Iceland: Husavik-Snaefellsnes

Desde las llanuras interiores de Islandia en donde encontramos las más grandes y bellas cascadas, pasando por las tierras convulsas que rodean el lago Myvatn y los profundos fiordos en donde nadan las ballenas cerca de Husavik, y acabando en el misterioso Snaefellsjokull en cuyas laderas situó Julio Verne la entrada al centro de la Tierra, todo en el norte de esta isla de hielo y fuego es grandioso.

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Nuestra última etapa por Islandia nos llevó desde Egilsstadir en el nordeste, hasta la península de Snaefellsnes al noroeste. Una larga travesía por el norte de la isla en donde podremos contemplar otros paisajes algo diferentes a los del sur, aunque también dominados por el hielo y el fuego. Cerca de la ciudad de Egilsstadir nos encontramos con una de las cascadas más curiosas, Hengifoss, con sus vetas de arcilla rojiza partiendo la pared basáltica por la que se despeña el agua. Arcilla que procede de la fosilización de restos de coníferas que nos hablan de una era Terciaria más cálida que la actual.

Fotos: Javier Flores

Desde allí nos adentramos en las tierras llanas del interior de la isla camino del norte, por donde no es difícil ver renos salvajes. Más fácil es encontrarse con rebaños de ovejas islandesas famosas por la calidad de sus lanas con las que después tejen abrigadísimos jerseys, gorros, mantas y demás. Aunque son también famosas por protagonizar “el misterio de las ovejas islandesas”. A nosotros nos lo habían comentado, pero no nos lo creímos hasta que lo pudimos comprobar: van siempre de tres en tres. ¿Por qué? Parece ser que en primavera, las mamás ovejas tienen normalmente dos corderitos que la acompañan hasta el otoño.

Toda esta región interior se encuentra muy poco poblada y las carreteras asfaltadas se limitan al anillo del “Ring Road”. Las pistas, sólo aptas para todoterrenos, se dirigen hacia el sur atravesando el centro de la isla y rodeando los grandes casquetes glaciares del Vatnajokull, del Langjokull y del Hofsjokull. Hacia el norte se encuentra la cascada Dettifoss, famosa por ser el lugar en el que comienza la película “Prometheus”. Se la considera la más caudalosa de Europa, con una anchura de 100 m y una altura de 45 m. El volumen de agua que se precipita por este cañón es sobrecogedor, e impresiona pensar que todo el desfiladero fue creado por una descomunal avenida de agua.

El lago Myvatn es uno de los más grandes de la isla y destino para la observación ornitológica gracias a las moscas que allí abundan y sirven de alimento a las aves (my-vatn se traduce como lago de las moscas) como los eider de las fotos. El calor del suelo hace que en esta zona existan hornos naturales para hacer pan, excavados en la misma tierra. También existen muchos tubos volcánicos en el subsuelo, algunos con aguas termales en donde es posible darse un baño caliente.

Cerca de Myvatn se encuentra la caldera volcánica de Krafla, que entró en erupción en 1984 por última vez. Existe allí una gran actividad con fumarolas, sulfataras, lagos de azufre, marmitas de barro hirviente y coladas de la última erupción, todavía muy calientes y humeantes. Todo el territorio nos recuerda la juventud de estos suelos y lo convulso de su origen, y el nombre que recibe uno de sus cráteres, Viti (infierno en islandés), define completamente este lugar.

Camino de Husavik se puede visitar una de las cascadas más bellas de Islandia, a pesar de ser de las más pequeñas: la cascada de los dioses, Godafoss, que deslumbra con las luces del atardecer.

Foto: Javier Flores

Husavik es un importante puerto pesquero de la costa del norte de la isla. El fiordo está rodeado de cadenas montañosas con numeroso glaciares de valle, parecidos a los alpinos. Sus frías y profundas aguas atraen la visita de las ballenas y las orcas. Tradicionalmente se han cazado estos animales, pero en la actualidad, esta actividad está siendo sustituida por la observación de estos mamíferos. Numerosos barcos de pesca se han reconvertido para el avistamiento de cetáceos y, aunque en principio parece que esta actividad pueda molestarlos, siempre será menos nociva que su caza. Hay que decir que existen unas escrupulosas reglas para molestarles lo menos posible.

Foto: Javier Flores

Foto: Javier Flores

La última parte de nuestro viaje por Islandia nos llevó hasta la península de Snaefellsnes, al oeste de la isla. La bordeamos por su lado norte desde el precioso y tranquilo pueblo de Grundarfjordur, en donde se encuentra una de las montañas más fotografiadas de Islandia, el Kirkjufell, cuyo perfil piramidal se eleva desde el mismo océano. Se puede rodear la península en torno al Snaefellsjokul, casquete glaciar que corona este estratovolcán en el que Julio Verne situó la entrada de la cueva que llevaba al centro de la Tierra.

La ascensión del Snaefellsjokjull es sencilla y más si se accede por una pista de tierra que sube desde Arnarstapi y deja muy cerca del hielo. Nosotros nuevamente tuvimos mala suerte y el mal tiempo apenas dejó que viéramos su cima, y la lluvia y el viento nos obligó a dar la vuelta. Nos tuvimos que conformar con ascender alguna de las montañas cercanas más bajitas y darnos una buena carrera de bajada por las coladas de piedra volcánica.

Acampamos en las faldas del Snaefellsjokull, sobre un cómodo cochón de hierbas y musgos, rodeados de arándanos y con un arroyo cercano. El lugar perfecto desde el que contemplar las formaciones nubosas sobre la montaña mientras oscurece. Y con el negro de la noche fueron apareciendo las luces del norte, las auroras boreales. Aguantando en los sacos de plumas con la cabeza fuera de la tienda mientras el espectáculo de colores no dejaba de bailar en el cielo, hasta que el sueño nos venció. Una noche mágica en un lugar mágico. ¡Volveremos!

Texto: RECmountain. Imágenes: Javier Flores y equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Iceland: hielos del Vatnajokull

El Vatnajokull es la masa de hielo continental más grande del hemisferio norte si exceptuamos la de Groenlandia. Se sitúa al sureste de la isla, cubriendo el pico más alto de Islandia, el Havannadalshnukur de 2117 m de altitud, en el borde sur del hielo. Sus lenguas glaciares descienden hasta casi la costa, desprendiéndose en icebergs en las lagunas que desembocan en el mar. Todo un espectáculo de hielo.

Ficha Técnica                   Vídeo                   Mapa de Situación

El glaciar Vatnajokull es el casquete de hielo más grande de Europa y uno de los más extensos del mundo, con una superficie de 8100 km2 y un espesor que llega hasta los 1000 metros de profundidad. El punto más alto se sitúa en el extremo sur del campo de hielo y es un cono volcánico de 2117 m de altitud que también ostenta el título de montaña más elevada de Islandia, al Havannadalshnukur. Su superficie helada tiene unos 150 km de ancho y 100 km de norte a sur, aunque al igual que la mayoría de glaciares de la Tierra, actualmente está en regresión y ha perdido casi 500 km2 en los últimos 50 años. En el Centro de Interpretación del Parque Nacional de Skaftafell se pueden observar las fotos comparativas de cómo eran las lenguas glaciares que descendían del Vatnajokull en 1925 y que demuestran una vez más las graves consecuencias que tiene el calentamiento global.

Glaciar Falljokull 1925-2012

Glaciar Saftafellsjokull 1925-2012

Glaciar Svinafellsjokull 1925-2012

Desde el Centro de Interpretación asciende un sendero hacia la cascada de Svartifoss por una de las pocas zonas de bosque de Islandia. Un bosque más bien raquítico debido a las duras condiciones del entorno, aquí algo protegido por el relieve de los vientos fríos del norte, a sotavento de las montañas que soportan los hielos del Vatnajokull. En cuanto ganamos altura podemos ver la lengua del glaciar Oraefajokull precipitando grandes seracs desde el plató helado. Y justo por encima del plató, destaca el pitón rocoso del Havannadalshnukur. Éste fue el único momento en el que pudimos verlo entre las nubes. Su ascensión era uno de nuestros objetivos, pero el mal tiempo no nos concedió ninguna oportunidad.

Glaciar Oraefajokull

El Hvannadalshnukur de 2117 m

Svartifoss

Enseguida se llega a la preciosa cascada de Svartifoss que se despeña entre verticales columnas de basalto perfectamente hexagonales, apareciendo como un gigantesco órgano de catedral. Remontando la cascada, el camino asciende hasta la amplia cresta que domina el inmenso paisaje de este Parque Nacional: hacia el norte las montañas se sumergen bajo el hielo del Vatnajokull; hacia el oeste contemplamos los ondulantes dibujos que las morrenas trazan en el hielo del Skeidararjokull; hacia el este las cascadas de seracs de los glaciares que rodean el Havannadalshnukur; y hacia el sur, los serpenteantes torrentes que fluyen hasta el mar, al fondo.

Glaciar Skeidararjokull

Glaciar Virkisjokull

Ya de regreso, atravesamos los numerosos cordones morrénicos frontales que ha ido dejando el glaciar Skeidararjokull en su camino de regresión, con infinidad de bloques erráticos y curiosas piedras fracturadas en láminas por los procesos de gelifracción. Nos adentramos hasta pisar sus hielos, sucios por el barro y las cenizas que transporta procedentes de las erupciones que de vez en cuando sacuden el glaciar. La última erupción ocurrió en el volcán Grimsvotn en la zona norte del campo de hielo, en mayo del 2011 y alcanzó una potencia de 4 en la escala de explosividad volcánica (del 1 al 8) licuando parte del casquete glaciar. Más hacia el este se pueden observar las cascadas heladas de los glaciares Skaftafellsjokull y Falljökull.

Glaciar Skeidararjokull

Glaciar Falljokull

Otra de las lenguas del Vatnajokull que visitamos fue la del glaciar Svinafellsjokull con sus azulados bloques de hielo en contraste con el marrón-verdoso de las aguas de la laguna que forma en su frente. Un mundo glaciar en el que está grabada la historia volcánica de la isla en una sucesión de estratos de hielo y cenizas que parecen las páginas de una gran enciclopedia natural.

Glaciar Svinafellsjokull

Por último, bajo la lluvia, visitamos las lagunas del glaciar Fjallsjokull y la del glaciar Breidarmerkurjokull, en donde el hielo desemboca formando hermosos icebergs. Tanto nos gustó que volvimos al día siguiente para verlo mejor y disfrutarlo con mejores luces. La laguna Jokulsarlon es la más grande y las cascadas de seracs procedentes del Vatnajikull vierten sus hielos al agua formando grandes icebergs que brillan en blancos, azules y verdes ofreciendo un espectáculo grandioso.

Glaciar Fjallsjokull y su laguna Fjallsarlon

Glaciar Breidarmerkurjokull y su laguna Jokulsarlon

La laguna desemboca en el mar y los icebergs van lentamente dirigiéndose hacia el océano mientras las focas juguetean entre ellos. Los bloques de hielo se enfrentan al oleaje y las corrientes, algunos comenzando un largo viaje hacia mar abierto en donde acabarán fundiéndose con el agua salada. Unos transparentes, otros azulados y algunos blancos y brillantes, en contraste con el profundo verde del Océano Atlántico.

Algunos icebergs son fracturados en bloques que alcanzan las playas cercanas posándose sobre la negra arena volcánica, brillando como diamantes en cuanto el sol asoma entre las nubes. El juego de luces de la espuma blanca, la arena negra y el hielo azul nos hechiza hasta el punto de acabar alcanzados por las olas de este helado mar.

Finalmente, camino del norte de la isla, nos alejamos de los pueblos buscando la oscuridad para vivaquear. En esta zona del planeta, la contaminación lumínica es mínima y las estrellas destacan contra el profundo negro del cielo. Y a este espectáculo estrellado, repentinamente se le añadió el baile de las luces del norte. Así conseguimos esa imagen que veníamos buscando en estas latitudes: a un lado de nosotros la Vía Láctea y al otro la Aurora Boreal. ¿Se puede pedir más?

Texto: RECmountain. Imágenes: Javier Flores y equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Integral de Fuentes Carrionas

Una auténtica ruta de mountain-trail: con 35 km de distancia casi sin bajar de los 2000 m, 3500 m de desnivel positivo, tramos para correr sin perder de vista los hitos y lo mejor, zonas de trepada fácil pero en donde es posible enriscarse y hay que andar con ojo. Un recorrido que une muchas de las montañas emblemáticas de la Cordillera Cantábrica.

Ficha Técnica                                        Mapa de Situación

                    

Hace un par de años, corriendo al Peña Prieta desde Cardaño de Arriba, se nos ocurrió la idea de unir tres de las montañas más altas de Palencia: el Curavacas, Peña Prieta y el Espigüete. Hablando con nuestro amigo Vidal Rioja, experto conocedor de estas montañas y autor de varios libros que os recomendamos, nos dijo que eso era una ruta ya conocida que llaman la Integral de Fuentes Carrionas. Quedamos en hacerla con él así que este año estamos decididos a ello. Aprovechando unos días de calor de agosto fuimos a probar la ruta, aunque ni Álvaro ni Vidal pudieron acompañarnos. Comenzamos en Vidrieros a las 10,40 h sin un objetivo claro de hasta donde llegaríamos en este reconocimiento.

Rellenamos agua en el arroyo antes de la pedrera que sube por el Callejo Grande al Curavacas ya que era probable no poder coger agua en todo el camino. Esta inmensa mole de conglomerado se sube con facilidad hasta La Llana en el espolón este, por donde continuamos hasta la cumbre. Desde la cima del Curavacas a 2524 m ya se podía ver nuestro objetivo, el Espigüete.

Desde la cumbre bajamos al collado y subimos al Pico Medio para volver a bajar al collado de la canal Oeste. Desde ahí, por unas repisas y terrazas, rodeamos la Cima Oeste (2500 m) por su pared suroeste.

Después ascendimos, medio trepando, medio corriendo, a la Curruquilla (2420 m) y a la Hoya Contina (2394 m), hasta el cordal que separa el río de Las Lomas del río Carrión. El calor y la sed nos obligó a descender hacia el este en el Collado del Ves hasta un manantial en donde rellenamos de agua.

El tramo siguiente hasta el Tres Provincias es mucho más “corrible” remontando los Altos del Ves (2199 m), del Calderón (2275 m), del Tío Celestino (2258 m), de La Panda (2397 m) y del Concejo (2439 m).

Desde el Mojón Tres Provincias (2498 m) seguimos la cresta a la Peña del Infierno (2525 m) y al Peña Prieta (2540 m), el punto más alto del recorrido. Estos picos forman hacia el sur el circo en el que reposa la laguna de Fuentes Carrionas, como si fuera un cono volcánico.

Estamos a la mitad del recorrido y decidimos continuar corriendo hasta donde dé el día. Rodeamos el Tres Provincias por el norte y vamos a las Agujas de Cardaño (2393 m) que sorteamos por la vertiente de Bobias. Aquí el conglomerado ha dejado paso al granito. Desde allí volvemos a ascender hacia los picos Las Lomas (2438 m), Las Cuartas (2451 m) y Cebolleda (2244 m), con las lagunas del Hoyo de Vargas al fondo.

La roca vuelve a cambiar al negro y verde del conglomerado, formando una preciosa pirámide, las Peñas Malas (2282 m). Sus canales, brechas y pendientes nos hacen imaginarla con nieve y nos proponemos visitarla el próximo invierno.

El Espigüete está al alcance de la mano. Subimos al Pico Murcia (2355 m) y parece que otro tramo de carrerita nos llevará fácilmente hasta sus paredes de blanca caliza. Pero en la Peña El Águila perdemos el camino y nos toca hacer un delicado destrepe que nos hace perder un tiempo muy valioso.

Apenas tenemos agua y bajamos en busca de ella hacia el este en el collado de Arra. Esta vez no ha habido suerte así que afrontamos la subida del Espigüete resecos. Subimos por la cresta noroeste pero a 150 m por debajo de la cima se nos va el sol. Asomados a este vertical circo norte y sin tener claro por donde sube la ruta, decidimos regresar por el conocido Valle de Mazobre hasta la carretera a Cardaño.

Nos han faltado los últimos 150 m de la ruta, pero ¿qué mejor excusa para volver a completarla con Álvaro y Vidal?

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Iceland: Eyjafjallajokull

El volcán Eyjafjallajokull y su hermano mayor el Katla, permanecen amenazantes con sus corazones de magma y sus cabezas heladas, flanqueando el paso del último tramo del trekking que desde Landmannalaugar lleva hasta Skogar en la costa sur de Islandia. Un recorrido entre conos volcánicos, casquetes glaciares, torrentes de montaña y cascadas, muchas cascadas hasta los verdes paisajes de las tierras bajas.

Ficha Técnica                  Vídeo                 Mapa de Situación

Las últimas etapas del trekking de Landmannalaugar nos llevan desde el valle de Thorsmork, “el bosque de Thor”, hasta el collado de Fimmvorduháls entre los casquetes glaciares del Eyjafjallajokull y del Mýrdalsjokull, para descender desde allí hasta Skogar en la costa sur. Los dos glaciares coronan dos de los volcanes más activos de la zona: el Eyjafjallajokull y su hermano mayor el Katla bajo los hielos del Myrdalsjokull. La erupción del primero en abril del 2010 fue la causante del cierre del espacio aéreo europeo durante varias jornadas debido a la gran emisión de gases y cenizas volcánicas. En aquella ocasión el temor era que ese episodio de actividad volcánica activara también el Katla, como en otras ocasiones pretéritas, que es uno de los potencialmente más peligrosos volcanes de la Tierra.

Fotos Hola.com

Nosotros realizamos el camino a la inversa partiendo desde Skogar a nivel del mar, hasta el collado de Fimmvorduháls a 1000 m de altitud y a unos 14 km de distancia, para después regresar nuevamente a la costa. Después de visitar la cercana cascada de Seljalandfoss que se puede rodear por su interior, nos dirigimos a la impresionante cascada de Skogafoss, de 62 metros de caída. Es desde aquí desde donde comienza la ruta que primero asciende pegado a la cascada hasta su parte alta, y luego se dirige hacia el interior remontando el río Skogar y sus 24 cascadas más.

Foto: Javier Flores

Por encima de Skogafoss el verde paisaje se vuelve más llano, y el río Skogar ha tallado profundas gargantas por las que se precipita en innumerables cascadas de todos los tamaños. A cada vuelta del camino vas encontrando nuevos cañones por donde se despeña el torrente de agua formando cataratas de todas las formas y alturas. Por aquí ya no crecen árboles y el terreno está tapizado de matorrales, hierbas de montaña y musgos, que crean un vasto paisaje de color verde intenso y brillante, sólo roto por las gargantas y los torrentes.

Continuando camino arriba seguimos encontrando nuevas cascadas y nuevos cañones en cuyas verticales paredes se agarran musgos y líquenes, y que aprovechan las aves marinas para anidar. Vertiginosas gargantas que rompen el amplio paisaje que se extiende hasta los glaciares que por fin, aparecen al fondo. A la izquierda el Eyjafjallajokull con sus 1666 m y a la derecha el Myrdalsjokull de 1493 m, cada uno con su casquete de hielo y normalmente adornados por sus boinas de nubes debido al frío que emana del glaciar.

En una revuelta del camino cerca del río, nos topamos con una bandada de perdices nivales posadas en un promontorio. Fueron generosas y nos dejaron sacar el teleobjetivo y conseguir unas buenas imágenes en las que podemos apreciar su plumaje de verano sustituyendo al blanco del invierno, esas patas con botas de plumas para no pasar frío y esa cejilla roja sobre los ojos.

Cruzamos el río y seguimos por un paisaje más árido que va acercándose a los cordones de morrenas rocosas que provienen de los volcanes. Algunos de ellos todavía con una buena capa de cenizas, probablemente de la última erupción del 2010. Suelo recién formado que nos muestra la juventud de esta isla, todavía en creación. No podemos evitar bajar a grandes zancadas por estas laderas de escorias y coladas.

Alcanzamos el primer refugio cercano al collado Fimmvorduháls. Un lugar a caballo entre los dos glaciares que da paso al valle de Thorsmork. Desde aquí apreciamos hundimientos del hielo en el glaciar Eyjafjallajokull producidos por el calor emanado por el volcán de su interior y nos imaginamos cómo debió ser aquella erupción del 2010 que colapso y derritió parte del casquete helado creando grandes avenidas torrenciales de agua en los valles. Hacia el otro lado vemos el glaciar Myrdalsjokull, más grande en extensión que el anterior y cuyo frío plató helado produce una permanente nube de niebla en su zona más alta. Es un lugar verdaderamente inhóspito y amenazante.

Desandamos el largo camino de regreso a Skogafoss volviendo a disfrutar de las cascadas iluminadas por las luces de la puesta de sol. Llegando a la costa nos acercamos a ver una de las lenguas glaciares que descienden desde el Myrdalsjokull, el glaciar Sólheimajökull que, con los últimos rayos de sol y las primeras gotas de lluvia, nos ofrece un impresionante arcoíris doble sobre sus hielos y sus lagunas. Un juego de luces tan cambiantes como su meteorología e incluso como su geografía, tan joven y tan convulsa.

Al día siguiente fuimos al faro de Dyrholaey que domina un promontorio sobre la inmensa playa de Solheimasandur en donde podemos ver el fuselaje de un avión que se estrelló en ella hace ya años. Además de por sus pitones y columnas basálticas, esta zona es conocida por ser una de las mejores para la observación de aves marinas como las gaviotas, las alcas, los fulmares y los simpáticos frailecillos, que anidan en sus acantilados.

Aunque la lluvia no nos dio cuartelillo y apenas pudimos ver los frailecillos, hemos disfrutado con las fotos de estas graciosas aves hechas por Javier Flores unos días antes de nuestra visita. Lo bueno es que ya tenemos excusa para volver a la isla.

Foto: Javier Flores

Texto: RECmountain. Imágenes: Javier Flores y equipo RECmountain

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Iceland: Brennisteinsalda

Desde Landmannalaugar podemos hacer una preciosa ruta circular que nos lleva hasta el pico Brennisteinsalda y “Las Montañas de Colores”. Un lugar en el que se mezclan toda la paleta de colores de un pintor y en el que las fumarolas, las aguas hirviendo y los neveros conforman un paisaje mágico mezcla de fuego y de hielo.

Ficha Técnica                    Vídeo                    Mapa de Situación

En Landmannalaugar comienza uno de los trekkings más bonitos de Islandia que en cuatro o cinco jornadas llega hasta Skogar en la costa sur. Atraviesa un paisaje volcánico y glaciar único que asombra por ser bello e inhóspito a la vez. Si el tiempo apremia podemos realizar excursiones de una jornada por el entorno de este enclave para llevarnos en nuestras retinas una muestra de su esencia. Comenzamos en Landmannalaugar, a 600 m de altitud, ascendiendo las montañas que cierran el valle por el norte. A medida que ganas altura vas apreciando el entorno peculiar del que partes, al borde mismo de la colada volcánica del Laugahraun que rellenó el valle.

En cuanto alcanzas la zona alta de estas montañas, a unos 900 m de altitud, y miras alrededor, recibes una lección visual de geología, con amplios valles en el que las aguas torrenciales de deshielo serpentean por el llano. En medio de este vasto paisaje se ve claramente el punto de salida de la colada volcánica y como ha bloqueado la salida natural de las aguas del valle, obligándolas a buscarse un recorrido alternativo erosionando las laderas de las montañas.

A mediados de septiembre todavía se conservan numerosos neveros y heleros en estas montañas que alcanzan los 1000 m de altitud y, como no, Alberto no puede resistir ir a pisarlos. Desde esta zona alta bajamos hacia el amplio valle que hay que atravesar para afrontar la subida al Brennisteinsalda, muy próximo al punto del que surge la colada que llega hasta Landmannalaugar. El camino desciende por laderas de tierra de diversos colores: grises, marrones, rojizas que contrastan con el luminoso verde-amarillento de los musgos y líquenes.

En el fondo del valle nos desviamos del sendero hacia la cabecera de una de las vaguadas laterales de donde provienen unas nubes malolientes. En cuanto nos acercamos comprobamos que son emanaciones de aguas sulfurosas. Hay unas cuantas marmitas de agua hirviendo que expulsan fumarolas de gases. El suelo en sus alrededores está tan caliente que no nos atrevemos a pisar con nuestras caras zapatillas. El arroyo que fluye por el valle presenta varios puntos calientes en donde hierve, mezclándose aguas frías de deshielo con las que manan calientes. Es un pequeño valle inquietante en donde parece que en cualquier momento va a resquebrajarse la tierra y salir la lava…

Subimos hacia el Brennisteinsalda abriéndose a nuestros pies valles y montañas de colores a las que se echan en falta los rayos de sol que intensifiquen los tonos y destaquen los relieves. Unas rampas de tierra pelada nos llevan hasta la cima de la montaña de 890 m de altitud, desde donde podemos observar la inmensidad de estos paisajes y su belleza de colores. Más allá vemos las montañas medio nevadas por donde continúa el camino hacia Hrafntinnusker, primera etapa del trekking que lleva hasta Skogar pasando entre los glaciares Eyjafjallajokull y Myrdalsjokull.

Continuando hacia el sur desde la cima del Brennisteinsalda, bajamos para encontrarnos con la ruta del trekking. En esa zona se sitúa el punto desde el que surgió de las entrañas de la tierra el magma que invadió el valle hasta Landmannalaugar. El suelo está todavía caliente y las fumarolas emanan por doquier entre las rocas negras del campo de escoria. Seguimos bajando hacia la zona más activa en la que el gas parece que sale a presión.

Alcanzamos una hondonada en donde el camino se asoma a un agujero desde el que los gases emanan con fuerza. Gracias al fuerte viento de espaldas podemos asomarnos y sentir la respiración misma de la tierra. Sin duda que Gaia está viva y aquí notamos el latir de su corazón haciéndonos comprender el profundo respeto que le debemos.

El Brennisteinsalda queda a nuestras espaldas y, cuando nos damos la vuelta, entendemos el sobrenombre de estas montañas: “Las Montañas de Colores”. El cono volcánico por encima de las fumarolas blancas aparece pintado de rojos, marrones, ocres, azules, verdes, y los musgos amarillo-fosforito relumbran entre las negras rocas. Este es uno de esos lugares que se quedan grabados en la retina para siempre. Nosotros tenemos que seguir camino, primero entre la escoria de la colada, y después por su margen derecha según bajamos, justo entre esta colada y las laderas de las montañas que cierran el valle por el sur. Entre ambos terrenos, el río se ha tenido que abrir camino erosionando las montañas grises de su margen derecha.

Llegamos a Landmannalaugar y, para rematar un día de colores y luces, nos damos un baño de sensaciones en sus aguas termales. El frío torrente que viene de las montañas nevadas y rodea la colada, pasa por el borde de ésta y se va mezclando con surgencias de agua hirviendo. Una tarima de madera nos permite dejar la ropa (protegedla de la posible lluvia) y sumergirnos en este río fantasmagórico de agua y vapor. No es profundo y nos obliga a estar tumbados o sentados, buscando la zona adecuada en donde no escaldarnos ni quedarnos congelados. Tan “agustito” se está, y tanta pereza da salir, que se nos hace de noche. La oscuridad nos envuelve mientras pasan a nuestro lado una familia de patitos tan perezosos como nosotros. Lástima que las nubes no nos vayan a dejar ver las auroras desde aquí. Lloviendo ya, decidimos irnos a las tiendas a dormir.

La última noche, ya de vuelta de Landmannalaugar, acampamos en una zona solitaria alejados del camino, en donde la fortuna nos sonrió ofreciéndonos un nuevo espectáculo de luces. Pudimos ver las auroras bailando entre las nubes, hechizándonos hasta caer dormidos. Al levantarnos nos dimos cuenta de que habíamos puesto las tiendas en el mismo centro de un pequeño cráter, sobre una arena fina y esponjosa que nos permitió un profundo y reponedor sueño.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Iceland: Landmannalaugar

Camino de Landmannalaugar, comienzo de uno de los trekkings más impresionantes de la isla, nos vamos haciendo idea de la esencia de este lugar forjado por el fuego y el hielo. Volcanes y geiseres, glaciares y cascadas, torrentes y aguas termales, nos enseñan el carácter salvaje y bello de estas tierras.

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El nombre de la isla ya nos define parte de su carácter: Islandia deriva del vocablo nórdico “iceland” o tierra de hielo. También se la llamó “Snaeland” o tierra de las nieves. Debido a su latitud rozando el Círculo Polar Ártico el clima es realmente frío, aunque ligeramente templado por la Corriente del Golfo. Pero otra característica geográfica le confiere su otra singularidad: se encuentra en medio de la Dorsal Atlántica que causa una gran actividad volcánica. Son el fuego y el hielo los elementos que han modelado este paisaje único, singular, duro y salvaje.

Islandia surgió por la intensa actividad volcánica de la dorsal mesoatlántica, esa fractura terrestre en donde van formándose las placas continentales que derivan en sentidos opuestos una media de 2,5 cm por año: la euroasiática hacia el este y la norteamericana hacia el oeste. Así encontramos que la isla es de formación reciente, con materiales más antiguos cuanto más nos alejamos de la fractura central. Esa fractura atraviesa la isla por medio y es claramente visible en la región de Thingvellir, en donde podemos caminar con un pie en Europa y otro en América. La zona baja de la fractura está ocupada por lagos de aguas extremadamente cristalinas y muy frías. En algunas de sus grietas, como la de Silfra, podemos bucear tocando los dos continentes con ambas manos.

Desde el Parque Nacional de Thingvellir, y continuando camino hacia el este, llegamos a uno de los fenómenos naturales más impresionantes que se pueden contemplar: los geyseres. De hecho, el nombre genérico de ellos se debe a uno de estos manantiales que rítmicamente expulsan el agua hacia el cielo: el Geysir, que actualmente se encuentra aletargado. Junto a él podemos observar el Strokkur, que ahora mismo es el más activo emitiendo su chorro de agua a más de 20 metros de altura cada 5 minutos aproximadamente.

Siguiendo hacia el nordeste llegamos a una de las cascadas más visitadas de Islandia, Gullfoss o cascada dorada. El río Hvitá se introduce en dos grandes caídas en una profunda fisura del relieve, estrellando el agua contra sus paredes que asciende en forma de aerosol por la pared opuesta empapando al visitante. Si ya impresiona verla en verano, en invierno congelada es un verdadero espectáculo con ambas paredes de la fisura convertidas en hielo. Si continuamos hacia el nordeste, enseguida termina el asfalto y la pista nos lleva hacia las inhóspitas tierras altas del interior. Sólo es apta para vehículos todoterreno y atraviesa entre los glaciares Langjokull y Hofsjokull hacia la ciudad de Akureyri, en la costa norte. Lástima no tener tiempo para hacer esa travesía por el corazón de la isla.

Cambiamos nuestro rumbo hacia el sur, hacia Fludir, en donde encontramos un perfecto lugar alejado de las poblaciones para acampar y, con suerte, observar las auroras boreales ya que la previsión meteorológica es de cielos despejados y la de auroras es favorable (http://www.gi.alaska.edu/AuroraForecast/Europe). Una pradera musgosa que parece un colchón, con un arroyo cercano, nos ofrece el lugar perfecto para disfrutar de la noche, que aunque sea septiembre es realmente fría. Con todo el abrigo y los plumíferos puestos, esperamos la oscuridad que va revelándonos las luces del norte, esos mágicos bailes de rayos de colores que nos hechizan e impiden dormir.

Al día siguiente seguimos rumbo al este primero, hasta el lago Hranueyjalon, y luego al sur por la pista de tierra que llega a Landmannalaugar. El paisaje cambia del verde luminoso del musgo y la yerba, al gris y marrón de las cenizas y la tierra desnuda. Un lugar casi yermo, apenas colonizado por líquenes y brezos rastreros, en donde los conos volcánicos abundan, muchos de ellos inundados por lagunas de aguas verdes turquesa.

Aprovechamos para estirar un poco las piernas y darnos una carrerita hasta la cima del cono volcánico que alberga el lago Blahylur. Desde la cumbre se abre un paisaje de volcanes grises y verdes lagos, de montañas nevadas y valles anegados por los torrentes del deshielo, de luces que se cuelan entre las nubes y cortinas de lluvia que velan los relieves… Al final tenemos que bajar corriendo por las cenizas para no empaparnos.

Un poco más allá, el lago Ljotipollur nos sorprende con el contraste de colores de sus aguas turquesas, sus líquenes amarillos y sus cenizas rojas. Y otro poco más allá, el lago Frostastadavatn nos impresiona con la reciente colada volcánica del Namshraun que invadió su cuenca.

El camino sigue por un increíble paisaje de contrastes: contraste de colores y contraste de meteoros. Igual el cielo se cubre y llueve apagando los colores, como sale el sol y se cuela entre las nubes iluminándolo todo y encendiendo el arco iris. Pasados unos pocos kilómetros llegamos a Landmannalaugar. Bueno, casi, porque nos separa un caudaloso río que debemos vadear. Dudamos si pasar, pero al otro lado vemos todoterrenos como el nuestro así que, después de valorar entre todos el paso menos arriesgado, pisamos el acelerador y al río. El agua salta por encima del capó, pero el motor sigue en marcha y conseguimos cruzar sin más problemas. Ufff!!! Los que no estamos acostumbrados al todoterreno, sudamos la gota gorda a pesar del frío.

Landmannalaugar está enclavado al borde de la colada volcánica del Laugahraun con húmedas praderas al borde de los torrentes que bajan de las montañas. Nos ofrece un refugio bien guardado con todas las comodidades, una pequeña oficina del camping, un autobús de comidas calientes y unas casetas de aseos y duchas. Pero lo mejor de todo son sus aguas termales: un arroyo ardiente y humeante que surge por debajo de la colada volcánica mezclándose con las aguas frías del río. Este lugar es perfecto para acampar y preparar las excursiones por los alrededores o comenzar el famoso trekking hasta Skogar.

Nos vamos a dormir con la esperanza de que al día siguiente el tiempo nos permita disfrutar de la excursión al Brennisteinsalda y las Montañas de Colores.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: Excursiones, MONTAÑA, Trail

Auroras Polares

Las auroras polares son uno de los más impresionantes espectáculos que nos ofrece la atmósfera. Las también llamadas luces del norte (northern lights), encienden los oscuros cielos de las regiones polares con cortinas de colores que nos sobrecogen. Hacer esquí de montaña bajo las auroras era el objetivo de nuestro viaje a Noruega. Las líneas que pudimos esquiar serán objeto de otros reportajes, pero ahora vamos a contaros qué son las auroras, cómo se forman y dónde observarlas.

Mapa de Situación                                                     Vídeo

                    

Una aurora polar (aurora boreal en el hemisferio norte o austral en el sur) es un meteoro que se produce en la Ionosfera y que es manifestación de la electricidad en capas altas de la atmósfera. Son luces de colores, normalmente verdes, anaranjadas o violetas, formando cortinas, bandas o jirones que se van moviendo por la bóveda celeste con mayor o menor intensidad y brillo. Normalmente sólo son visibles desde latitudes muy altas, por encima de los 60º norte o sur, y predominantemente durante los meses de invierno cuando las noches tienen una mayor duración.

Nosotros nos fuimos a Lyngen (más info de Noruega) con la intención de hacer esquí de montaña bajo ellas y tuvimos suerte: simplemente ESPECTACULAR.

FORMACIÓN DE LAS AURORAS:

La superficie del Sol se encuentra a unos 6000 °C y conforme nos vamos separando hacia capas superiores de la corona solar, la temperatura aumenta en vez de disminuir, alcanzando hasta 3 millones de grados. Esto produce una emisión continua de radiación en un amplio espectro de longitudes de onda, y también de partículas cargadas de energía que conforman el viento solar. Las partículas del viento solar viajan a velocidades de hasta 1000 km/s, y recorren la distancia entre el Sol y la Tierra en aproximadamente dos días. Este flujo es más intenso cuando se producen tormentas solares y este viento solar llega hasta nuestro planeta chocando con el campo magnético terrestre, la magnetosfera.

El viento solar impacta con la magnetosfera terrestre que conduce las partículas cargadas de energía hacia los polos (Imagen: ytimg.com).

El viento solar empuja y deforma la magnetosfera y sus líneas de fuerza, de manera que en lugar de parecer las líneas de fuerza simétricas de un gigantesco imán colocado en el interior de la Tierra de norte a sur, estas líneas quedan achatadas frente al viento solar y son alargadas en la dirección contraria al Sol como si fuera la cola de un cometa. Las partículas cargadas quedan atrapadas en la magnetosfera y viajan a lo largo de las líneas de campo magnético acumulándose así en los dos polos magnéticos terrestres.

Aurora austral formando un anillo en torno a la Antártida (Foto: Nasa).

Allí, en torno a las zonas polares, estas partículas colisionan con los átomos y moléculas de la alta atmósfera de la Tierra que se encuentran en su nivel más bajo de energía. El aporte de energía proporcionado a estos átomos provoca estados de alta energía también llamados de excitación, y liberan entonces esa energía en forma de radiación electromagnética, manifestándose ante nuestros ojos como luz visible. Estas emisiones luminosas que llamamos auroras, se producen entre los 95 y los 500 km respecto a la superficie terrestre, en la Ionosfera, porque a esa altitud la atmósfera ya es suficientemente densa para que los choques con las partículas cargadas ocurran con suficiente frecuencia.

Los gases de la Ionosfera (a 100 km de altitud) excitados por la radiación solar, emiten energía luminosa produciendo las auroras (Foto: Nasa).

SUS FORMAS Y COLORES:

Las auroras tienen formas, estructuras y colores muy diversos que verían de manera continua. Pueden aparecer como un arco aislado muy alargado que se va extendiendo en el horizonte, o como ondas o rizos a lo largo del arco y también estructuras verticales a modo de cortinas alargadas y delgadas. Pueden aparecer bandas, espirales, y rayos de luz que tiemblan y se mueven rápidamente por la bóveda celeste. Su actividad puede durar desde unos pocos minutos hasta horas.

“Pero… ¿con qué velocidad se mueven?”

Para aquellos que nunca han visto una aurora es muy difícil imaginarse su apariencia exacta. Rara vez se ven vídeos a tiempo real porque las condiciones de luz de la noche son demasiado bajas para la mayoría de las cámaras. La mayor parte de las fotos que encontramos cuando buscamos este fenómeno son fotografías en exposición y la forma más común de captarlo en vídeo es realizando timelapses que nos muestran en pocos segundos lo que realmente ocurre en periodos de varias decenas de minutos. Es decir, la mayoría de los videos de auroras están hechos a cámara rápida.

¿Somos capaces de observar el movimiento y la variación de color e intensidad de las auroras a simple vista?

Sí. De hecho su velocidad puede ser muy variada y prácticamente imprevisible. En ocasiones veremos dibujado en el cielo este fenómeno de manera casi estática y continuada; de la misma manera un mismo destello puede cruzar el cielo en apenas un segundo e iluminar el ambiente.

“Y… ¿se ven tan bien como en las fotos?”

Depende. Cuando el fenómeno es tenue nuestros ojos dejan de apreciarlo mucho antes que una buena cámara. De hecho, cuando empieza a caer la noche y aun no se ven auroras, un buen truco para descubrir en qué parte del cielo va a ser posible verlas es hacer fotografías hacia distintas zonas de la bóveda. Si la aurora está comenzando a producirse, la cámara nos lo mostrará antes de que podamos verlo a simple vista.

Las noches en las que hay auroras fuertes podemos dejarnos impresionar sin envidiar nada al objetivo de nuestra cámara. Si tenemos suerte y algo de paciencia, seremos partícipes de un espectáculo absolutamente increíble.

¿Por qué tienen diferentes colores?

Sus colores dependen del átomo o molécula que las partículas del viento solar excitan, y del nivel de energía que alcancen éstos. Si la energía que llega afecta a niveles de la atmósfera con alto contenido en Oxígeno, dependiendo de la longitud de onda de la radiación que llegue, producirá auroras de color verde o rojo que son los más habituales. Si esa radiación que llega excita fundamentalmente a los átomos de Nitrógeno, producirá auroras de color azulado. Y si son las moléculas de Helio las más afectadas por esta radiación, producirá auroras de color púrpura o violeta, sobre todo en sus bordes.

Colores verdes y rojos del Oxígeno y púrpuras del Helio.

DÓNDE SE OBSERVAN:

A pesar de ser un fenómeno frecuente de latitudes muy altas, no es exclusivo de ellas. En ocasiones especiales puede resultar visible en latitudes medias como la nuestra, o incluso en el ecuador. La probabilidad de avistar una aurora polar depende de la latitud magnética, próxima pero no igual a la geográfica. A 67º de latitud magnética (cerca de los Círculos Polares) son un fenómeno habitual. Se pueden ver muchas noches desde finales de otoño hasta el comienzo de la primavera. A 57º la frecuencia de observarlas es de una o dos veces por mes; A 47º tan sólo se pueden ver en promedio una o dos por año. En nuestras latitudes, a unos 40º, las probabilidades de observarla son cada muchos años y muy cerca del horizonte. En el ecuador sólo se puede ver una aurora boreal aproximadamente cada dos siglos.

En latitudes bajas suelen estar cerca del horizonte y ser tenues; a veces pueden parecerse a los cirros ante el ojo humano.

Las auroras en latitudes bajas son raras, pero se han producido en numerosas ocasiones. Este pasado invierno pudieron verse desde el norte de Francia. El 20 de noviembre de 2003 se pudo observar también desde gran parte de Europa. En el año 2001 se observó una desde Niza. En España son muy raras pudiéndose observar unas pocas en todo un siglo, y existe documentación de observación en varias ocasiones, una de las últimas en el año 2000. En 1909 se llegó a observar desde Singapur y en septiembre de 1859 desde Hawai.

LA AURORA DE LA GUERRA CIVIL:

En un pueblo del norte de Palencia en donde trabajaba mi abuela de maestra, una noche se observó un resplandor rojizo en el horizonte que hizo salir a la gente a la calle asustada pensando que se incendiaba el monte. Tuvo que tranquilizarlos explicándoles que estaban viendo una aurora boreal. Aun mi madre recuerda esta historia, que ocurrió cuando tenía 8 años de edad. Fue el 25 de enero de 1938 en plena Guerra Civil y presentó su máximo entre las 20 h y las 3 h de la madrugada del día 26. En buena parte de España cundió el pánico pensando que el resplandor se debía a que las ciudades ardían en llamas debido a los bombardeos enemigos. Se extendió un sentimiento de misticismo y milagrería en torno a la idea de que era una señal divina debido a la barbarie de la guerra.

Una aurora roja en Figueres, 6 de abril del año 2000 (Foto: Tiempo.com).

La luz predominantemente era rojiza y fue tan intensa que llegó a ser visible incluso desde Andalucía. La Gran Aurora pudo verse en toda Europa y gran parte de Norteamérica, y llegó a observarse hasta en Las Bermudas y California. Se interrumpieron todas las comunicaciones transatlánticas de radio y en muchos lugares se pensó que la ciudad ardía en llamas. Muchos católicos vieron en ella el cumplimiento de una de las profecías de la Virgen de Fátima que anunciaba que el mundo estaba a punto de ser castigado con el hambre y la guerra. No le faltaba razón.

CLASIFICACIÓN Y PREDICCIONES:

Debemos tener en cuenta las bandas geográficas en las que es o no posible observar la aurora. Estas bandas se muestran en los mapas de previsión de observación. También existe una clasificación según la intensidad prevista y que es la que utilizan las organizaciones dedicadas a informar de la probabilidad de observación de auroras. La escala va del 0 al 9 y para que os hagáis una idea, nosotros pudimos observarlas en Noruega con una previsión de intensidad del 3 ó 4.

Instituto Geofísico de Alaska

Servicio Meteo de Islandia

Pronóstico de auroras europeo

Noaa

Tenéis mucha más información sobre Noruega y sus auroras en: Visit Norway

App: Norway lights

Aquí os dejamos unas fotos obtenidas por composición de imágenes en exposición de 30 segundos durante aproximadamente 1 hora de duración. Al rededor de la estrella polar giran las estelas de las estrellas (startrails). No son imágenes fieles a lo que ve el ojo humano pero nos pueden dar una idea de la actividad de las auroras durante este lapso de tiempo:

ESQUÍ EN ESCANDINAVIA:

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Excursiones, Meteorología

La Palma: Fuencaliente y Teneguía

El último tramo de la Ruta de los Volcanes recorre las tierras españolas más recientes. El Teneguía entró en erupción en 1971 expulsando coladas de lava que fluían hasta el mar haciendo que la línea de costa avanzara unos cuantos metros. En este tramo recorremos sus ríos de lava petrificados y podemos imaginarnos la violencia y belleza de estos acontecimientos.

Ficha Técnica                          Mapa de Situación

                    

Una vez descendemos del volcán Martín de Tigalate, la ruta de los Volcanes nos lleva hasta el pueblo de Los Canarios y Fuencaliente a 700 m de altitud, para después seguir descendiendo hasta el faro y las salinas situados en la punta de Fuencaliente. En este último tramo de unos 7 km de distancia vamos abandonando el pinar, aunque todavía nos encontramos espléndidos ejemplares entre los que se mueven los lagartos tizones y algún cuervo gorrón. También van apareciendo los cultivos de vides con el que se elaboran los famosos vinos de Fuencaliente.

Lagarto tizón (Gallotia galloti palmae).

Cuervo (Corvus corax tingitanus).

El camino de bajada en su mayor parte, se acerca ahora al volcán de San Antonio en donde existe un Centro de Interpretación en el que nos ilustran acerca de los procesos volcánicos de la zona. Podemos acceder hasta el cráter cerrado de este volcán tan próximo al pueblo y que entró en erupción en 1677 enterrando la Fuente Santa, un manantial de agua caliente que daba nombre a Fuencaliente.

Continuamos la ruta hacia el volcán Teneguía, que entró en erupción en 1971:

El 21 de octubre de ese año comenzaron los temblores de tierra y los ruidos subterráneos que alarmaron a la población y autoridades.

El 26 de octubre aumentaron los ruidos y las explosiones, surgiendo columnas de humo del suelo que acabó agrietándose y expulsando dos ríos de lava camino del mar. La población abandona la comarca y algunos pescadores en la playa del faro de Fuencaliente se vieron aislados entre los ríos de lava teniendo que huir con sus barcas por mar.

El 27 de octubre la lava llega al mar haciendo hervir sus aguas en dos corrientes que rodean el faro milagrosamente. Se abre un gran cráter y varias bocas laterales expulsando rocas y llamaradas a más de 300 m de altura. Surge un tercer río de lava a una temperatura de 1100 ºC y las cenizas ardientes empiezan a cubrir la zona. Ya se ha formado un cono de 200 m de altura lanzando materiales, fuego y humo en gigantescos latidos cada 2 ó 3 segundos.

El 1 de noviembre se abre una nueva boca muy violenta con grandes explosiones y un flujo de lava cuatro veces mayor. Continua así cinco días más hasta que la gran montaña formada se derrumba lanzando una gran columna de humo y cenizas ardientes que queman las plantaciones de la comarca.

El 11 de noviembre se cuentan 8 bocas arrojando fuego, gases, cenizas y ríos de lava que fluyen hacia el mar. Continúa esta actividad una semana más hasta que para el 21 de noviembre va calmándose, emitiendo únicamente gases y cenizas.

Descendemos el cono volcánico del San Antonio y nos aproximamos a los diversos cráteres por donde salieron en 1971 los ríos de lava hacia el mar. Durante la subida al cráter del Teneguía, podemos imaginarnos la violencia y el poder de la naturaleza resquebrajando la roca y lanzando piedras y cenizas a cientos de metros de altura. Desde la cima podemos observar otros cráteres más pequeños y los petrificados ríos de lava dirigiéndose hacia la punta de Fuencaliente.

Seguimos bajando y va apareciendo la vegetación en forma de enanas plantas rastreras creciendo sobre el lapilli y líquenes aferrándose a las bombas volcánicas diseminadas por el terreno. Es un paisaje lunar y hostil en el que la vegetación va ganando terreno poco a poco. Más abajo empiezan a aparecer los senecios y matorrales.

El último tramo de la ruta desciende hasta la costa, llegando al faro de Fuencaliente. Existen dos faros: el antiguo edificio de piedra que milagrosamente se salvó de ser engullido por los dos ríos de lava que le rodearon; y el más moderno y alto pintado de blanco y rojo. Y pegadas al océano se encuentran las salinas que han sido declaradas Sitio de Interés Científico, entre otras cosas por las aves limícolas que allí habitan.

Rematamos con este quinto reportaje nuestro recorrido de norte a sur por La Palma, sin duda la “isla bonita” por la variedad de sus paisajes. Desde el húmedo y verde nordeste, pasando por la agreste Caldera de Taburiente y terminando por la espectacular ruta de los Volcanes. Una isla repleta de senderos que harán las delicias de los caminantes.

OTRAS RUTAS EN CANARIAS:

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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