a la izquierda) y norte.

 

La lluvia y el viento nos acompañaron durante todo el recorrido.

El tiempo apremiaba y decidimos acometer la ascensión al Cotopaxi. Ascendimos por sus laderas hasta el refugio José Rivas a 4.800 m donde pasamos la noche. Al día siguiente Alberto y yo salimos del refugio a las 12 de la noche y pronto alcanzamos el glaciar donde nos encordamos y calzamos los crampones. Éste  se encontraba muy agrietado debido al aumento de actividad y calentamiento que sufre recientemente el volcán.

Aproximándonos al Cotopaxi.

El perfecto cono del Cotopaxi.

 

En las primeras rampas del glaciar.

Envueltos por la noche, fuimos sorteando y saltando las grandes grietas mientras el frío se hacía más intenso, y el cansancio y la altura se dejaban sentir. A medida que subíamos, el olor a azufre de las numerosas fumarolas de la cima nos inquietaba, pero el buen ritmo que llevábamos nos animaba a seguir. Ya se veían las rampas finales y los jirones gaseosos del interior del cráter, formado por un embudo rodeado de dos anillos glaciares.

Deseando ya que amanezca.

Camino de las rocas Yanasacha.

El mar de nubes colándose por el valle.

En Yanasacha, una pared rocosa a 5500 m bajo el perfecto cono de la cima, decidimos dar la vuelta ya que Alberto no se encontraba bien. Comenzamos el descenso mientras amanecía y según entraba en calor, recuperaba las fuerza y miraba la cima sintiendo que la había tenido al alcance de la mano. Las luces y colores del amanecer nos devolvieron la energía suficiente como para apreciar el poder estar en estos glaciares, justo encima de la línea del Ecuador.

Destrepando los resaltes de entrada al glaciar.

Bajando hacia el refugio.

Para descansar, nos acercamos hasta las inmediaciones del Tungurahua que se encontraba plena actividad, con explosiones y emanaciones de cenizas y gases. Aunque no pudimos verlas por las lluvias continuas, si pudimos oírlas claramente. Allí puedes alquilar bicis y recorrer parte del camino que desciende desde la cordillera hasta la selva, ya en la cuenca del Amazonas.

Camino de Baños a Puyo.

 

Cascadas del velo de la novia.

Camino hacia Puyo en la cuenca del Amazonas.

Y tras este descanso, nos fuimos hacia la cima del Chimborazo, el punto más alejado del centro de la tierra.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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