Descenso de la cara Norte del Pico Lenin

Altitud 7134 m, desnivel 3000 m, inclinación media 40º y 50º de máxima… La imagen de la inmensa cara norte del Pico Lenin, blanca de nieve y azul de hielo, nos cautivó desde la primera vez que la vimos en foto. ¡Teníamos que esquiarla!

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación                                        Vídeo

¿Realmente será posible esquiar la cara norte después de tantas nevadas? ¿Será suficiente la aclimatación que tengo? ¿Seré capaz de ascender en solitario hasta la cima? Cuántas dudas te asaltan durante los atardeceres en la montaña.

Camino del Campo 3 con vistas hacia el campo base.

Cerca ya del C3, puedo ver el C2 bajo el espolón rocoso.

Me comunican que Mariano ha intentado subir pero ha tenido que darse la vuelta otra vez, malo del estómago. Me aburro de estar sólo y parado, así que subo al campo 3 por la ruta conocida, pero hoy se me hace más pesado. Llego a él con un vendaval, mucho frío y algo de nubosidad. Estudio la ruta de subida a la cima y descubro que no es lo esquiable que a priori pudiera parecer.

Preparando las tiendas con mis tres vecinos del C3.

Atardecer en el Campo 3 a unos 6200 m.

Me despierto: pocas nubes, mucho frío y muchísimo viento. ¿Qué hago? Aquí sólo me voy a aburrir como una mona, así que me subo. Me forro con toda la ropa que tengo y no asoma ni la punta de la nariz. Empiezo a foquear y aquellas pendientes que veía esquiables están formadas por grandes “sastruguis” difíciles de pasar con las tablas. Dos de mis vecinos se animan a seguirme.

Frío y ventoso amanecer en el campo 3.

El viento y después la niebla hacen penosa la subida.

Paciencia: quita esquís, pon esquís, quita esquís,… ¡Joder, qué largo y pesado es ésto! Mis vecinos se han dado la vuelta. Empiezo a acusar la altitud: cincuenta pasos y descansito. El viento sigue con fuerza, pero lo peor son las nubes en las que ya me veo envuelto. Asciendo lo que supongo será el último repecho empinado antes de la cumbre.

Vista desde el Razdelnaya de la arista que me espera.

De los tres que salieron del C3, ya sólo veo a uno.

Por el aspecto llano y la sucesión de dunas que atisbo entre la niebla, la cima está muy cerca, pero ¿dónde? Empiezo a tener síntomas de ceguera de montaña y no puedo perder más tiempo si quiero tener alguna opción de acceder a las canales que te introducen en la cara norte. Así que decido no seguir buscando más la cima y dirigirme a ellas con los esquís.

El fuerte viento descarna la arista oeste y hace dificil foquear.

Hacia el oeste aparecen las primeras nubes en las cimas.

Realmente no sé por dónde estoy entrando, y si hay algo que me corta el paso. La pendiente se va acentuando y sólo espero no tener que volver a subir lo descendido. Debo pasar por encima de unos domos de nieve dura de unos 45º ó 50º. Me lanzo, y cuando llego a una canal entre ellos se me empotran los esquís en  nieve blanda y caigo.

Parece que la cima está allí, al fondo.

Cerca de la entrada a las canales de acceso a la cara norte.

Como a cámara lenta siento cómo fuerzo los muelles de las fijaciones y una me salta. Me desequilibro y caigo. Despacio al principio pero ganando velocidad súbitamente. No veo nada y no puedo respirar por la nieve que he tragado. Doy vueltas, no sé cuántas. Lucho por incorporarme sobre el único esquí puesto, y lo consigo. Me deslizo sobre él y me detengo.

Con cara de susto entre la niebla y la nieve.

Cuando levanta la niebla consigo hacer algunas fotos de la pared.

No sé dónde estoy con precisión ya que ahora hay peor visibilidad, además de condiciones de nieve para que haya avalanchas, y mi moral por los suelos. Debo seguir bajando y lo hago como si huyera. Enlazo virajes hasta que veo el espolón que baja de la cima y desde allí continúo hasta las rastros de las avalanchas de hace unos días que descienden directamente hasta la base de la pared.

Hay que seguir bajando, aunque no sé bien por donde debo hacerlo.

Cuatro giros y parada. ¡¡Estoy reventado!!

No distingo entre nieve y niebla, entre movimiento y parada. En algunas ocasiones voy tanteando la nieve por delante de mí en busca de grietas ocultas. Y así sigo bajando y bajando, aunque ahora se ha puesto a nevar y la temperatura ha subido estropeando la nieve. Esto es inmenso y no sé por dónde debo seguir para encontrar la huella que me lleve al buen camino entre la peligrosa zona de grietas de la base de la pared.

Casi ni se distinguen los relieves.

Estoy al límite cuando llego a la ruta normal.

¡Veo dos puntos negros que se mueven! Sí, son dos personas en la ruta normal. Les alcanzo antes de que desaparezcan en la niebla. Lo he conseguido. Exhausto llego al campo 1 y al día siguiente al base en donde recibo el abrazo de Mariano y las felicitaciones de mi familia desde el otro lado del teléfono. Son a ellos, familia y amigos a los que agradezco infinito su compañía.

Apenas sin fuerzas llego a la ruta normal, todavía con las señales en la cara de todo lo ocurrido.

Le dedico este descenso a Mariano, ya que sin su compañía nunca hubiera podido realizarlo.

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Pico Razdelnaya: descenso con esquís

El Razdelnaya de 6300 m es uno de los satélites del pico Lenin, en la cordillera del Pamir. Su esquiada hasta el campo 2 de la ruta normal a ese “sietemil” no sólo supuso una buena aclimatación, si no que fue en sí misma, una actividad de lo más exigente.

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación                                       Vídeo

El pico Lenin se encuentra situado en la cordillera del Pamir, en Asia Central, y uno de sus satélites, el Razdelnaya, sirve como aclimatación para poder atacar ese gigante de 7134 m. Esta montaña hace frontera entre Kirguizstán y Tadjikistán, en donde conviven en perfecta armonía musulmanes, ortodoxos, budistas y demás, en un auténtico ejemplo de tolerancia. Mi amigo Mariano Frutos y yo volamos en julio hasta Osh, desde donde una traqueteante furgoneta nos llevó al Campo Base.

 

Ciudad de Osh, rodeada de desierto y montañas.

Mercado de Osh en donde comprar la comida para la expedición.

Paisaje camino del Pamir.

El Campo Base se sitúa a 3600 m en una zona de prados muy agradable y cómoda, justo antes de que la ruta hacia el Pico Lenin se adentre en los hielos de los glaciares de esta impresionante cordillera. Aquí podemos entablar relación con las gentes del lugar que en verano abastecen los campamentos de los alpinistas y que son de lo más hospitalario.

La infraestructura nos la proporcionó la agencia Kirguiz Ak-Sai travel

Yurta de una de las familias nómadas de la zona.

Interior sencillo y confortable de una yurta.

Calor, sol, tormentas, lluvia, granizo y nieve. Ese es el tiempo del que disfrutamos mientras aclimatamos en los picos cercanos. Y aunque el tiempo no es el mejor, nos trasladamos al Campo 1 a 4200 m, como no, bajo una intensa nevada. El mal tiempo hace que nos refugiemos en este campo hasta que las condiciones mejoren, ya que los riesgos en la ruta de subida son evidentes. Estamos a mediados de julio, sólo dos personas han logrado la cima y ya ha habido una víctima mortal.

Empezando la aclimatación.

Aproximándonos al glaciar que viene del Lenin.

Las nevadas son habituales hasta en las proximidades del campo base.

No podemos perder más jornadas y después de una semana de mal tiempo, y tras esperar a que la nieve nueva se asiente, decidimos desempaquetar los esquís y firmar una atractiva pared de un pico cercano. Tenemos ganas de calzarnos ya los esquís después de tantos días refugiados en las tiendas. Pero como habíamos presumido, las avalanchas un día de Sol como hoy van a prodigarse, y esa pala tan bonita que pensábamos descender, se ha venido abajo entera.

Campo 1 a unos 4100 m al pie de la cara norte del Lenin.

El riesgo de aludes era grande tras los días de nevada.

Toma de contacto con las nieves del Pamir en las cercanías del C1.

Durante la noche hemos vuelto a oír cómo nevaba fuera, pero de madrugada nos ponemos los esquís bajo un cielo estrellado. Encendemos los frontales y avanzamos deprisa para superar la zona más técnica y agrietada del glaciar. Es un pequeño caos de seracs y grietas que más vale pasar deprisa y que supone la parte más complicada de la ruta. A partir de aquí aceleramos el ritmo, ya que hasta el campo 2 nos espera una larga y expuesta travesía ascendente, por donde las avalanchas a menudo barren la huella provenientes de la cara norte del Lenin.

De madrugada camino del campo 2.

Llegando a la zona de seracs que caen de la cara norte.

Laberinto de grietas para acceder a la cara norte.

Una vez instalado el Campo 2, derretimos nieve y contemplamos un plácido atardecer. Todo parece perfecto, pero no. Miro a Mariano y veo que tiene mala cara, y por lo que dice, peor estómago. No pega ojo en toda la noche, y a la mañana siguiente decide bajarse al campo base para recuperarse. Son momentos de incertidumbre en los que no sabes si descender con tu colega o ir preparando el terreno mientras se recupera más abajo. Me quedo con la esperanza de que, mientras monto el campo 3, mejore y vuelva aquí.

Plató bajo la cara norte del Lenin con el Razdelnaya al fondo.

Aglomeración en el Campo 2.

Mariano tiene que bajar para recuperarse.

El Razdelnaya es un pico de 6300 m que se encuentra sobre el emplazamiento del campo 3, muy cerca de éste. Decido emplear el día en ascender a él y enfilo las larguísimas pendientes que poco a poco se van empinando cada vez más. Comienzo con los esquís puestos pero en la parte alta la inclinación de unos 40º, hacen que sea más prudente echarlos a la espalda. En tan sólo 3 horas llego a la cima, quito pieles, bloqueo fijaciones, aprieto ganchos y cojo bastones: unas pocas fotos, alguna secuencia de vídeo y me bajo.

Seracs cerca del campo 2 que luego saltaría en el descenso.

Camino del Razdelnaya con el Campo 2 y medio a 5500 m.

En el Razdelnaya preparándome para bajar esquiando.

Los primeros giros son cautelosos, pero cuando llego a la zona empinada me acelero. Esta nieve costra y ligeramente compacta, rompe bien  yendo rápido y con viraje amplio. Voy cogiendo confianza a medida que desciendo y aunque la fatiga hace que tenga que parar de vez en cuando, estoy disfrutando como pocas veces. Incluso me permito el lujo de un pequeño salto en unos seracs cerca ya del campo 2.

Preparado para el descenso con el Lenin al fondo.

Huellas de mis esquís en las laderas del Razdelnaya.

Estoy pletórico y pienso que el Lenin es pan comido. ¡Qué equivocado estaba!

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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Ascensión al Tryo Glavaya

El Campo Base del glaciar Inylchek Sur se encuentra en una de sus morrenas laterales, justo en la falda del Tryo-Glavaya de 5504 m. Después del treking para llegar hasta aquí, había que intentar ascender a su cima norte.

                       Ficha Técnica                                                                   Mapa de Situación

                          

Una vez que decidimos separarnos para intentar las dos cimas que nos parecían asequibles desde este Campo Base, el Pesni-Abay y el Tryo-Glavaya, y con la escasa información que habíamos recopilado, Álvaro, Alberto y yo preparamos el material. Esa tarde decidimos reconocer al camino por el glaciar hasta el comienzo de la ascensión, e incluso remontamos los primeros metros para precisar la dificultad de la ruta. Esta cara noroeste es glaciar en su totalidad y aunque sus rampas no parecían superar los 50º nos inquietaba el no tener claro lo que nos íbamos a encontrar.

El Tryo Glavaya Norte.

Ya de madrugada remontamos algo el glaciar y enfrentamos las primeras rampas con los frontales. La nieve estaba podrida y rehelada, haciendo que tuviéramos que asegurarnos en los tramos expuestos. Tras estas primeras rampas, el itinerario remonta sobre los cortados de la cara norte por lo que hay que extremar las precauciones. La continua pendiente de entre 45º y 55º está tan helada que los crampones apenas penetran en ella. Progresamos más despacio de lo que querríamos.

Mucho frío saliendo a las 3 de la madrugada del CB.

Primeras rampas y primeras luces.

La continua pendiente no permite ningún descuido.

Un balcón perfecto al Inylchek Sur.

Pasada esta expuesta zona, la pendiente gira sobre la cara noroeste y disminuye su inclinación, pero ahora el peligro son los puentes de nieve blanda sobre las grietas. Llevamos 6 horas de escalada y es ahora, desde la perspectiva que nos proporcionan los 5000 m a los que hemos llegado, cuando nos damos cuenta de las verdaderas dimensiones de este lugar. Los gigantescos bastiones de 7000 m que protegen este caudal de hielo hasta su fusión a más de 60 km, se pierden en la neblina de la mañana y nos abstraen momentáneamente en este hombro al que hemos llegado.

En la parte superior, la pendiente vuelve a empinarse.

La nieve rehelada se trasforma rápidamente con el sol.

A pesar de que los últimos cien metros de rampas que conducen a la cima se elevan frente a nosotros, decidimos retirarnos prudentemente, ya que el Sol comienza a debilitar los puentes sobre las numerosas grietas que nos esperan más abajo.

Con el Khan Tengri al fondo.

Desde aquí podemos adivinar parte del treking por el glaciar.

Y en este rellano por encima de los 5000 m, justo antes de la última rampa, decidimos bajarnos.

Así pudimos comprobarlo después, cuando Álvaro se coló hasta las axilas, quedando sujeto del piolet y la cuerda. Tras otras seis horas más, llegamos al campo base cansados pero enormemente satisfechos.

Delicado descenso en algunos tramos.

Con la nieve blanda tras el susto en la grieta.

De vuelta en el CB con el Tryo Glavaya al fondo.

A pesar de la nerviosa mirada que echamos al helicóptero destrozado que se encuentra en una grieta del glaciar junto al campo base, esperamos impacientemente el regreso sobrevolando el itinerario de venida. Nos despedimos del Guía y los porteadores y, en medio del estruendo de las hélices, nos elevamos mientras recorríamos con la mirada nuestras huellas del día anterior por el Tryo-Glavaya y el Pesni-Abay.

El helicóptero que nos llevará de regreso.

Nos despedimos del Inylchek remontando collados de más de 5000 m.

Sobrevolando en unos minutos todas esas montañas que tantos días nos llevó atravesar.

La grandiosidad del Inylchek se extiende bajo nosotros, ya no como un caos de hielo y rocas, sino como un conjunto ordenado de lenguas glaciares que se van agrupando en una sola, y en el que sus morrenas paralelas marcan el camino a seguir entre las enormes montañas que lo enmarcan. Cuando el piloto cambia de dirección para atravesar la cordillera, el espectáculo al pasar entre los contrafuertes de hielo, nos hace sacar la cabeza, literalmente, por las ventanillas. Después otro valle glaciar y más montañas, y tras éstos, los extensos prados y bosques hasta el Issik-Kul que te devuelven, con mucha pena, a la civilización.

Y por fin una buena cerveza fresquita.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Alpinismo

Ascensión al Pesni-Abay

Tras nueve días de marcha por el glaciar Inylchek llegamos hasta el Campo Base del Khan-Tengri y la ascensión al Pesni-Abay de 4901 m podría poner la guinda a este impresionante treking.

                      Ficha Técnica                                                                Mapa de Situación

                       

Una vez que llegamos al Campo Base del Khan-Tengri, nos tomamos un día de descanso para reponernos y disfrutar de las vistas de este lugar increíble. También aprovechamos para realizar algunas prácticas de escalada entre los seracs del glaciar y  preparar el material para ascender a alguno de los picos que rodean el campamento. Sólo disponemos de un día de margen, ya que el regreso a la civilización se hace en helicóptero y éste sólo vuela en determinados días y cuando el tiempo lo permite. Perderlo puede suponer una espera de varios días más.

Practicando en el glaciar Inylchek.

Con el Khan Tengri al fondo.

Decidir que ascensión realizaríamos al día siguiente no fue fácil. La información que se tiene sobre las posibles ascensiones y los datos técnicos es escasa, e incluso por parte del personal que atiende el campamento. Así que después de proponer los diferentes puntos de vista, decidimos separamos en dos grupos: uno irá a escalar el Pesni-Abay y otro una montaña del macizo del Tryo-Glavaya de la que no hemos averiguado ni siquiera el nombre.

El Chapaeva y el Khan Tengri.

De madrugada Pablo, Pepe y Roman deshacen parte del camino de días anteriores para después atravesar nuevamente el glaciar Inylchek y dirigirse al la cara sureste del Pesni. En esta época es posible ascender la mayor parte del pico sin pisar la nieve, por unas incómodas pedreras que remontan buena parte de la ladera. A medida que ganamos altura, el paisaje cobra fuerza y disfrutas de un panorama soberbio sobre los hielos del glaciar. Hacia el sur te topas con la complejidad del murallón de la cara norte del pico Pobeda de 7439 m, que dicen ser tan difícil como un ochomil. Hacia el norte destacan las perfectas líneas doradas del Khan Tengri de 7010 m.

Camino del Pesni a través del glaciar.

Primeras rampas del Pesni.

El pico Pobeda al fondo.

Ya en la parte superior llegamos a la nieve y la pendiente se empina. En los últimos metros aparecen las dificultades en forma de un penacho glaciar como una aguja que vuela sobre el vacío de 1000 m de la cara Norte. Bien asegurado por Pepe y Roman, Pablo consigue encaramarse a lo más alto de esta afilada cima, proporcionándoles  la impresionante panorámica de estos glaciares perdiéndose en la bruma de la lejanía.

Román cerca ya de la cumbre

Pablo en los últimos metros.

Cima del Pesni Abay.

No hay tiempo que perder y es que la ruta es larga y las horas de luz no se pueden estirar. Intentar orientarse de noche entre las grietas del glaciar no es algo que apetezca demasiado, así que acelerando todo lo que las piernas te permiten, descendemos lo más rápido que podemos y con las últimas luces conseguimos llegar al Campo Base. Al día siguiente viene el helicóptero a recogernos y éste no espera.

Por fin de vuelta en el Campo Base.

Texto: Luis Pantoja; Fotos: Pepe y Pablo Fernández

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Trekking del glaciar Inylchek

El Inylchek es con sus casi 60 km, uno de los glaciares más largos de Asia. Rodeada de montañas de hasta 7000 metros, se encuentra en el corazón de las “Montañas Celestiales” del Tien-Shan. Recorrer sus hielos hasta las montañas en donde nace, es uno de los trekkings más impresionantes de Kyrgyzstan.

                    Ficha Técnica                                                  Mapa de Situación

                   

Kyrgyzstan es un sugerente país en mitad de la Ruta de la Seda, mezcla entre Oriente y Occidente, Islamismo y Cristianismo, tradición Kirguiz y decadencia soviética. Con una extensión la mitad que España y una población de cinco millones de habitantes, sus grandes cordilleras montañosas se encuentran casi despobladas de no ser por las familias nómadas que aún existen. Sus “Yurtas” (cabañas de estructura de madera recubiertas de fieltros de lana) son el signo de identidad de las distintas tribus kyrgyzes, y símbolo para su bandera.

Mezquita de Karakol.

Típica Yurta Kyrgyz.

Bishkek, su capital, es el típico ejemplo de ciudad soviética sin ninguna personalidad propia, pero es el mejor lugar para realizar los preparativos y las compras necesarias para la montaña. Si su arquitectura  es gris, sus alrededores son verdes y luminosos. Nada más llegar nos sorprende la cercanía de las montañas de la cordillera de Kirguiz-Alatau, rozando algunas de ellas los 5000 m.

La torre Burana de los tiempos de Gengis Khan con el Tien Shan al fondo.

Camino de las montañas rodeamos las orillas del lago Issik-Kul, con su profundo verde esmeralda engarzado entre el plateado de las cordilleras del Kunguei-Alatau al norte y la del Tien-Shan al sur. Este mar interior tiene 160 km de largo y 70 km de ancho, con una profundidad que alcanza los 700 m, y a pesar de encontrarse a 1600 m de altitud, nunca se congela debido a su ligera salinidad y a las corrientes termales que recibe.

Un baño en las playas del Issik-Kul.

Desde Karakol a la orilla del Issik-kul, en camión todo-terreno, nos adentramos por una sinuosa pista de montaña hacia el corazón del Tien-Shan. Atravesamos el “Ashu-Pass” (3830 m), en donde la visión de los restos de otro camión como éste,  al fondo del barranco, no es nada tranquilizadora. Tras 160 km eternos llegamos al desolado puesto policial de Echkilitash, donde comienza el trekking.

Paisaje alpino antes de adentrarnos en el Tien Shan.

En el Ashu-Pass (3830 m).

Puesto fronterizo de Echkilitash, donde comienza el trekking.

Acampamos a 3000 m a orillas del río Tjuz, rodeados por vastas extensiones de verdes  prados de montaña salpicados de flores, y en el horizonte el blanco de los lejanos glaciares hacia donde vamos. A medida que remontamos el río, las praderas van quedando atrás, y los pedregales se adueñan del paisaje. Acostumbrados al gentío de Europa, nos sorprende la inmensidad y desolación de este lugar en el que no hemos visto ni una sola aldea. Sólo las huellas, los esqueletos o las cornamentas delatan la invisible presencia del águila, del lobo, del oso, del esquivo leopardo de las nieve, o del “marco-polo” (enorme especie de muflón).

Primer día remontando el río Tjuz.

Edelweiss por todas partes.

Campamento camino del Tjuz Pass.

Entre los innumerables glaciares que nos rodean, ascendemos al Tjuz-Pass (4001 m), que da acceso al valle del Inylchek. Desde aquí vemos el pico Nansen (5700 m) frente a nosotros, depositando sus lenguas de hielo en el fondo de este inmenso valle. La tormenta nos acompaña hasta la morrena final del glaciar Inylchek en donde acampamos. A partir de aquí remontaremos los 60 km de este caótico glaciar, de más de  3 km de anchura en algunos tramos, hasta su nacimiento en las faldas del pico Pobeda (7439 m) y del Khan-Tengri (7010 m). De estos dos picos parten dos cadenas montañosas que lo flanquean en toda su longitud, y que están formadas por cientos de montañas de más de 5000 m, muchas sin nombre y aún por escalar.

Hacia el Tjuz Pass (4001 m).

El impresionante pico Nansen (5700 m).

Descenso de 1000 m al valle del Inylchek.

Llevamos ya dos días remontando el glaciar, y el sencillo itinerario que aparecía en el mapa, es realmente agotador debido a sus continuas subidas y bajadas por las olas de este inmenso mar de hielo. En la confluencia de los glaciares Inylchek Norte y Sur, se encuentran los misteriosos lagos Merzbacker. Son dos inmensos lagos sobre el glaciar, que ocupan toda la anchura del valle desde una ladera hasta la otra y que, a través de unas grutas en el hielo, desaguan a más de 20 km valle abajo de forma súbita (en menos de tres días), al final del verano.

Primeros kilómetros por el glaciar Inylchek.

Último campamento en “seco” cerca de los lagos Merzbacker.

Avanzando por las morrenas del glaciar.

A medida que avanzamos nuevos glaciares se incorporan al principal y descubrimos otros valles con muchas más montañas, cada vez más altas, algunas ya fronterizas con China o Kazajstán. La mayoría de ellas no tienen nombre, o si lo tienen son tan curiosos como “Cuarenta años de Kyrgyz Soviético”. Tras rodear el pico Dikiy, aparece el impresionante Pobeda que nos recibe con un atronador alud que arrasa los más de 3000 m de su pared norte.

En la confluencia de los glaciares Inylchek Norte y Sur.

Lagos Merzbacker desde el helicóptero que nos llevó de vuelta.

Tras otros dos días llegamos al pie de las montañas que alimentan este glaciar, dominadas por la perfecta pirámide del Khan-Tengri, sin duda una de las montañas más bellas del mundo. Desde el campo base de esta montaña contemplamos los últimos rayos de la tarde proyectando las aristas del pico contra las nubes, en un juego de luces y sombras que las elevan más allá de su cima, justificando así el sobrenombre de “Montañas Celestiales“.

Algunas morrenas son como autopistas por el glaciar.

Cruzando uno de los torrentes del glaciar.

Muy cerca ya del Campo Base del Inylchek Sur.

Bajo el espolón rocoso se asienta el Campo Base, en el glaciar.

Es en este Campo Base donde aterrizan los helicópteros que traen a quienes van a escalar esta montaña. Y son precisamente estos mismos helicópteros los que recogen a los grupos de treking para devolverlos a la civilización en un espectacular vuelo que atraviesa estas cordilleras.

Por fín el confort del Campo Base.

Helicóptero ruso, más parecido a un autobus con hélices.

Khan-Tengri, una de las montañas más bellas del mundo.

Es entonces cuando remontando los collados de más de 5000 metros entre estas gigantescas montañas, te hacen sentir lo diminutos que somos frente a ellas. Pero aunque el treking termina aquí, nosotros nos quedamos unos días más con la intención de escalar alguna de las montañas cercanas…

Gracias a todo el grupo de Ak-Sai travel (www.ak-sai.com ), que hizo posible este inolvidable trekking.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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