Ascensión al Tacul

La ascensión de la cara norte del Mont Blanc de Tacul supone una interesante y fácil ascensión glaciar con una trepadita final a las rocas cimeras. Es perfecta para aclimatarnos pero su accesibilidad no debe hacernos olvidar el terreno en el que nos movemos.

                      Ficha Técnica                                            Mapa de Situación

                   

Aunque hay quien renuncia a tomar el telecabina de la Aguja del Midi y llega al Valle Blanco tras remontar la Mer de Glace, la mayoría de las ascensiones a esta montaña se realizan gracias este remonte. Así, de un plumazo, nos plantamos a 3800 m de altitud a tiro de piedra de este imponente “cuatromil”. Una relativamente fácil ascensión glaciar que se puede hacer en el día y que resulta muy golosa para iniciarnos en este tipo de ascensiones.

La huella hacia el Tacul no siempre va por el itinerario más seguro.

Pero su accesibilidad está provocando estos últimos años un elevado número de accidentes, sobre todo por aludes. Dos meses antes de nuestra ascensión, siete montañeros quedaron sepultados tras desprenderse un enorme serac en la zona alta de la cara norte, y este mismo año otros dos han perdido la vida en circunstancias parecidas.  Otros fatales accidentes se han producido últimamente debido a aludes de placa tras copiosas nevadas. Y es que hay que valorar la peligrosidad de la ruta independientemente de que haya cordadas en ella (casi siempre hay alguna) y valorar también si la huella por la que se asciende es la más segura. La mayoría de las veces la ruta trazada es la más fácil, pero no la más segura.

Hay que valorar la peligrosidad de la ruta entre las numerosas grietas y seracs.

Al margen de ésto, la ascensión es preciosa, empezando por el descenso de la afilada arista que baja de la Aguja del Midi al plató del Valle Blanco. Un comienzo que nos pone en situación. A pesar de que hay quien atraviesa el plató sin cuerda, o conocéis perfectamente las zonas de grietas, o más vale no atravesarlo sin ella.  A nuestra derecha dejamos el refugio de Los Cósmicos, en donde podemos hacer noche para subir más tranquilamente. Aquí es donde pernoctamos si queremos realizar el Mont Blanc por la ruta de los “cuatromiles”.

Afilada arista de bajada al Valle Blanco.

Con un buen “patio” a ambos lados.

Atravesando el gran plató del valle Blanco.

A nuestra derecha dejamos el refugio de Los Cósmicos.

La ruta varía de año en año dependiendo del movimiento de los seracs y de donde se tapen o abran las grietas del glaciar. Normalmente tenemos una primera rampa empinada para sortear las primeras grandes grietas y que a veces se encuentra abarrotada de gente que sube y que baja. Pasada esta primera parte, la pendiente disminuye algo pero se mantiene constante en torno a los 30º y va zigzagueando para evitar las grandes grietas de esta zona intermedia.

Al fondo el triángulo rocoso del Tacul.

Llegando al collado justo antes de las primeras rampas.

En seguida ganamos altura y se abre el Valle de Chamonix a nuestros pies.

Primeras grietas y seracs para llegar a la zona intermedia.

Tras la zona media de la cara norte, la pendiente aumenta a medida que nos acercamos a las grietas de la parte alta. Por aquí debemos valorar las condiciones de los seracs y la nieve, y evaluar la seguridad de la ruta trazada. En ocasiones evita rampas de hielo duro y empinado pero atraviesa por debajo de seracs que no sabemos cuándo se derrumbarán. Es la zona más peligrosa y debemos informarnos bien y saber elegir el camino más seguro. Sea cual sea el camino que elijamos, debemos afrontarlo lo más rápidamente posible.

Al borde de una de esas grietas sin fondo.

Frecuentemente encontramos seracs en equilibrio precario.

Últimas rampas empinadas antes de llegar al hombro.

Paso entre seracs en la parte alta para llegar al hombro.

Llegados al hombro, se abre ante nosotros una gran meseta con una travesía descendente hacia el collado entre el Tacul y el Mont Maudit a nuestra derecha, y otra ascendente hacia nuestra izquierda que se dirige a la arista que separa la vertiente norte de la vertiginosa cara este, con una enorme ceja sobre el couloir Whimper. La huella de la derecha será la que sigamos si nos dirigimos al Maudit por la ruta de los “cuatromiles”, camino del Mont Blanc.

La peligrosa cara nordeste del Maudit con el famoso paso de la rimaya, y el Mont Blanc al fondo.

Viento fuerte llegando al plató por encima del hombro.

Cuidado con los nubarrones en esta zona apropiada para perderse si hay poca visibilidad.

Hacia nuestra izquierda encontramos la arista que lleva a la cumbre.

Siguiendo hacia la izquierda en dirección hacia el sur, nos topamos con las rocas cimeras que trepamos por su lado este, justo por encima del couloir. Una fácil pero expuesta trepadita entre rocas y hielo, nos lleva hasta la cima. Es aquí donde es difícil no encontrarnos con el clásico embotellamiento de los Alpes, con cordadas que suben y que bajan y que hacen que esperemos y desesperemos. Nosotros tuvimos suerte este día de mediados de septiembre y subimos solos!!!

Tramo final con la gran cornisa sobre el couloir Whimper.

Comienzo de la corta y fácil trepada rocosa.

Tramo expuesto al rodear por encima del Whimper.

Álvaro en los últimos metros.

Y Alberto cerrando la cordada.

Y por fin la cima con un tiempo que empeoraba por momentos.

Debemos prestar atención a los cambios bruscos de tiempo en este plató cimero, ya que la nieve y la niebla pueden hacernos perder el camino correcto entre todas las grietas y seracs. Por lo demás, el descenso no tiene truco y desandando nuestra huella volveremos a tener que pasar por esos tramos expuestos lo más rápidamente posible. En definitiva, una ascensión fácil, accesible, bonita pero congestionada y expuesta a los aludes.

Regreso por la arista del Midi, ya con los primeros copos cayendo.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: Alpinismo

Descenso de la cara Norte del Pico Lenin

Altitud 7134 m, desnivel 3000 m, inclinación media 40º y 50º de máxima… La imagen de la inmensa cara norte del Pico Lenin, blanca de nieve y azul de hielo, nos cautivó desde la primera vez que la vimos en foto. ¡Teníamos que esquiarla!

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación                                        Vídeo

¿Realmente será posible esquiar la cara norte después de tantas nevadas? ¿Será suficiente la aclimatación que tengo? ¿Seré capaz de ascender en solitario hasta la cima? Cuántas dudas te asaltan durante los atardeceres en la montaña.

Camino del Campo 3 con vistas hacia el campo base.

Cerca ya del C3, puedo ver el C2 bajo el espolón rocoso.

Me comunican que Mariano ha intentado subir pero ha tenido que darse la vuelta otra vez, malo del estómago. Me aburro de estar sólo y parado, así que subo al campo 3 por la ruta conocida, pero hoy se me hace más pesado. Llego a él con un vendaval, mucho frío y algo de nubosidad. Estudio la ruta de subida a la cima y descubro que no es lo esquiable que a priori pudiera parecer.

Preparando las tiendas con mis tres vecinos del C3.

Atardecer en el Campo 3 a unos 6200 m.

Me despierto: pocas nubes, mucho frío y muchísimo viento. ¿Qué hago? Aquí sólo me voy a aburrir como una mona, así que me subo. Me forro con toda la ropa que tengo y no asoma ni la punta de la nariz. Empiezo a foquear y aquellas pendientes que veía esquiables están formadas por grandes “sastruguis” difíciles de pasar con las tablas. Dos de mis vecinos se animan a seguirme.

Frío y ventoso amanecer en el campo 3.

El viento y después la niebla hacen penosa la subida.

Paciencia: quita esquís, pon esquís, quita esquís,… ¡Joder, qué largo y pesado es ésto! Mis vecinos se han dado la vuelta. Empiezo a acusar la altitud: cincuenta pasos y descansito. El viento sigue con fuerza, pero lo peor son las nubes en las que ya me veo envuelto. Asciendo lo que supongo será el último repecho empinado antes de la cumbre.

Vista desde el Razdelnaya de la arista que me espera.

De los tres que salieron del C3, ya sólo veo a uno.

Por el aspecto llano y la sucesión de dunas que atisbo entre la niebla, la cima está muy cerca, pero ¿dónde? Empiezo a tener síntomas de ceguera de montaña y no puedo perder más tiempo si quiero tener alguna opción de acceder a las canales que te introducen en la cara norte. Así que decido no seguir buscando más la cima y dirigirme a ellas con los esquís.

El fuerte viento descarna la arista oeste y hace dificil foquear.

Hacia el oeste aparecen las primeras nubes en las cimas.

Realmente no sé por dónde estoy entrando, y si hay algo que me corta el paso. La pendiente se va acentuando y sólo espero no tener que volver a subir lo descendido. Debo pasar por encima de unos domos de nieve dura de unos 45º ó 50º. Me lanzo, y cuando llego a una canal entre ellos se me empotran los esquís en  nieve blanda y caigo.

Parece que la cima está allí, al fondo.

Cerca de la entrada a las canales de acceso a la cara norte.

Como a cámara lenta siento cómo fuerzo los muelles de las fijaciones y una me salta. Me desequilibro y caigo. Despacio al principio pero ganando velocidad súbitamente. No veo nada y no puedo respirar por la nieve que he tragado. Doy vueltas, no sé cuántas. Lucho por incorporarme sobre el único esquí puesto, y lo consigo. Me deslizo sobre él y me detengo.

Con cara de susto entre la niebla y la nieve.

Cuando levanta la niebla consigo hacer algunas fotos de la pared.

No sé dónde estoy con precisión ya que ahora hay peor visibilidad, además de condiciones de nieve para que haya avalanchas, y mi moral por los suelos. Debo seguir bajando y lo hago como si huyera. Enlazo virajes hasta que veo el espolón que baja de la cima y desde allí continúo hasta las rastros de las avalanchas de hace unos días que descienden directamente hasta la base de la pared.

Hay que seguir bajando, aunque no sé bien por donde debo hacerlo.

Cuatro giros y parada. ¡¡Estoy reventado!!

No distingo entre nieve y niebla, entre movimiento y parada. En algunas ocasiones voy tanteando la nieve por delante de mí en busca de grietas ocultas. Y así sigo bajando y bajando, aunque ahora se ha puesto a nevar y la temperatura ha subido estropeando la nieve. Esto es inmenso y no sé por dónde debo seguir para encontrar la huella que me lleve al buen camino entre la peligrosa zona de grietas de la base de la pared.

Casi ni se distinguen los relieves.

Estoy al límite cuando llego a la ruta normal.

¡Veo dos puntos negros que se mueven! Sí, son dos personas en la ruta normal. Les alcanzo antes de que desaparezcan en la niebla. Lo he conseguido. Exhausto llego al campo 1 y al día siguiente al base en donde recibo el abrazo de Mariano y las felicitaciones de mi familia desde el otro lado del teléfono. Son a ellos, familia y amigos a los que agradezco infinito su compañía.

Apenas sin fuerzas llego a la ruta normal, todavía con las señales en la cara de todo lo ocurrido.

Le dedico este descenso a Mariano, ya que sin su compañía nunca hubiera podido realizarlo.

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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Categorías: Alpinismo, Esquí de Montaña

Pico Razdelnaya: descenso con esquís

El Razdelnaya de 6300 m es uno de los satélites del pico Lenin, en la cordillera del Pamir. Su esquiada hasta el campo 2 de la ruta normal a ese “sietemil” no sólo supuso una buena aclimatación, si no que fue en sí misma, una actividad de lo más exigente.

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación                                       Vídeo

El pico Lenin se encuentra situado en la cordillera del Pamir, en Asia Central, y uno de sus satélites, el Razdelnaya, sirve como aclimatación para poder atacar ese gigante de 7134 m. Esta montaña hace frontera entre Kirguizstán y Tadjikistán, en donde conviven en perfecta armonía musulmanes, ortodoxos, budistas y demás, en un auténtico ejemplo de tolerancia. Mi amigo Mariano Frutos y yo volamos en julio hasta Osh, desde donde una traqueteante furgoneta nos llevó al Campo Base.

 

Ciudad de Osh, rodeada de desierto y montañas.

Mercado de Osh en donde comprar la comida para la expedición.

Paisaje camino del Pamir.

El Campo Base se sitúa a 3600 m en una zona de prados muy agradable y cómoda, justo antes de que la ruta hacia el Pico Lenin se adentre en los hielos de los glaciares de esta impresionante cordillera. Aquí podemos entablar relación con las gentes del lugar que en verano abastecen los campamentos de los alpinistas y que son de lo más hospitalario.

La infraestructura nos la proporcionó la agencia Kirguiz Ak-Sai travel

Yurta de una de las familias nómadas de la zona.

Interior sencillo y confortable de una yurta.

Calor, sol, tormentas, lluvia, granizo y nieve. Ese es el tiempo del que disfrutamos mientras aclimatamos en los picos cercanos. Y aunque el tiempo no es el mejor, nos trasladamos al Campo 1 a 4200 m, como no, bajo una intensa nevada. El mal tiempo hace que nos refugiemos en este campo hasta que las condiciones mejoren, ya que los riesgos en la ruta de subida son evidentes. Estamos a mediados de julio, sólo dos personas han logrado la cima y ya ha habido una víctima mortal.

Empezando la aclimatación.

Aproximándonos al glaciar que viene del Lenin.

Las nevadas son habituales hasta en las proximidades del campo base.

No podemos perder más jornadas y después de una semana de mal tiempo, y tras esperar a que la nieve nueva se asiente, decidimos desempaquetar los esquís y firmar una atractiva pared de un pico cercano. Tenemos ganas de calzarnos ya los esquís después de tantos días refugiados en las tiendas. Pero como habíamos presumido, las avalanchas un día de Sol como hoy van a prodigarse, y esa pala tan bonita que pensábamos descender, se ha venido abajo entera.

Campo 1 a unos 4100 m al pie de la cara norte del Lenin.

El riesgo de aludes era grande tras los días de nevada.

Toma de contacto con las nieves del Pamir en las cercanías del C1.

Durante la noche hemos vuelto a oír cómo nevaba fuera, pero de madrugada nos ponemos los esquís bajo un cielo estrellado. Encendemos los frontales y avanzamos deprisa para superar la zona más técnica y agrietada del glaciar. Es un pequeño caos de seracs y grietas que más vale pasar deprisa y que supone la parte más complicada de la ruta. A partir de aquí aceleramos el ritmo, ya que hasta el campo 2 nos espera una larga y expuesta travesía ascendente, por donde las avalanchas a menudo barren la huella provenientes de la cara norte del Lenin.

De madrugada camino del campo 2.

Llegando a la zona de seracs que caen de la cara norte.

Laberinto de grietas para acceder a la cara norte.

Una vez instalado el Campo 2, derretimos nieve y contemplamos un plácido atardecer. Todo parece perfecto, pero no. Miro a Mariano y veo que tiene mala cara, y por lo que dice, peor estómago. No pega ojo en toda la noche, y a la mañana siguiente decide bajarse al campo base para recuperarse. Son momentos de incertidumbre en los que no sabes si descender con tu colega o ir preparando el terreno mientras se recupera más abajo. Me quedo con la esperanza de que, mientras monto el campo 3, mejore y vuelva aquí.

Plató bajo la cara norte del Lenin con el Razdelnaya al fondo.

Aglomeración en el Campo 2.

Mariano tiene que bajar para recuperarse.

El Razdelnaya es un pico de 6300 m que se encuentra sobre el emplazamiento del campo 3, muy cerca de éste. Decido emplear el día en ascender a él y enfilo las larguísimas pendientes que poco a poco se van empinando cada vez más. Comienzo con los esquís puestos pero en la parte alta la inclinación de unos 40º, hacen que sea más prudente echarlos a la espalda. En tan sólo 3 horas llego a la cima, quito pieles, bloqueo fijaciones, aprieto ganchos y cojo bastones: unas pocas fotos, alguna secuencia de vídeo y me bajo.

Seracs cerca del campo 2 que luego saltaría en el descenso.

Camino del Razdelnaya con el Campo 2 y medio a 5500 m.

En el Razdelnaya preparándome para bajar esquiando.

Los primeros giros son cautelosos, pero cuando llego a la zona empinada me acelero. Esta nieve costra y ligeramente compacta, rompe bien  yendo rápido y con viraje amplio. Voy cogiendo confianza a medida que desciendo y aunque la fatiga hace que tenga que parar de vez en cuando, estoy disfrutando como pocas veces. Incluso me permito el lujo de un pequeño salto en unos seracs cerca ya del campo 2.

Preparado para el descenso con el Lenin al fondo.

Huellas de mis esquís en las laderas del Razdelnaya.

Estoy pletórico y pienso que el Lenin es pan comido. ¡Qué equivocado estaba!

Texto e imágenes: Mariano Frutos y Luis Pantoja

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Ascensión al Breithorn

Su ascensión por la ruta normal desde el telecabina del Klein Matterhorn es considerada como una de las más fáciles para acceder a un cuatromil alpino. Y aunque queda descafeinada por este hecho, no deja de ser uno de los picos con mejores vistas de dos de los gigantes que le rodean: el Monte Rosa y el Cervino. Una ascensión muy apropiada para iniciarse y aclimatarse.

Ficha Técnica                                                       Mapa de Situación

                    

El Breithorn  se encuentra en la frontera entre Italia y Suiza y su nombre significa “pico ancho”. De hecho tiene tres cimas diferentes que son consideradas montañas independientes por la UIAA: la occidental de 4164 m, la Central de 4160 m y la Oriental de 4140 m. Es muy habitual encadenar la ascensión de las tres en la misma jornada, a través de una  fácil arista algo más afilada que la de ascenso al Occidental por la ruta normal. Fue ascendido por vez primera en 1813 por Maynard, Couttet, Gras y Hérin. Está considerado el más fácil de ascender de los cuatromiles de los Alpes debido al telecabina que nos lleva desde Zermatt hasta los 3.820 m, del Kleine Matterhorn.

Vertiente norte de los Breithorn con el Kleine Matterhorn a la derecha.

Vista de la cara oeste del Breithorn Occidental desde las pistas de esquí.

Reguero de gente atravesando el plató glaciar.

La ruta normal parte de la estación superior del telecabina que llega al Kleine Matterhorn, de la salida a las pistas de esquí en el glaciar. Aunque la ruta es sencilla, debemos tomar todas las precauciones propias del terreno que pisamos y ser conocedores de las técnicas de progresión y de rescate en glaciar. Es imprescindible el uso de arnés, cuerda, material para un posible polipasto, crampones y pìolet. Si no tenemos visibilidad y no hay huella, es muy fácil perderse por esta enorme meseta nevada y debemos tirar de GPS para no acabar perdidos por el glaciar. Lo habitual será seguir el reguero de personas que van hacia la cima.

Alberto y Álvaro con la impresionante pirámide del Cervino detrás. Julio, 2002.

Con José Miguel en las primeras rampas en uno de esos pocos días en los que se puede abrir huella.

Llegando a la arista cimera.

Alcanzando la cumbre.

Avanzamos hacia el sur paralelos a una de las pistas para rodear por el amplio plató la cuenca que se encuentra a nuestra izquierda. El itinerario va dando un gran rodeo hacia nuestra izquierda evitando las grietas y va tomando dirección nordeste. Poco a poco la pendiente  va aumentando y nos topamos con la rimaya que normalmente no presenta ningún problema para pasar. A partir de aquí la ruta se empina hasta unos 30º o 35º y se dirige hacia la izquierda para alcanzar la arista oeste. Desde aquí la ruta gira a la derecha siguiendo la arista poco afilada hasta la cima.

Jonás Cruces de Todovertical llegando a la cumbre.

José Miguel llegando a la cima.

Álvaro y Alberto a 4164 m. Julio 2002..

La amable vertiente sur contrasta con lo abrupto de la cara norte de la montaña y las vistas son impresionantes: hacia el sureste las cimas Central y Oriental, el Castor y el Pólux; hacia el este el Lyskamm y las cimas del macizo del Monte Rosa; hacia el noroeste el Dom; y hacia el este el espectacular Cervino con las aristas Hornli y Furggen recortándose contra el cielo. Incluso, si el día está claro se alcanza a ver el Mont Blanc.

Camino del Breithorn Central.

En la arista de bajada, algo más afilada.

Llegando al collado, con la vertiente norte a nuestros pies.

Podemos descender por la misma ruta de ascenso, pero es mucho más interesante continuar la arista hacia el este en dirección al Breithorn Central. La arista es algo más afilada y enseguida llega al collado entre ambas montañas. Desde aquí podemos ascender hasta la cima Central teniendo precaución con las cornisas que vuelan sobre la cara norte. Más allá es posible llegar a la cima oriental también, pero esta vez por una zona mixta con pasos de tercer grado.

Aspecto de la arista entre los Breithorn.

De regreso hacia el plató con el Central y el Oriental detrás.

El “kleine” y el “gran” Matterhorn.

La vuelta se realiza descendiendo al plató glaciar teniendo precaución con las grietas, hasta toparnos con las pistas de esquí que nos devolverán al Kleine Matterhorn. Una actividad interesante para iniciarnos en la progresión glaciar y en altitud, y aunque su cómodo acceso provocan una masificación exagerada que desvirtúa el encanto de estar en la montaña, hay que reconocer que sus vistas son espectaculares.

Con Jonás Cruces (Todovertical) y Luis Basarrate. Que buenos ratos…

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Categorías: Alpinismo

Ascensión al Gran Paradiso

El Gran Paradiso es, pese a ser uno de los “cuatromiles” más visitados de los Alpes, una de las montañas que mejores sensaciones proporcionan cuando la escalas, ya que  no tenemos remontes que nos faciliten la ascensión desde el valle. Su trepada final pone la guinda a esta interesante actividad.

               Ficha Técnica                                                  Mapa de Situación

                    

Situada dentro del Parque Nacional del Gran Paradiso, es la única montaña enteramente italiana de más de cuatromil metros, justo al otro lado de la frontera con Francia y pegada al Parque Nacional de la Vanoise. Fue escalada por primera vez en septiembre de 1860 por Cowell, Dundas, Payot y Tiaras y su ascensión por la ruta normal está clasificada como Fácil. Es habitual aclimatarse en esta montaña para afrontar el vecino Mont Blanc.

La cara norte del Gran Paradiso y el glaciar de Laveciau.

Su ruta normal comienza en Pont, al fondo del Valle de Valsavarenche en donde termina la carretera a una altitud de unos 1950 m  en donde se localiza un aparcamiento, camping, restaurante  y puesto de información. Lo habitual es hacer la ascensión en dos etapas, pernoctando en el Refugio Vittorio Emanuele II que se encuentra a 2735 m y en el que tendréis que reservar plaza con suficiente antelación.

El valle de Valsavarenche desde Pont, comienzo de la ascensión.

Saliendo del bosque en uno de tantos zigzags.

La primera jornada afronta un desnivel de algo más de 750 m y el camino está bien marcado. En un principio el camino discurre de manera cómoda paralelo al río principal para después remontar hacia la izquierda y ganar altitud rápidamente zigzagueando por la ladera boscosa. Abandonamos el límite del bosque y pronto alcanzamos el refugio: grande, cómodo y muy acogedor. Buena cena, dormir lo que se pueda y a madrugar.

El Refugio Vittorio Emanuele II a 2735 m.

El monte Ciarforom de 3642 m desde el refugio.

No es necesario salir demasiado pronto del refugio, así que en torno a las 04 ó 05 conviene levantarse y desayunar. La primera parte no suele tener nieve (en verano) y ascendemos por pastizales y canchales. Existen dos opciones en esta ruta normal: la más habitual sigue por el mismo valle por el que estamos ascendiendo hasta el glaciar que baja de la cima; otra sube al espolón rocoso que cierra este valle a nuestra izquierda y se introduce en el glaciar que desciende más hacia el norte. Las dos rutas se unen más arriba y cada una tiene su atractivo particular.

Con Manuel, encordándonos para entrar en el glaciar Laveciau.

Hilera habitual en esta montaña.

La primera opción tiene una zona  empinada justo a la entrada al glaciar del Gran Paradiso y continúa por él en dirección ascendente sin dar muchas vueltas ya que hay pocas grietas. Vamos ganando altitud y nos encaminamos hacia una dorsal de nieve a la izquierda del valle. Justo en la zona superior de esta dorsal enlazamos con la otra opción de la ruta normal.

Remontando las primeras palas del glaciar del Gran Paradiso.

Llegando al hombro en donde se unen las dos rutas descritas.

Sobre la dorsal que separa el glaciar Laveciau a la derecha y el del Gran Paradiso a la izquierda.

La ruta normal por el glaciar del Gran Paradiso.

La segunda opción, una vez subido el espolón rocoso, da acceso a la lengua del glaciar de Laveciau, justo por encima de un caos de grietas y seracs. Aunque el glaciar aquí es menos pendiente, en esta zona se abren muchas más grietas y tenemos que rodearlas continuamente. Más allá, el glaciar se empina y debemos ascender hacia la derecha para alcanzar el mismo hombro glaciar al que asciende la ruta anterior.

Entrando en el agrietado glaciar de Laveciau.

Rodeando una de tantas grietas de este glaciar.

Manuel con el impresionante caos de grietas y seracs del glaciar Laveciau.

Ruta normal por el glaciar Laveciau. En el collado se une con la otra ruta.

A partir de aquí la ruta es única y tras rodear unos seracs que dejamos a nuestra izquierda, vamos aproximándonos a las paredes que flanquean el glaciar a nuestra derecha, describiendo una amplia curva ascendente en dirección a la cresta cimera. La cresta rocosa es sencilla pero en sus últimos metros se pasa a la cara sureste que se precipita abruptamente. La travesía de estos bloques cimeros es fácil pero expuesta, por lo que hay colocados seguros con los que proteger el paso. El cruce de cordadas en este punto es el que produce los embotellamientos y las aglomeraciones, que en ocasiones hacen que algunos se den la vuelta helados de frío y cansados de esperar.

Evitando los seracs justo cuando se unen las dos rutas.

A partir de aquí ya podemos ver la cima del Gran Paradiso.

Arrimándonos a los gendarmes que cierran el glaciar.

Y pasada la rimaya nos queda la cresta rocosa que en principio se afronta por el lado oeste.

La cima es un bloque con una virgencita en él, pero debido a la masificación, normalmente no hay tiempo de saborearla y debemos dejar paso a otros. En total habremos empleado en torno a las 5 horas desde el refugio y el descenso es cómodo y rápido, por lo que normalmente recogeremos nuestras pertenencias del refugio y bajaremos directamente al valle.

Aquí nos pasamos al lado sureste de la cresta, con un buen patio.

En este fácil pero expuesto tramo hay anclajes para asegurar el paso.

Y la virgencita de la cumbre a 4061 m con la gente de Todovertical .

En definitiva, una preciosa ascensión en la que alcanzamos los 4061 m por nuestros propios medios, sin uso de remontes. Si además, no encontramos aglomeraciones en la cima (cosa difícil), una ascensión perfecta.

Texto y fotos: Manuel No, Jonás Cruces y Luis Pantoja

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Elbrus: descenso con esquís

Después de las excursiones  por el valle de Baksan y de las ascensiones con esquís desde Barrels hasta las rocas Pastukhov a 4800 m, pensamos que ya estábamos aclimatados. Había llegado la hora de atacar la cima del Elbrus, 5642 m.

Ficha Técnica                              Mapa de Situación                                        Vídeo

 

Aunque no presentábamos síntomas de mal de altura, valoramos la posibilidad de descansar un día y atacar la cima después. Pero se preveían temperaturas suaves (entre –5º y 0ºC) y vientos flojos (de 20 a 30 km/h) en la cima, algo fuera de lo común en esta montaña, mientras que pasado mañana el tiempo podría empeorar. El Elbrus ya no estaba tan lejos ni tan arriba, y no podíamos desaprovechar esta oportunidad.

Había que aprovechar el buen tiempo.

¿Conseguiremos llegar mañana a la cima?

Esa noche los nervios apenas nos dejaron dormir y a las dos de la madrugada estábamos en pie. A las tres nos calzamos los esquís, siendo los únicos en salir desde Barrels, ya que la mayoría de la gente que sube al Elbrus es trasportada en máquinas “pisanieves” hasta Pastukhov, perdiendo mucho de ese carácter montañero que tiene un pico tan alto, y dejando reducida la ascensión a la mitad.

Saliendo de Barrels a las 3 de la madrugada.

Mucho frío con las primeras luces.

A 4700 m. y a las seis y media de la mañana, aunque hiciera un tiempo anormalmente bueno, no  es precisamente calor lo que sentíamos a la luz de un sol que llevaba pocos minutos alumbrando tímidamente unas cumbres minuciosamente talladas. Y es que nunca se nos borrará de la memoria el momento en el que miramos hacia atrás y contemplamos como la sombra del Elbrus cortaba el horizonte, dando la impresión de que hubiera dejado el cielo dividido en dos.

 Impresionante sombra del Elbrus.

Cerca de las rocas Pastukhov.

Pero no había tiempo para detenernos a observarlo y quedarnos fríos, así que inmersos en nuestros pensamientos seguimos avanzando en lo que sería el tramo más inclinado hasta el momento. Nos esperaban unas empinadas pendientes de nieve helada que hubiéramos podido afrontar cómodamente con las cuchillas que dejamos en casa para reducir peso. Al final, con los esquís a la espalda, el buen ritmo que hasta ese momento llevábamos, se vio bastante ralentizado.

 A partir de aquí, empezamos a tener problemas con la nieve helada.

Y por fin nos llegan los primeros rayos de sol.

Alcanzados los 5000 metros iniciamos la diagonal, que en travesía remonta 400 m. de desnivel flanqueando la ladera de la cumbre Este, hasta el collado que separa las dos cimas llamado “la silla de montar”. Parecía que estaba cerca, pero cuando tras media hora te parece que sigue estando igual de lejos, es el desánimo lo que te invade. Una hora después, parece que la montaña se ha estirado y que las malditas rocas siguen a la misma distancia. Ahora quedaba la parte psicológicamente más dura de la subida, y con el estómago vacío no se discurre con claridad. Así que nos sentamos en la nieve, abrimos el macuto, y sacamos el bocata de jamón.

 Esquís a la chepa en la nieve dura de la diagonal.

Sufriendo la eterna diagonal.

Una vez recargadas las pilas iniciamos de nuevo la marcha hasta el collado, con los esquís calzados. Aquí hay unas ruinas de un antiguo refugio en donde la mayoría de los esquiadores dejan sus tablas y continúan andando a la cima. Nosotros seguimos con ellos nuevamente en la espalda, y es Lis la que ahora va en cabeza marcando el ritmo en estas rampas finales, que son también las más inclinadas. Ensimismados en nuestros pensamientos, levantamos la vista y por fin  contemplamos la cima en el otro extremo del plató a la que llegamos entre felicitaciones y risas.

Por encima de las empinadas rampas pasado el collado, por fin vemos la cima.

Felices en la cima del Elbrus.

¡Ya estamos en la cumbre, y ahora viene lo bueno!- Los primeros virajes en la nieve helada de la cima nos han hecho entrar en calor enseguida, y nos hemos desviado hacia las rampas más inclinadas e interesantes que descienden directamente hasta el Collado. La ladera de unos 45º a 50º está dividida por un gran serac central, y tiene en su parte superior un pequeño resalte de hielo del glaciar somital. Las espátulas de nuestros esquís asoman por encima de la cornisa, y de un salto accedemos a esta preciosa ladera, de nieve un poco costrosa, en la que encadenamos unos cuantos virajes cada vez más amplios y rápidos.

Primer viraje en la nieve dura de la cima.

Con precaución en los primeros metros.

En la parte más empinada (40º) que lleva al collado.

Iniciando el rápido descenso hacia la diagonal.

Continuamos la bajada por una nieve polvo-húmeda muy divertida de esquiar, en la que es fácil dejarse llevar por el entusiasmo. La velocidad de Alberto nos pone los pelos de punta, pero no hay que olvidar que estamos en una zona glaciar de  profundas grietas. La velocidad a la que descendemos nos proporciona cierta seguridad, siempre y cuando se tenga en cuenta la zona en donde vas a cargar el peso en los virajes o en las detenciones.

Y un poco más abajo disfrutamos de la nieve empezando a transformarse.

Lis dando ejemplo de cómo se baja.

Con el Cáucaso a nuestros pies.

Aprovechando los últimos giros.

Pletóricos llegamos a Barrels donde esperamos a nuestros compañeros que iban andando. Sin duda acertamos en no esperar un día más, ya que al día siguiente, mientras bajamos en el telesilla, la tormenta arreciaba y los rayos que caían cerca nos mantenían un tanto asustados bajo aquellos cables. Ese día nadie pudo alcanzar la cima, todos los grupos se dieron la vuelta debido a la nieve y la tormenta. Incluso al día siguiente, tras una nevada de 30 cm. sólo algunos llegaron a la cumbre, bajo unas temperaturas de -20ºC y vientos de 100 km/h., que provocaban tal ventisca que no se veían ni los pies.

Al llegar a Barrels, cansados pero felices.

Tuvimos mucha suerte con el tiempo, pero una buena planificación y entrenamiento son imprescindibles para tener éxito en esta montaña que aunque fácil, es alta, ventosa y fría. Ahora sabemos que han merecido la pena tanto entrenamiento y esfuerzo. Ni las quemaduras en la nariz, ni los labios hinchados, ni las ampollas en los pies, pudieron borrar nuestras caras de satisfacción mientras soñamos con otras montañas. Soñar no nos cuesta y nos mantiene vivos.

Uno de los viajes más divertidos y que con más cariño recordamos. Luis, Paloma, Jorge, Visi, Álvaro, Serguei, Lis, Mariano, Rodri, Alberto y Jesús.

Texto: Lis Álvarez de Cienfuegos, Álvaro Pantoja y Alberto Pantoja

Imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Elbrus: aclimatando por el valle de Baksan

Sumidos en los calores de julio nos resistíamos a guardar los esquís, así que buscando la nieve nos dirigimos al Elbrus, que con sus 5642 m es la cima de la Europa oriental. La idea de bajarlo con esquís hacía tiempo que nos rondaba la cabeza.

Ficha Técnica                                    Mapa de Situación                                      Vídeo

   

Y es que, después de una temporada invernal un tanto escasa de nieve en Europa, nos quedamos con ganas de continuarla, así que decidimos ir a lo más alto del continente a ver si allí teníamos más suerte. El grupo lo formamos nosotros tres (Lis, Álvaro y Alberto), nuestros padres (Visi y Jorge, y Paloma y Luis) y tres amigos (Mariano, Jesús y Rodrigo). Nos habíamos estado preparando a conciencia: muchas carreras de esquí de montaña; muchos kilómetros esquiando fuera de pista en Pirineos y Alpes; y unas cuantas escaladas en el Atlas, Andes y TienShan.

Álvaro, Lis y Alberto de tránsito en Moscú.

En el aeropuerto de Moscú en tránsito hacia Mineralnye Vody en el Caucaso, y con 35º nos pusimos las botas de esquí y los pantalones y chaquetas de montaña para evitar pagar sobrepeso en el avión. Fueron unos minutos de sofoco, pero nos ahorramos un dinerillo, ya que los 25 kg permitidos nos resultaban escasos llevando esquís.

A 35º y con las botas puestas.

Ya en la república de Kabardino-Balkaria nos alojamos unos días para aclimatar en Cheget, un pueblo rodeado de preciosos bosques y ruinosos edificios abandonados, y núcleo turístico con unos antiguos remontes de esquí que dan acceso a unas laderas impresionantes.

El pueblo de montaña de Cheget.

La cordillera del Cáucaso es de origen alpino, muy agreste y con varios picos de más de 5000 m. Imponentes agujas se elevan por encima de glaciares de gran extensión y sus pendientes son de fuerte inclinación y gran complejidad.

Las agrestes cumbres del Donguzorum.

El Elbrus, sin embargo, es un volcán de dos cimas casi gemelas formadas por rocas plutónicas con un relieve mucho más suave que sus montañas vecinas, pero a las que supera en más de 1000 m de altura, y rodeada por un casquete glaciar de gran extensión. Una montaña fría y con fuertes vientos.

Los glaciares rodean la cima del Elbrus.

Existen instalaciones de esquí en Cheget (3 telesillas, 1telearrastre) que nos elevan hasta 2950 m, y en Azau cerca de Treskol (2 telecabinas, 2 telesillas) que nos llevan hasta 3700 m, al pie del glaciar Garabishi.

Telesilla monoplaza de Cheget. Foto: Jesús Mayor.

Cañones para provocar aludes a distancia y evitar riesgos para los pueblos.

Para aclimatar realizamos las siguientes excursiones, que en temporada invernal se realizan con esquís, y que nos sirvieron también para conocer esta región del Cáucaso y sus gentes:
Cascada “lágrimas de niña”: Partimos de Terskol a 2100 m por la pista que va al observatorio astronómico y a unos 2800 m nos desviamos a la izquierda y encontramos esta cascada que nos invita a ser bautizados con el agua de los glaciares del Elbrus, hasta los que podemos llegar si seguimos ascendiendo.

Cascada “lágrimas de niña” al pie del Elbrus.

Aprovechando para entrenar.

 – Valle del Shkhelda: Desde el Campamento Shkhelda a 1700 m ascendemos hasta la lengua del glaciar del mismo nombre a 2200 m. Aquí contemplamos la gruta de la desembocadura de este glaciar en el que incluso crecen árboles encima del hielo. Remontando el glaciar hacia el sur hasta unos 2800 m., llegamos en 4 horas a la confluencia de los glaciares del Yusengi y del Ushba.

 

Valle del Shkhelda.

Cerca del glaciar Yusengi.

Monte Cheget: Desde el pueblo de Cheget a 2050 m podemos ascender a este pico desde el que se tiene una perspectiva total de la ruta del Elbrus. Nos llevará en torno a las 4 ó 5 horas llegar hasta sus 3461 m, aunque podemos acortar la ascensión si utilizamos los remontes mecánicos del lugar.

Ascendiendo con el Donguzorun al fondo.

El monte Cheget entre nubes.

Pico Gumachi: Ascensión a esta montaña de 3805 m que se realiza en dos jornadas desde el campamento Jantugan a 2000 m, pernoctando al pie del glaciar. Es un excelente mirador de los picos Kashkatash, Bashkara y Jantugan.

Valle del Adylsu.

Los picos Kashkatash y Bashkara.

La previsión de tiempo estable nos anima a ascender gracias a los telecabinas, hasta Barrels, campo base del Elbrus a 3700 m y al borde mismo del glaciar Garabishi. Nos alojamos en unas grandes barricas de chapa, calientes y confortables, que sirven de refugio.

Uno de los grandes peligros del Elbrus: su Telecabina.

Barrels a 3700 m al pie de los galciares del Elbrus. Foto: Jesús Mayor.

Sin perder más tiempo ascendemos “foqueando” hasta el Priut 11 a 4100 m., un antiguo refugio que se quemó y ya ha sido reconstruido, y desde el que algunos prefieren atacar el Elbrus.

 
Hacia el Priut 11.

 El grupo al completo en el Priut 11.

Confirmando nuestras esperanzas, la montaña estaba cargada de nieve polvo y las grietas del glaciar totalmente tapadas, así que el descenso por esta suave ladera lo realizamos a gran velocidad y con amplísimos giros.

 Álvaro bajando del Priut 11.

Siguiendo con nuestro plan de aclimatación, al día siguiente subimos hasta las rocas Pastukhov a 4900 m en 3 horas en lugar de las 4 ó 5 habituales, disfrutando de otro rápido descenso que nos elevó la moral a todos.

 Paloma Dorda bajando de las rocas Pastukhov.

El Elbrus parece estar muy cerca, pero ¿será esto cierto o será sólo una apreciación nuestra?

 Lis, Alberto y Álvaro con el Elbrus al fondo.

Texto: Lis álvarez de Cienfuegos, Álvaro Pantoja y Alberto Pantoja

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Ascensión al Tryo Glavaya

El Campo Base del glaciar Inylchek Sur se encuentra en una de sus morrenas laterales, justo en la falda del Tryo-Glavaya de 5504 m. Después del treking para llegar hasta aquí, había que intentar ascender a su cima norte.

                       Ficha Técnica                                                                   Mapa de Situación

                          

Una vez que decidimos separarnos para intentar las dos cimas que nos parecían asequibles desde este Campo Base, el Pesni-Abay y el Tryo-Glavaya, y con la escasa información que habíamos recopilado, Álvaro, Alberto y yo preparamos el material. Esa tarde decidimos reconocer al camino por el glaciar hasta el comienzo de la ascensión, e incluso remontamos los primeros metros para precisar la dificultad de la ruta. Esta cara noroeste es glaciar en su totalidad y aunque sus rampas no parecían superar los 50º nos inquietaba el no tener claro lo que nos íbamos a encontrar.

El Tryo Glavaya Norte.

Ya de madrugada remontamos algo el glaciar y enfrentamos las primeras rampas con los frontales. La nieve estaba podrida y rehelada, haciendo que tuviéramos que asegurarnos en los tramos expuestos. Tras estas primeras rampas, el itinerario remonta sobre los cortados de la cara norte por lo que hay que extremar las precauciones. La continua pendiente de entre 45º y 55º está tan helada que los crampones apenas penetran en ella. Progresamos más despacio de lo que querríamos.

Mucho frío saliendo a las 3 de la madrugada del CB.

Primeras rampas y primeras luces.

La continua pendiente no permite ningún descuido.

Un balcón perfecto al Inylchek Sur.

Pasada esta expuesta zona, la pendiente gira sobre la cara noroeste y disminuye su inclinación, pero ahora el peligro son los puentes de nieve blanda sobre las grietas. Llevamos 6 horas de escalada y es ahora, desde la perspectiva que nos proporcionan los 5000 m a los que hemos llegado, cuando nos damos cuenta de las verdaderas dimensiones de este lugar. Los gigantescos bastiones de 7000 m que protegen este caudal de hielo hasta su fusión a más de 60 km, se pierden en la neblina de la mañana y nos abstraen momentáneamente en este hombro al que hemos llegado.

En la parte superior, la pendiente vuelve a empinarse.

La nieve rehelada se trasforma rápidamente con el sol.

A pesar de que los últimos cien metros de rampas que conducen a la cima se elevan frente a nosotros, decidimos retirarnos prudentemente, ya que el Sol comienza a debilitar los puentes sobre las numerosas grietas que nos esperan más abajo.

Con el Khan Tengri al fondo.

Desde aquí podemos adivinar parte del treking por el glaciar.

Y en este rellano por encima de los 5000 m, justo antes de la última rampa, decidimos bajarnos.

Así pudimos comprobarlo después, cuando Álvaro se coló hasta las axilas, quedando sujeto del piolet y la cuerda. Tras otras seis horas más, llegamos al campo base cansados pero enormemente satisfechos.

Delicado descenso en algunos tramos.

Con la nieve blanda tras el susto en la grieta.

De vuelta en el CB con el Tryo Glavaya al fondo.

A pesar de la nerviosa mirada que echamos al helicóptero destrozado que se encuentra en una grieta del glaciar junto al campo base, esperamos impacientemente el regreso sobrevolando el itinerario de venida. Nos despedimos del Guía y los porteadores y, en medio del estruendo de las hélices, nos elevamos mientras recorríamos con la mirada nuestras huellas del día anterior por el Tryo-Glavaya y el Pesni-Abay.

El helicóptero que nos llevará de regreso.

Nos despedimos del Inylchek remontando collados de más de 5000 m.

Sobrevolando en unos minutos todas esas montañas que tantos días nos llevó atravesar.

La grandiosidad del Inylchek se extiende bajo nosotros, ya no como un caos de hielo y rocas, sino como un conjunto ordenado de lenguas glaciares que se van agrupando en una sola, y en el que sus morrenas paralelas marcan el camino a seguir entre las enormes montañas que lo enmarcan. Cuando el piloto cambia de dirección para atravesar la cordillera, el espectáculo al pasar entre los contrafuertes de hielo, nos hace sacar la cabeza, literalmente, por las ventanillas. Después otro valle glaciar y más montañas, y tras éstos, los extensos prados y bosques hasta el Issik-Kul que te devuelven, con mucha pena, a la civilización.

Y por fin una buena cerveza fresquita.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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