Peñalara sahariano

E l 15 de marzo hemos esquiado en las arenas de Peñalara. Un episodio excepcionalmente intenso de nevadas con arena en suspensión procedente de África y que ha teñido de naranja las montañas de la Península Ibérica. Más bien parecía que estábamos esquiando en Marte.

El pasado 15 de marzo la península ibérica se vio inmersa en un excepcionalmente intenso episodio de calima con precipitaciones que provocó lluvias de barro generalizadas y nevadas de barro en todos los sistemas montañosos. En la imagen podemos ver el análisis del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas (ECMWF) de los aerosoles registrados en Europa durante esos días. Una situación meteorológica propicia para que intensos vientos arrastraran arena del interior del Sahara hacia el sur de Europa.

En la siguiente imagen del satélite Copernicus, se aprecia claramente esa invasión de masas de aire sahariano cargadas de arena en suspensión que produjeron un evento de calima intenso, que mezclado con las precipitaciones descargadas por las bandas nubosas que cruzaban la península, tiñeron de naranja todo el territorio. Aunque la nieve con barro ocurre de vez en cuando en nuestra geografía, no es habitual que sea con esta intensidad.

En vista de como amanecieron las calles de nuestro pueblo decidimos acercarnos a Peñalara para ver este meteoro poco habitual. A medida que ascendíamos ibamos descubriendo que la presencia del barro en el manto nivoso era cada vez mayor al ascender. Apartir de Dos Hermanas el paisaje se fue volviendo más y más irreal, desértico y marciano. El fuerte viento que había erosionado el manto de nieve, había creado fromas y texturas que se veían realzadas por el depósito lítico en sus relieves. Mientras acendíamos no paramos de hacer fotos de esta excepcional situación.




Llegando a la cumbre el manto de nieve-barro adquiría texturas y formas de lo más variado: algunas parecían mapas tridimensionales con curvas de nivel; otras reticuladas como los dibujos de las jirafas; algunas como dunas del desierto.




Llegando a las proximidades de la cumbre, la misma cencellada no es que estuviera teñida de barro, es que estaba hecha de barro congelado. Nunca habíamos visto este inusual meteoro: cencellada de barro. El vértice y carteles de la cumbre estaban forrados de este barro congelado que parecía merengue de chocolate. La imagen irreal, incluso surrealista, nos dejó a todos sin palabras.




La imagen hacia la cresta de Claveles también era sorprendente, con lentejas de nieve blanca asomando en algunas zonas del sotavento. Incluso a veces, se intuía el cielo azul algunos metros sobre nuestras cabezas, mostrándonos que la calima se concentraba sobre todo en los niveles más bajos de la troposfera. El viento fácilmente superaba los 100 km/h en la cima y a duras penas nos acercamos a la entrada al Tubo Ruau para intentar bajar.




El viento había barrido y erosionado toda la parte alta del tubo y aunque no eran las mejores condiciones para esquiarlo, la parte baja parecía estar aceptablemente bien. Y así fue. La zona intermedia deslizaba bien y nuestras trazas blancas se abrían sobre la nieve naranja.




Remontamos por la Pala Fácil mientras el sol intentaba abrirse paso entre las nubes haciendo que el paisaje cobrara más luz y destacara el contraste entre el azul del cielo y la nieve rojiza. Pero esto significó que la radiación transformara rápidamente esta nieve-barro, haciéndola pegajosa y enganchosa.




La última bajada con la nieve casi podrida no fue fácil pero “¿cómo te vas a quejar de esquiar en Marte?



Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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