Kyrguizstán: Charkuduk Peak N

El Valle del Tyuz se encuentra en la vertiente este del Karkará Peak. Es un solitario y salvaje lugar rodeado de montañas de más de 3000 metros entre las que sobresale el Charkuduk Peak. Un blanquísimo pico con crestas fáciles por donde ascender y laderas amplias y abiertas por donde dejar nuestras huellas. Un objetivo aparentemente sencillo que nos volvió a dar una lección de humildad que no olvidaremos.

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El Valle del Tyuz:

El campamento que tiene instalado Ak-Sai Travel (https://ak-sai.com/es/ ) a la orilla del río Karkará se encuentra justo a la entrada del valle que lleva a la ladera norte del Karkará Peak, por donde hemos esquiado todos estos días atrás. Pero si continuamos por el valle principal hacia el sureste, el río va girando y nos conduce por una estrecha garganta hasta el Valle del Tyuz. Un lugar solitario y salvaje en el que te sientes pequeño entre tanta montaña. Las empinadas laderas con bosquetes de coníferas se alzan hasta los recuencos de antiguos glaciares, y más arriba sobresalen una infinidad de picos blancos e inmaculados.

Reunidos con los guías la noche antes, hacemos planes para la que será la última jornada del viaje. Nos proponen conocer este valle e intentar alguna de las muchas montañas que lo rodean. Pocas tienen nombre, sólo las más elevadas, y entre ellas podemos acceder a la cara este del Karkará, o la norte del Charkuduk, de 3380 m de altitud. Nosotros decidimos intentar este último y nos acompañará Marion, una esquiadora francesa que vive en Kazajstán y se ha animado a acompañarnos.

Durante esta última jornada las motos de nieve nos llevan río arriba desde el campamento hasta la base de la vertiente SE del Pico Karkara. Desde aquí foqueamos por unas laderas bastante bien protegidas por el bosque hasta salir de las sombras del valle y alcanzar las soleadas laderas desde las que podemos empezar a ver paisaje. Allá donde miremos podemos ver montañas y más montañas algunas de las cuales rozan los 4000 m de altitud.

Pasada la zona de bosque, las laderas se suavizan y nuestras vistas por fin alcanzan a ver las montañas que cierran el valle. Éste se ramifica en varios grandes circos, uno de los cuales es el que está enmarcado por el Karkará y por el Charkuduk. La vertiente este del primero no parece tener mucha dificultad ya que es fácil acceder a la arista este por la que llegar a la cima. Pero la vertiente norte del Charkuduk es otra cosa: las laderas son amplias y no muy inclinadas; las aristas no son afiladas; pero la carga de nieve hace que definir una ruta segura no sea sencillo. No nos ponemos de acuerdo en por dónde debemos ascender. Cualquier opción presenta zonas complejas que deberemos evaluar con cuidado y, a pesar de las reticencias que plantea Alberto, decidimos seguir avanzando hasta llegar a ellas.

Por fin llegamos a la primera zona compleja: es una zona muy poco empinada pero con formaciones dunares y trampas en forma de hoyas. Aunque la ladera sur por la que hemos ascendido hasta ahora parecía ser estable, nada más pasar los llanos próximos a la vertiente norte, nos damos cuenta que la nieve ha cambiado y probablemente encontremos las mismas condiciones de inestabilidad que los días pasados en el Valle de Karkará. A pesar de ser una zona poco inclinada, decidimos ir separados y progresar de punto seguro a punto seguro. Nuestro guía Vadim va delante afrontando la primera rampa peligrosa y en la primera zeta que hace, sus esquís se hunden alarmantemente, aunque puede continuar hasta superar la rampa. Pasamos Marion y después yo, hasta el llano seguro en el que espera Vadim. Repentinamente, mientras pasa Álvaro se oye un “woumpf” y la ladera entera se le colapsa, afortunadamente sin venirse abajo. Después de ascender los pocos metros que le quedan hasta el llano por la huella trazada, respiramos todos aliviados.

Alberto que estaba todavía abajo, nos increpa que volvamos. Hablamos con Vadim y consideramos que no es sensato seguir en estas condiciones: si habíamos tenido ese susto ahí, cómo estaría le tramo complejo que nos esperaba después. Ahora nos quedaba descender por donde habíamos subido, con el riesgo que eso conllevaba, pero no había otra alternativa. Todos atentos, vamos esquiando la ladera de uno en uno, con la mano en el tirador del ABS. Esquiamos lo más suave y rápido posible hasta la zona segura en donde nos espera Alberto que, como otras veces, es el que mejor intuye el peligro.

Decidimos cambiar de ladera y dirigirnos a la cara sur para emplear el resto del día en conocer esa vertiente del Karkara, una ladera plagada de palas y algún que otro resalte de rocas. Cómodamente alcanzamos la cresta este que en suave pendiente llega hasta la cumbre del pico. En el cordal de la cima tenemos una bonita panorámica de las cumbres de más de 4.000 metros que se alzan en los valles vecinos del sur, también de la llanura que poco a poco desciende extendiéndose hacia el norte, ya en territorio kazajo. También tenemos una buena perspectiva de la peligrosa ladera norte del Charkuduk que hemos abandonado.

Y por fin llega el momento del largo descenso por este inmenso valle, esta vez más tranquilos ya que la nieve en esta vertiente está más transformada y estabilizada. Nos lanzamos despreocupados por estas suaves y amplias laderas, disfrutando cada giro como cuando saboreas los últimos sorbos de un buen vino. Últimos giros de unas jornadas de auténtico esquí de montaña.

En el fondo del valle coincidimos con el otro grupo con el que hemos compartido campamento. Unos chavales de sesentaytantos: Anna, Rosa, María y Bartomeu. Grandes esquiadores y montañeros catalanes con los que hemos compartido un viaje inolvidable.

Hemos hecho buenas migas con nuestro guía Vadim, con el que no hemos dejado de reírnos mientras compartimos experiencias y conocimientos. Hemos aprendido del gran alpinista Oleg, guía de nuestros amigos catalanes. Nos hemos sentido como en casa, exquisitamente atendidos por todos los conductores, cocineros y demás empleados del campamento de Ak-Sai Travel. Conocer a todas las personas del equipo, para nosotros ha sido la mejor parte de esta experiencia. Sólo nos queda recoger nuestras cosas, desmontar el campamento como hacen los nómadas con sus yurtas, para seguir nuestro camino.

Comenzamos a despedirnos de esta región con esa sensación agridulce que tienen los buenos viajes cuando se acaban. Echaremos de menos estas montañas que tanto nos han hecho disfrutar, entre gigantescos árboles, ríos de agua helada, huellas de lobo y valles que aún están por descubrir. Echamos un vistazo hacia atrás para ver por última vez las laderas intocables. Pero ya no las miramos con la impaciencia de los primeros días, sabemos que este país y sus gentes siempre nos recibirán con los brazos abiertos para volver a dibujar nuestra firma en estas inmensas montañas.

Y ahora que estamos sumergidos en las aguas termales a la orilla del lago Issyk-Kul, con el viento frío de las montañas que lo rodean pegándonos en la cara, tratamos de grabar este instante en nuestras retinas con la intención de que se sumen a esos instantes intensos que componen la vida. Volveremos, Kyrguizstán.

Texto e imágenes: equipo RECmountain
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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Kyrguizstán: Chamynsai Peak E

En el Valle de Karkará, el Chamynsai Peak de 2800 m de altitud, es la cima más accesible desde el campamento. Su vertiente este desciende en suave pendiente hasta el fondo del valle por unas amplias laderas entre el bosque de abetos. Un terreno para disfrutar esos días en los que las condiciones no te permiten ir más lejos. Repleto de rincones para gozar, aunque siempre con precaución.

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En esta región de Asia Central tenemos la sensación de estar lejos, muy lejos de la civilización. Aparte del vuelo hasta Biskek con escala en Moscú (también podemos viajar a través de Estambul), hay que dirigirse hacia el este por carretera hasta el lago Issik-Kul y continuar, ya por pista de tierra hasta el pequeño poblado fronterizo de Karkará. Tras esos 370 km, quedan otros 10 km más para llegar al campamento de Karkará Keremeti, ya en plena montaña y cuyo acceso puede estar cortado por la nieve y tenerse que hacer en motos de nieve. Pero a pesar de lo remoto del lugar, Ak –Sai Travel nos ofrece todas las comodidades y atenciones que se puedan pedir y sus guías nos facilitarán poder disfrutar al máximo de estos días. Nos fascina mirar el vasto paisaje que se extiende hacia el norte de esta región.

El Chamynsai Peak:

Desde este pico de 2800 m de altitud, el cordal continúa hasta el Chamynsai Pass y después hasta el Karkará Peak, y toda la vertiente este del valle se encuentra repleta de pequeñas lomas salpicadas de bosquetes de abetos. Es un terreno relativamente fácil y protegido para los días de mal tiempo, cuando las condiciones no nos permiten ir más lejos. También es perfecto para buscar la nieve polvo, que aquí se acumula con más facilidad que en las crestas y cumbres más altas, en donde los vientos fríos del nordeste pegan de lleno.

Otro día más comenzamos siendo remolcados por las motos hasta el Chamynsai Pass, desde donde accedemos foqueando fácilmente por el cordal, hasta la misma cima del Chamynsai Peak. Esta primera subida del día nos la tomamos con calma, disfrutando de las vistas por la cresta que se extienden, por una lado hacia el Valle del Tyup al oeste, y por el otro hacia el Valle de Karkará al este. Al alcanzar la cima del pico, el horizonte se amplía hacia el norte, hacia las vastas llanuras nevadas que a los pies de esta cordillera se extienden por Kazajstán.

Hacia el este, la pendiente cae suavemente hasta el fondo del valle, por unas amplias palas de nieve polvo. Decidimos hacerlas del tirón, desde la cima hasta los llanos. Una ladera que invita a ir rápido y fluido, para calentar motores. No nos podemos resistir a saltar su cornisa cimera para después descender de uno en uno hasta casi el fondo del valle, hasta que las piernas no dan más de sí. Una larga y rápida bajada que nos deja con los cuádriceps al rojo vivo.

Comenzamos la segunda foqueada del día, ya sin la ayuda de las motos, pero ahora remontamos el cordal desde el Chamynsai Pass hacia el sur, hacia una pequeña cima a 2750 m antes de la subida al Karkará Peak por su arista norte. Alcanzada la cima de este pico satélite, fuera las pieles y a por su ladera nordeste.

Buscamos las pendientes más umbrías en donde la nieve pueda estar más polvo y más profunda. Y las encontramos. Giros de powder en donde hundirnos hasta las rodillas. Sigue existiendo peligro de aludes y mantenemos las medidas de precaución: bajamos de uno en uno, de punto seguro a punto seguro, con los ABS preparados,…

Pero nos confiamos. Queremos conseguir mejores imágenes y decidimos remontar dos de nosotros una pequeña ladera de polvo para conseguir la foto perfecta. En mitad de la pendiente nos asaltan las dudas, pero ya era tarde y se viene abajo. La placa colapsa y nos arrastra aunque hundidos sólo hasta la cintura. Afortunadamente, la ladera fracturada no era grande y enseguida se detiene, dejándonos en la superficie y sin necesidad de echar mano del ABS. Al final todo se queda en un susto y en una hora de tiempo perdida buscando los esquís y bastones.

No recomendaríamos a nadie venir a este lugar sin un guía local. Además de su conocimiento del terreno y de las condiciones meteorológicas, por otra razón importantísima para los esquiadores europeos: aquí la nieve tiene un comportamiento muy particular. Esto se debe en su mayor parte al clima continental de esta región y a su relieve. Las temperaturas son extremas y los valles se encuentran a mucha altitud, esto hace que en invierno haya largos periodos de frío intenso. El manto tiene un gradiente de temperatura muy alto y eso genera un tipo de metamorfosis de la nieve que crea granos nuevos sin apenas cohesión. Estos granos llamados cubiletes, que no tienen una presencia importante en nuestras montañas, allí aparecen de manera generalizada en estratos muy profundos durante el inicio de la primavera. El comportamiento del manto nivoso en el Tien Shan es muy distinto a lo que nuestra experiencia nos tiene acostumbrados.

Después de alguna otra bajada más, volvemos al campamento con mucho que pensar. Esa noche el tiempo cambia y nieva intensamente por lo que, a pesar de recibir con alegría la nevada, nos vamos a la cama con muchas dudas de cómo estará de inestable mañana el manto nivoso.

En esta región, la temporada de esquí dura desde diciembre hasta abril. Los meses más fríos son los de mejores condiciones de nieve, más seca y fría. En primavera las condiciones son más inestables, especialmente en los sectores más altos, inclinados y técnicos. Sin embargo, la temperatura en esta época es más agradable y más apropiada para hacer excursiones fáciles por itinerarios seguros. Hoy volvemos a sondear la estabilidad del manto, obteniendo un resultado bastante preocupante, con casi un metro de cubiletes bajo las últimas nevadas.

Hoy está claro que aventurarse a ascender algún pico sería una temeridad por lo que nos ceñimos a la zona de bosque en la que las laderas abiertas y peligrosas son más pequeñas y localizadas. Realizamos las bajadas con todas las medidas de precaución que conocemos y parece que mientras el tiempo continúe frío y cubierto, las laderas poco empinadas son esquiables.

El tiempo es variable, aquí lo normal es que nieve con intensidad durante un rato y a las pocas horas se despeje el cielo. Y eso es lo que ocurre hoy. No es muy habitual encontrar espesores profundos de nieve polvo en los que enterrarnos, sin embargo, podemos abrir huella prácticamente todos los días. Hay que aprovechar las ventanas de sol para hacer líneas rápidas en los lugares más escarpados y cuando el tiempo empeora, refugiarnos en el bosque y descubrir sus secretos.

Pero esta mejoría del tiempo está acompañada de un aumento leve de la temperatura que, con estas condiciones de inestabilidad del manto, puede resultar peligrosa. Por eso nos limitamos a tantear pequeñas laderas en las que, de romperse algo, no sería de grandes dimensiones. Y nuevamente, aunque el terreno no es nada empinado, volvemos a colapsar una pequeña ladera que, gracias a estar alerta y haber tomado precauciones, no tiene más consecuencias que las de obligarnos a permanecer en zona segura el resto del día.

Menos mal que entre las zonas de bosque seguro, podemos encontrar rincones en los que jugar y divertirnos. Nuestro magnífico guía Vadim nos descubre esos lugares y dedicamos el resto de la jornada a ensayar algunos trucos y saltos, unos bien ejecutados, y otros no tanto.

Hoy se ha vuelto a poner de manifiesto la importancia de venir con guía local, que no sólo nos salvará de un susto, sino que nos hará aprovechar más de nuestros días de esquí. Al final de esta nueva e intensa jornada, nos reunimos todos en el comedor para cenar y compartir las experiencias del día, y para degustar la gastronomía de esta región de Asia Central. La cocinera nos sorprende cada día con un plato típico de esta zona, a cada cual más rico, y tenemos que explicarle que si algo nos dejamos en el plato, no es porque no nos guste, sino porque nuestros estómagos no pueden con más.

Texto e imágenes: equipo RECmountain
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Kyrguizstán: Tyup Peak N

El Valle del Tyup está enmarcado entre blanquísimas montañas con innumerables aristas y laderas repletas de “spines” que rodean el Tyup Peak, de 3320 m de altitud. Elegir el objetivo del día resulta difícil entre todas las posibilidades que hay, ya que el Tyup es una de tantas cumbres en un larguísimo y nevado cordal que cierra este valle. Inmensidad, soledad, descubrimiento. El paraíso del freeride.

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Todos los días a primera hora nos reunimos con los guías de Ak Sai Travel para preparar la jornada. Nos cuentan que hay tres valles que rodean las tres principales vertientes del pico Karkara, de 3150 metros de altitud: el de Karkará (norte), el de Tyup (oeste) y el de Tyuz (sur). El campamento se encuentra a 2200 metros en la entrada al valle de la cara norte y dispone de motos de nieve con las que realizar las aproximaciones hasta el inicio de cada itinerario. Los conductores de los coches que nos trajeron hasta aquí pilotan las motos y están en continuo contacto con los guías vía walkie-talkie. Con ellos decidimos a donde ir y si necesitaremos su ayuda para acercarnos a estos inmensos valles.

Hoy amanece un nuevo y despejado día, así que decidimos ir con nuestro guía Vadim a conocer el Valle de Tyup. Es una larga excursión en las que las motos nos remolcan hasta el Chamynsai Pass y desde allí descubrimos la inmensidad del valle a nuestros pies. A lo lejos aparecen cientos de crestas nevadas con “spines” laterales que caen casi hasta el fondo del valle. Allá donde miremos podemos ver líneas potentes y empinadas, pero nuestro guía Vadim nos explica que hemos elegido una época tardía para ese tipo de descensos. Por un mes de retraso, tendremos que tachar de nuestros objetivos muchas canales y laderas de ensueño pero las opciones siguen siendo casi infinitas.

El Valle de Tyup:

Este valle es más grande que el de Karkará y sus cimas alcanzan mayor altitud, compartiendo con el Valle de Tyuz los 3380 metros del Pico Charkuduk. El Tyup Peak no destaca demasiado en el cordal que cierra el valle por el sur. Cualquier otro pico nos serviría como objetivo. Decidimos uno de tantos, con un acceso que no parece demasiado empinado ya que el peligro de aludes está presente. Desde el Chamynsai pass tenemos que alcanzar primeramente el fondo del valle y, como siempre, realizamos un pequeño sondeo en la nieve para comprobar su estabilidad. Aunque estas primeras trazas parece que no plantean problemas, deberemos estar muy atentos a su evolución a lo largo del día.

La esquiada discurre por laderas suaves y abiertas, con poco bosque, agradables para empezar el día y calentar motores. En verano, toda esta región es verde. Hasta los 3000 metros de altitud las laderas son una tupida alfombra de hierba plagada de edelweiss, sin apenas presencia de rocas. Es el terreno perfecto para el desencadenamiento de aludes de fondo: la hierba es un plano de deslizamiento y los árboles y arbustos, que a menudo están separados y aislados entre sí, actúan como puntos débiles por los que se propagan las posibles roturas de placa. Pronto nos damos cuenta de que estas sencillas laderas no son tan inofensivas como en un primer vistazo nos pudiera parecer. La presencia de los guías kirguizes es imprescindible para progresar con seguridad por este terreno.

Una vez llegamos al fondo del valle, para alcanzar el comienzo de la ascensión tenemos que ascender hasta el hombro Oeste del Karkara Peak, a 2670 m, para después bajar por la ladera opuesta. Desde arriba podemos contemplar el circo glaciar de la vertiente noroeste del karkará. Esta pequeña cima tiene unas vistas privilegiadas y es el mejor lugar para elegir los itinerarios de ascenso hacia el macizo del Charkuduk. Tomar una decisión no es fácil ya que las primeras rampas tienen una inclinación considerable y bosque mucho más denso. Junto a Vadim, decidimos trazar una ruta evitando todo lo posible cruzar por las zonas más propensas al tránsito de avalanchas.

Este segundo descenso, ya con las piernas a tono, lo realizamos a fuego, del tirón. Esto es mucho más grande de lo que parece y las horas se nos echan encima sin quererlo así que decidimos acelerar el ritmo. Ya sin aliento llegamos al final de esta formidable bajada, justo en el río desde el que empieza la verdadera ascensión del día hacia el Tyup Peak.

Cruzamos el río y afrontamos las primeras rampas en la zona de bosque. El sol empieza a calentar demasiado y la nieve reciente fría comienza a transformarse y a humedecerse, por lo que decidimos abandonar las laderas más abiertas y avalanchosas para meternos de lleno en el bosque. Por aquí ya no se avanza tan rápido debido a que nos vemos obligados a afrontar pendientes entre árboles más complicadas y serpenteantes, con “zetas” de apenas dos pasos entre cambios de dirección. La huella de ascenso empieza a ser muy profunda. Nos encontramos en cara norte y los claros del bosque son más grandes de lo que parecía por lo que las zonas más peligrosas son más frecuentes.

Comienzan los problemas con la formación de zuecos en las pieles de foca, que nos retrasan y nos desgastan. Empezamos a pensar que las condiciones de inestabilidad empiezan a ser demasiado peligrosas como para descender esas crestas a las que aún no hemos llegado. Comienza a cubrirse el cielo cuando nos topamos con lo que seguramente sea la última rampa empinada antes de llanear por la cresta, pero no estamos seguros de su estabilidad. Se hace imprescindible evaluar con la cabeza fría la situación: cambio de meteo, temperaturas suaves, nieves profundas humedeciéndose, crestas empinadas esperándonos, rescate más que difícil. Resultado: el riesgo por aludes no es asumible; nos damos la vuelta.

Las montañas kirguizes nos vuelven a enseñar que tenemos que cambiar el chip, y es que las lisas laderas cimeras en las que habíamos planeado dejar nuestras huellas al inicio de la excursión, nos empiezan a parecer intocables. Aquí todo es enorme y a medida que te acercas te percatas de la verdadera inclinación y los peligros objetivos. En el fondo del Valle del Tyup nos recogen las motos y remolcan hasta el Chamynsai Pass nuevamente para descender por el ya conocido Valle de Karkará. El tiempo ha ido empeorando y las nubes ya cubren el cielo, pero todavía podemos aprovechar las últimas bajadas en los rincones del valle.

De regreso al campamento, nos topamos con rebaños de Yaks, algún zorrillo e incluso unas huellas que nos parecen de lobo. No sería nada de extrañar como nos cuentan los guardas del campamento. De hecho, todos ellos llevan machetes enormes metidos en las botas y, cuando les preguntamos para que lo llevan siempre encima, nos contestan que por los lobos y otros animales que te puedas encontrar. El entorno aquí es salvaje y aislado.

Antes de cenar nos acercamos a la casi vacía aldea de Karkyra keremeti. Aquí hay algunas casas en las que viven los guardas del campamento, algunos con su familia. Pero el aislamiento durante el invierno no favorece el poder asentarse aquí. Sólo hace falta ver la máquina quitanieves que tienen: una auténtica preciosidad que parece que hasta este invierno la hayan usado. Al menos ahí estaban sus huellas en el terreno. También podemos apreciar el carácter trashumante de esta gente y sus rebaños, reflejado en la cantidad de casas móviles que hay. Carromatos, vagones de tren, camiones-casa, autobuses, contenedores de mercancías. Compartimos su espíritu nómada.

Para acabar bien el día, aprovechamos la sauna que hay en el campamento, junto al río, para desentumecer músculos, relajarnos y, como no, someternos a ese tratamiento de calor-frío que dicen que, supuestamente, va bien para la salud. Yo me cojí un buen resfriado, aunque no puedo asegurar que fuera por meternos en las heladas aguas del Río Karkará.

Recuperados del palizón de hoy, ya estamos soñando con lo que vendrá mañana…

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Kyrguizstán: Karkará N

En Kirguistán hemos conocido el lado más auténtico y puro del esquí de montaña. Sensaciones de libertad y de soledad en una inmensidad de valles y laderas, lejos de la civilización. El contacto con una naturaleza salvaje y auténtica, descubriendo secretos ocultos, aprendiendo grandes lecciones y conociéndonos mejor a nosotros mismos. No es la primera vez que venimos, ni será la última. Volveremos, siguiendo el espíritu nómada de este pueblo.

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Kirguistán es un país del que la gente apenas ha oído hablar. Las connotaciones de su nombre evocan tierras áridas y culturas cerradas. Pero estos prejuicios están bien lejos de la realidad. Este es un lugar de confluencia y convivencia entre distintas culturas. Cristianos, ortodoxos y musulmanes comparten este territorio. Los rasgos orientales propios de los pueblos de Asia Central, se mezclan con los occidentales debido a la colonización soviética. En la variedad de sus gentes encontramos, sin embargo, elementos comunes: la amabilidad y la hospitalidad. Y esto hace de esta tierra un lugar tranquilo y seguro, en el que nos sentimos como en casa. Gracias a nuestros amigos de Ak-Sai Travel pudimos disfrutar de auténtico esquí de montaña en el Tien Shan.

Después de sobrevolar la inmensidad plana de la estepa rusa, aterrizamos en Bishkek y la primera imagen que tenemos de la capital se dibuja en un escenario de montañas con grandes paredes y glaciares. Kyrguizstán se sitúa a la misma latitud que la Península Ibérica, en Asia central, entre China, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán, con una geografía definida y dominada por el terreno montañoso de las cordilleras del Pamir y del Tien Shan. Tres de sus cimas alcanzan los 7000 metros (Khan Tengri, Lenin y Pobeda) y su altitud media es de 2750. Así pues, es cierto cuando dicen que Kirguistán no es un país de montañas, sino montañas hechas país.

Nada más comenzar el camino hacia el este nos damos cuenta de que el simple hecho de llegar a nuestro destino será una aventura. Nos dirigimos a la frontera con Kazajstán, al campamento de Karkará, en la esquina nordeste del país. Atravesamos por carretera la orilla norte del lago Issyk-Kul, el segundo lago salino más grande del mundo y el séptimo más profundo, cuyo nombre significa “lago caliente”. Pronto el asfalto va desapareciendo y ganamos altitud. La carretera se adentra en unas montañas cada vez más cubiertas de manto blanco y la pericia de los conductores se hace notoria a medida que las ruedas van hundiéndose en la nieve. En el paso fronterizo la presencia militar contrasta con las sonrisas de los niños de la aldea de Karkará.

Ayudados por las motos de nieve, recorremos los últimos kilómetros hasta el campamento. Una instalación en la orilla del río que separa ambos países y que tiene todas las comodidades que podríamos desear. Las instalaciones del campamento están gestionadas por la agencia de turismo Ak-Sai Travel (https://ak-sai.com/es/) y tienen todas las comodidades que se pueden pedir en un lugar perdido entre las montañas: cabinas dormitorio dobles con calefacción; aseos, duchas de agua caliente y lavadora; una amplia estancia comedor en donde realizar los briefings antes de esquiar; conexión WiFi; e incluso una sauna junto al río en la que relajarnos tras las intensas jornadas de actividad.

La emoción de haber llegado a este lugar tan increíble trae el primer toque de atención de la semana: al llegar la noche y descubrir el cielo abarrotado de estrellas, nos alejamos cien metros del campamento para hacer unas fotografías nocturnas y los guías no tardan en salir a llamarnos a voces para que regresemos. Cuando preguntamos por qué, responden “because of the wolves” (debido a los lobos). Sólo ver sus huellas los días siguientes o recibir la noticia de que la semana anterior habían devorado un perro del campamento, nos pone la piel de gallina.

El Valle del Karkará:

Comenzamos las jornadas de esquí reconociendo el Valle de Karkará, el más próximo a las instalaciones. En esta toma de contacto, descubrimos un terreno muy variado de laderas poco inclinadas de bosque muy abierto de coníferas. Tan sólo en las laderas cimeras observamos mayor inclinación y terreno rocoso. En la zona intermedia encontramos pequeñas hoyas y espolones, palas más inclinadas, cornisas… es una zona muy divertida con un relieve muy franco. Las rampas se van tumbando hacia el fondo del valle hasta llegar al río en el que se encuentra nuestra base. El valle de Karkará ofrece opciones muy variadas para todos los niveles y sus zonas de bosque son perfectas para resguardarnos en los días de poca visibilidad o mal tiempo.

Los servicios del campamento incluyen el traslado en motos de nieve, a primera hora de la jornada, hasta el fondo del valle elegido para esquiar. O bien sentados en la parte trasera de las motos, o remolcados con cuerdas, nos dejarán en el comienzo de las pendientes pronunciadas. Ir remolcado es mucho más cansado, pero desde luego, infinitamente más divertido.

Desde donde nos han dejado las motos en esta primera jornada, ya podemos contemplar el objetivo de hoy: el Karkará Peak, de 3150 m de altitud. Su cara norte presenta unos contrafuertes empinados e interesantes entre los que se encuentran corredores asequibles. Proponemos a Vadim, nuestro guía, el descenso por uno de esos corredores para empezar. Pero nos sorprende diciendo que no ve posible la bajada, no por la dificultad técnica si no porque en esta época del año la nieve está muy inestable. Insistimos y decidimos intentarlo.

Llegando a la zona en donde empieza la pendiente vemos que la nieve está muy venteada por lo que pensamos que sería conveniente hacer un rápido sondeo antes de entrar en la parte expuesta. El resultado nos deja atónitos: nunca hemos visto un manto de nieve como éste en ninguna otra montaña a la que hayamos ido. Bajo 50 cm de nieve polvo compacta, el manto está compuesto por más de un metro de cubiletes sin ninguna cohesión, hasta el suelo. Por supuesto que los tests de inestabilidad nos confirman las sospechas: con una sobrecarga débil se viene abajo.

Va a ser que Vadim tenía mucha razón. Nos cuenta que esto es habitual aquí y que en primavera el manto es muy inestable. Probablemente el intenso y continuo frío que llega hasta aquí durante todo el invierno desde Siberia, transforma cada capa de nieve que cae en granos angulados y de nula cohesión, haciendo que la nieve de primavera superficial menos fría, aísle y mantenga la metamorfosis de gradiente térmico durante muchas jornadas. Decidimos seguir por la cresta medio pelada hasta donde consideramos que empieza a no ser asumible el riesgo. Nos calzamos los esquís y bajamos la parte peligrosa por la misma cresta para luego afrontar las laderas bajas menos inestables. Por supuesto con todas las medidas de precaución posibles y el asa del ABS a mano.

Llegados al fondo del valle, volvemos a remontar hacia otras zonas más protegidas por el bosque, en donde el viento no ha formado placas tan densas. Desde el cordal entre el Chamynsai y el Karkará podemos ver el impresionante circo de la cara Noroeste de este último pico. Una pena pensar que, si no cambia, con estas condiciones va a ser intocable. Aún así, el terreno de juego en la zona boscosa es muy divertida, con cornisas, acumulaciones de nieve polvo y protegidos del viento.

Aprovechamos este valle para esquiar durante esos días en los que, ya sea por las malas condiciones meteorológicas o por la inestabilidad del manto nivoso, aventurarnos más allá resulta peligroso. La cantidad de pequeñas lomas, con diferentes orientaciones y pendientes, hacen que siempre encontremos rincones interesantes y divertidos de esquiar. Y para finalizar la jornada sólo te tienes que dejar deslizar valle abajo, por donde las motos nos han remolcado a primera hora, para llegar hasta el campamento a la orilla del río, y reponer fuerzas para el día siguiente.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Descenso de la cara Norte del Pico Lenin

Altitud 7134 m, desnivel 3000 m, inclinación media 40º y 50º de máxima… La imagen de la inmensa cara norte del Pico Lenin, blanca de nieve y azul de hielo, nos cautivó desde la primera vez que la vimos en foto. ¡Teníamos que esquiarla!

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¿Realmente será posible esquiar la cara norte después de tantas nevadas? ¿Será suficiente la aclimatación que tengo? ¿Seré capaz de ascender en solitario hasta la cima? Cuántas dudas te asaltan durante los atardeceres en la montaña.

Camino del Campo 3 con vistas hacia el campo base.

Cerca ya del C3, puedo ver el C2 bajo el espolón rocoso.

Me comunican que Mariano ha intentado subir pero ha tenido que darse la vuelta otra vez, malo del estómago. Me aburro de estar sólo y parado, así que subo al campo 3 por la ruta conocida, pero hoy se me hace más pesado. Llego a él con un vendaval, mucho frío y algo de nubosidad. Estudio la ruta de subida a la cima y descubro que no es lo esquiable que a priori pudiera parecer.

Preparando las tiendas con mis tres vecinos del C3.

Atardecer en el Campo 3 a unos 6200 m.

Me despierto: pocas nubes, mucho frío y muchísimo viento. ¿Qué hago? Aquí sólo me voy a aburrir como una mona, así que me subo. Me forro con toda la ropa que tengo y no asoma ni la punta de la nariz. Empiezo a foquear y aquellas pendientes que veía esquiables están formadas por grandes “sastruguis” difíciles de pasar con las tablas. Dos de mis vecinos se animan a seguirme.

Frío y ventoso amanecer en el campo 3.

El viento y después la niebla hacen penosa la subida.

Paciencia: quita esquís, pon esquís, quita esquís,… ¡Joder, qué largo y pesado es ésto! Mis vecinos se han dado la vuelta. Empiezo a acusar la altitud: cincuenta pasos y descansito. El viento sigue con fuerza, pero lo peor son las nubes en las que ya me veo envuelto. Asciendo lo que supongo será el último repecho empinado antes de la cumbre.

Vista desde el Razdelnaya de la arista que me espera.

De los tres que salieron del C3, ya sólo veo a uno.

Por el aspecto llano y la sucesión de dunas que atisbo entre la niebla, la cima está muy cerca, pero ¿dónde? Empiezo a tener síntomas de ceguera de montaña y no puedo perder más tiempo si quiero tener alguna opción de acceder a las canales que te introducen en la cara norte. Así que decido no seguir buscando más la cima y dirigirme a ellas con los esquís.

El fuerte viento descarna la arista oeste y hace dificil foquear.

Hacia el oeste aparecen las primeras nubes en las cimas.

Realmente no sé por dónde estoy entrando, y si hay algo que me corta el paso. La pendiente se va acentuando y sólo espero no tener que volver a subir lo descendido. Debo pasar por encima de unos domos de nieve dura de unos 45º ó 50º. Me lanzo, y cuando llego a una canal entre ellos se me empotran los esquís en  nieve blanda y caigo.

Parece que la cima está allí, al fondo.

Cerca de la entrada a las canales de acceso a la cara norte.

Como a cámara lenta siento cómo fuerzo los muelles de las fijaciones y una me salta. Me desequilibro y caigo. Despacio al principio pero ganando velocidad súbitamente. No veo nada y no puedo respirar por la nieve que he tragado. Doy vueltas, no sé cuántas. Lucho por incorporarme sobre el único esquí puesto, y lo consigo. Me deslizo sobre él y me detengo.

Con cara de susto entre la niebla y la nieve.

Cuando levanta la niebla consigo hacer algunas fotos de la pared.

No sé dónde estoy con precisión ya que ahora hay peor visibilidad, además de condiciones de nieve para que haya avalanchas, y mi moral por los suelos. Debo seguir bajando y lo hago como si huyera. Enlazo virajes hasta que veo el espolón que baja de la cima y desde allí continúo hasta las rastros de las avalanchas de hace unos días que descienden directamente hasta la base de la pared.

Hay que seguir bajando, aunque no sé bien por donde debo hacerlo.

Cuatro giros y parada. ¡¡Estoy reventado!!

No distingo entre nieve y niebla, entre movimiento y parada. En algunas ocasiones voy tanteando la nieve por delante de mí en busca de grietas ocultas. Y así sigo bajando y bajando, aunque ahora se ha puesto a nevar y la temperatura ha subido estropeando la nieve. Esto es inmenso y no sé por dónde debo seguir para encontrar la huella que me lleve al buen camino entre la peligrosa zona de grietas de la base de la pared.

Casi ni se distinguen los relieves.

Estoy al límite cuando llego a la ruta normal.

¡Veo dos puntos negros que se mueven! Sí, son dos personas en la ruta normal. Les alcanzo antes de que desaparezcan en la niebla. Lo he conseguido. Exhausto llego al campo 1 y al día siguiente al base en donde recibo el abrazo de Mariano y las felicitaciones de mi familia desde el otro lado del teléfono. Son a ellos, familia y amigos a los que agradezco infinito su compañía.

Apenas sin fuerzas llego a la ruta normal, todavía con las señales en la cara de todo lo ocurrido.

Le dedico este descenso a Mariano, ya que sin su compañía nunca hubiera podido realizarlo.

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Pico Razdelnaya: descenso con esquís

El Razdelnaya de 6300 m es uno de los satélites del pico Lenin, en la cordillera del Pamir. Su esquiada hasta el campo 2 de la ruta normal a ese “sietemil” no sólo supuso una buena aclimatación, si no que fue en sí misma, una actividad de lo más exigente.

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación                                       Vídeo

El pico Lenin se encuentra situado en la cordillera del Pamir, en Asia Central, y uno de sus satélites, el Razdelnaya, sirve como aclimatación para poder atacar ese gigante de 7134 m. Esta montaña hace frontera entre Kirguizstán y Tadjikistán, en donde conviven en perfecta armonía musulmanes, ortodoxos, budistas y demás, en un auténtico ejemplo de tolerancia. Mi amigo Mariano Frutos y yo volamos en julio hasta Osh, desde donde una traqueteante furgoneta nos llevó al Campo Base.

 

Ciudad de Osh, rodeada de desierto y montañas.

Mercado de Osh en donde comprar la comida para la expedición.

Paisaje camino del Pamir.

El Campo Base se sitúa a 3600 m en una zona de prados muy agradable y cómoda, justo antes de que la ruta hacia el Pico Lenin se adentre en los hielos de los glaciares de esta impresionante cordillera. Aquí podemos entablar relación con las gentes del lugar que en verano abastecen los campamentos de los alpinistas y que son de lo más hospitalario.

La infraestructura nos la proporcionó la agencia Kirguiz Ak-Sai travel

Yurta de una de las familias nómadas de la zona.

Interior sencillo y confortable de una yurta.

Calor, sol, tormentas, lluvia, granizo y nieve. Ese es el tiempo del que disfrutamos mientras aclimatamos en los picos cercanos. Y aunque el tiempo no es el mejor, nos trasladamos al Campo 1 a 4200 m, como no, bajo una intensa nevada. El mal tiempo hace que nos refugiemos en este campo hasta que las condiciones mejoren, ya que los riesgos en la ruta de subida son evidentes. Estamos a mediados de julio, sólo dos personas han logrado la cima y ya ha habido una víctima mortal.

Empezando la aclimatación.

Aproximándonos al glaciar que viene del Lenin.

Las nevadas son habituales hasta en las proximidades del campo base.

No podemos perder más jornadas y después de una semana de mal tiempo, y tras esperar a que la nieve nueva se asiente, decidimos desempaquetar los esquís y firmar una atractiva pared de un pico cercano. Tenemos ganas de calzarnos ya los esquís después de tantos días refugiados en las tiendas. Pero como habíamos presumido, las avalanchas un día de Sol como hoy van a prodigarse, y esa pala tan bonita que pensábamos descender, se ha venido abajo entera.

Campo 1 a unos 4100 m al pie de la cara norte del Lenin.

El riesgo de aludes era grande tras los días de nevada.

Toma de contacto con las nieves del Pamir en las cercanías del C1.

Durante la noche hemos vuelto a oír cómo nevaba fuera, pero de madrugada nos ponemos los esquís bajo un cielo estrellado. Encendemos los frontales y avanzamos deprisa para superar la zona más técnica y agrietada del glaciar. Es un pequeño caos de seracs y grietas que más vale pasar deprisa y que supone la parte más complicada de la ruta. A partir de aquí aceleramos el ritmo, ya que hasta el campo 2 nos espera una larga y expuesta travesía ascendente, por donde las avalanchas a menudo barren la huella provenientes de la cara norte del Lenin.

De madrugada camino del campo 2.

Llegando a la zona de seracs que caen de la cara norte.

Laberinto de grietas para acceder a la cara norte.

Una vez instalado el Campo 2, derretimos nieve y contemplamos un plácido atardecer. Todo parece perfecto, pero no. Miro a Mariano y veo que tiene mala cara, y por lo que dice, peor estómago. No pega ojo en toda la noche, y a la mañana siguiente decide bajarse al campo base para recuperarse. Son momentos de incertidumbre en los que no sabes si descender con tu colega o ir preparando el terreno mientras se recupera más abajo. Me quedo con la esperanza de que, mientras monto el campo 3, mejore y vuelva aquí.

Plató bajo la cara norte del Lenin con el Razdelnaya al fondo.

Aglomeración en el Campo 2.

Mariano tiene que bajar para recuperarse.

El Razdelnaya es un pico de 6300 m que se encuentra sobre el emplazamiento del campo 3, muy cerca de éste. Decido emplear el día en ascender a él y enfilo las larguísimas pendientes que poco a poco se van empinando cada vez más. Comienzo con los esquís puestos pero en la parte alta la inclinación de unos 40º, hacen que sea más prudente echarlos a la espalda. En tan sólo 3 horas llego a la cima, quito pieles, bloqueo fijaciones, aprieto ganchos y cojo bastones: unas pocas fotos, alguna secuencia de vídeo y me bajo.

Seracs cerca del campo 2 que luego saltaría en el descenso.

Camino del Razdelnaya con el Campo 2 y medio a 5500 m.

En el Razdelnaya preparándome para bajar esquiando.

Los primeros giros son cautelosos, pero cuando llego a la zona empinada me acelero. Esta nieve costra y ligeramente compacta, rompe bien  yendo rápido y con viraje amplio. Voy cogiendo confianza a medida que desciendo y aunque la fatiga hace que tenga que parar de vez en cuando, estoy disfrutando como pocas veces. Incluso me permito el lujo de un pequeño salto en unos seracs cerca ya del campo 2.

Preparado para el descenso con el Lenin al fondo.

Huellas de mis esquís en las laderas del Razdelnaya.

Estoy pletórico y pienso que el Lenin es pan comido. ¡Qué equivocado estaba!

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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Ascensión al Tryo Glavaya

El Campo Base del glaciar Inylchek Sur se encuentra en una de sus morrenas laterales, justo en la falda del Tryo-Glavaya de 5504 m. Después del treking para llegar hasta aquí, había que intentar ascender a su cima norte.

                       Ficha Técnica                                                                   Mapa de Situación

                          

Una vez que decidimos separarnos para intentar las dos cimas que nos parecían asequibles desde este Campo Base, el Pesni-Abay y el Tryo-Glavaya, y con la escasa información que habíamos recopilado, Álvaro, Alberto y yo preparamos el material. Esa tarde decidimos reconocer al camino por el glaciar hasta el comienzo de la ascensión, e incluso remontamos los primeros metros para precisar la dificultad de la ruta. Esta cara noroeste es glaciar en su totalidad y aunque sus rampas no parecían superar los 50º nos inquietaba el no tener claro lo que nos íbamos a encontrar.

El Tryo Glavaya Norte.

Ya de madrugada remontamos algo el glaciar y enfrentamos las primeras rampas con los frontales. La nieve estaba podrida y rehelada, haciendo que tuviéramos que asegurarnos en los tramos expuestos. Tras estas primeras rampas, el itinerario remonta sobre los cortados de la cara norte por lo que hay que extremar las precauciones. La continua pendiente de entre 45º y 55º está tan helada que los crampones apenas penetran en ella. Progresamos más despacio de lo que querríamos.

Mucho frío saliendo a las 3 de la madrugada del CB.

Primeras rampas y primeras luces.

La continua pendiente no permite ningún descuido.

Un balcón perfecto al Inylchek Sur.

Pasada esta expuesta zona, la pendiente gira sobre la cara noroeste y disminuye su inclinación, pero ahora el peligro son los puentes de nieve blanda sobre las grietas. Llevamos 6 horas de escalada y es ahora, desde la perspectiva que nos proporcionan los 5000 m a los que hemos llegado, cuando nos damos cuenta de las verdaderas dimensiones de este lugar. Los gigantescos bastiones de 7000 m que protegen este caudal de hielo hasta su fusión a más de 60 km, se pierden en la neblina de la mañana y nos abstraen momentáneamente en este hombro al que hemos llegado.

En la parte superior, la pendiente vuelve a empinarse.

La nieve rehelada se trasforma rápidamente con el sol.

A pesar de que los últimos cien metros de rampas que conducen a la cima se elevan frente a nosotros, decidimos retirarnos prudentemente, ya que el Sol comienza a debilitar los puentes sobre las numerosas grietas que nos esperan más abajo.

Con el Khan Tengri al fondo.

Desde aquí podemos adivinar parte del treking por el glaciar.

Y en este rellano por encima de los 5000 m, justo antes de la última rampa, decidimos bajarnos.

Así pudimos comprobarlo después, cuando Álvaro se coló hasta las axilas, quedando sujeto del piolet y la cuerda. Tras otras seis horas más, llegamos al campo base cansados pero enormemente satisfechos.

Delicado descenso en algunos tramos.

Con la nieve blanda tras el susto en la grieta.

De vuelta en el CB con el Tryo Glavaya al fondo.

A pesar de la nerviosa mirada que echamos al helicóptero destrozado que se encuentra en una grieta del glaciar junto al campo base, esperamos impacientemente el regreso sobrevolando el itinerario de venida. Nos despedimos del Guía y los porteadores y, en medio del estruendo de las hélices, nos elevamos mientras recorríamos con la mirada nuestras huellas del día anterior por el Tryo-Glavaya y el Pesni-Abay.

El helicóptero que nos llevará de regreso.

Nos despedimos del Inylchek remontando collados de más de 5000 m.

Sobrevolando en unos minutos todas esas montañas que tantos días nos llevó atravesar.

La grandiosidad del Inylchek se extiende bajo nosotros, ya no como un caos de hielo y rocas, sino como un conjunto ordenado de lenguas glaciares que se van agrupando en una sola, y en el que sus morrenas paralelas marcan el camino a seguir entre las enormes montañas que lo enmarcan. Cuando el piloto cambia de dirección para atravesar la cordillera, el espectáculo al pasar entre los contrafuertes de hielo, nos hace sacar la cabeza, literalmente, por las ventanillas. Después otro valle glaciar y más montañas, y tras éstos, los extensos prados y bosques hasta el Issik-Kul que te devuelven, con mucha pena, a la civilización.

Y por fin una buena cerveza fresquita.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Alpinismo

Ascensión al Pesni-Abay

Tras nueve días de marcha por el glaciar Inylchek llegamos hasta el Campo Base del Khan-Tengri y la ascensión al Pesni-Abay de 4901 m podría poner la guinda a este impresionante treking.

                      Ficha Técnica                                                                Mapa de Situación

                       

Una vez que llegamos al Campo Base del Khan-Tengri, nos tomamos un día de descanso para reponernos y disfrutar de las vistas de este lugar increíble. También aprovechamos para realizar algunas prácticas de escalada entre los seracs del glaciar y  preparar el material para ascender a alguno de los picos que rodean el campamento. Sólo disponemos de un día de margen, ya que el regreso a la civilización se hace en helicóptero y éste sólo vuela en determinados días y cuando el tiempo lo permite. Perderlo puede suponer una espera de varios días más.

Practicando en el glaciar Inylchek.

Con el Khan Tengri al fondo.

Decidir que ascensión realizaríamos al día siguiente no fue fácil. La información que se tiene sobre las posibles ascensiones y los datos técnicos es escasa, e incluso por parte del personal que atiende el campamento. Así que después de proponer los diferentes puntos de vista, decidimos separamos en dos grupos: uno irá a escalar el Pesni-Abay y otro una montaña del macizo del Tryo-Glavaya de la que no hemos averiguado ni siquiera el nombre.

El Chapaeva y el Khan Tengri.

De madrugada Pablo, Pepe y Roman deshacen parte del camino de días anteriores para después atravesar nuevamente el glaciar Inylchek y dirigirse al la cara sureste del Pesni. En esta época es posible ascender la mayor parte del pico sin pisar la nieve, por unas incómodas pedreras que remontan buena parte de la ladera. A medida que ganamos altura, el paisaje cobra fuerza y disfrutas de un panorama soberbio sobre los hielos del glaciar. Hacia el sur te topas con la complejidad del murallón de la cara norte del pico Pobeda de 7439 m, que dicen ser tan difícil como un ochomil. Hacia el norte destacan las perfectas líneas doradas del Khan Tengri de 7010 m.

Camino del Pesni a través del glaciar.

Primeras rampas del Pesni.

El pico Pobeda al fondo.

Ya en la parte superior llegamos a la nieve y la pendiente se empina. En los últimos metros aparecen las dificultades en forma de un penacho glaciar como una aguja que vuela sobre el vacío de 1000 m de la cara Norte. Bien asegurado por Pepe y Roman, Pablo consigue encaramarse a lo más alto de esta afilada cima, proporcionándoles  la impresionante panorámica de estos glaciares perdiéndose en la bruma de la lejanía.

Román cerca ya de la cumbre

Pablo en los últimos metros.

Cima del Pesni Abay.

No hay tiempo que perder y es que la ruta es larga y las horas de luz no se pueden estirar. Intentar orientarse de noche entre las grietas del glaciar no es algo que apetezca demasiado, así que acelerando todo lo que las piernas te permiten, descendemos lo más rápido que podemos y con las últimas luces conseguimos llegar al Campo Base. Al día siguiente viene el helicóptero a recogernos y éste no espera.

Por fin de vuelta en el Campo Base.

Texto: Luis Pantoja; Fotos: Pepe y Pablo Fernández

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