Morezón, canal de La Uña

Esta canal se encuentra en la vertiente oeste del Morezón, entre los contrafuertes rocosos que la separan de su cara norte. Una estrecha entrada entre rocas que da acceso a unas palas amplias que nos llevan a una salida también estrecha y empinada que no siempre es accesible con los esquís. Una canal que teníamos pendiente y que por fin pudimos realizar en la primavera del 2018.

Ficha Técnica                                   Mapa de Situación

                        

El Morezón presenta una vertiente oeste amplia que vierte directamente a la Laguna Grande. Es la entrada más directa e interesante al Circo desde la Plataforma. Normalmente se desciende el itinerario que llamamos la “Oeste Directa” http://recmountain.com/morezon-directa-de-la-cara-oeste/ , una ruta con pendiente no muy fuerte pero mantenida hasta el final, y que presenta una parte baja algo laberíntica cuando hay escasez de nieve. Mirando el Morezón desde enfrente, a la izquierda de este itinerario tenemos otro igual de interesante, la “Cara Oeste”, y más a la izquierda y tras un espolón rocoso, se dibujan “Los Embudos” http://recmountain.com/embudos-del-morezon/ , la línea más técnica y bonita de esta montaña. Pues todavía más a la izquierda encontramos “La Uña”.

Aprovechando el buen final de temporada de este año 2018 y ya con unas condiciones casi veraniegas, remontamos desde el Prado de las Pozas junto a los torrentes que van rebosantes de agua y de vida. Ya desde el principio vamos ascendiendo sin perder de vista el cielo: las amenazantes nubes se van desarrollando con rapidez, más de lo esperado y, aunque sabemos que llegarán las tormentas, esperamos que nos dé tiempo a rematar esta temporada tan provechosa en la que hemos podido descender varios de nuestros objetivos del “Proyecto Gredos” http://recmountain.com/riscos-del-frances-canal-recta/ .

Comenzamos bajando la zona más empinada de la Pala Amezúa en la cara norte del Morezón para enseguida, Arrimarnos al espolón noroeste de esta montaña, que separa la cara norte de la oeste. Encontramos la nieve primavera ni muy blanda ni muy dura. Perfecta para intentar el descenso de La Uña.

Lo primero es acertar con la portilla que da acceso a la canal y no equivocarnos de bajada ya que alguna está cortada en este final de invierno. Alberto con su buen olfato la encuentra a la primera. Una pequeña brecha por la que podemos atravesar la cresta rocosa. Pero la tormenta se desata y tenemos que refugiarnos bajo un bloque de piedra hasta que la lluvia, nieve y granizo nos dan una tregua. Por fin parece que este primer núcleo tormentoso está pasando de largo, y esperando que antes de que llegue el próximo podamos descender la canal, comenzamos el descenso.

El primer tramo es de los que le gustan a Alberto, estrecho, expuesto, empinado, entre rocas. Pero despacito, y apoyando los cantos entre las imperfecciones de la roca, conseguimos pasar esta compleja entrada. Es posible que en años con más nieve, este paso no sea ningún problema, pero ahora necesita de concentración.

Tenemos bajo nuestras suelas la zona intermedia de la bajada: una pala algo empinada que se va ampliando según descendemos. Todo este sector que no es difícil, mantiene eso sí, la exposición ya que la canal va girando a izquierdas y cualquier caída te llevaría contra las rocas y cortados que hay por debajo.

En esta zona intermedia tenemos la suerte de que hasta se cuelan los rayos de sol entre los cumulonimbos. Disfrutamos de unos buenos giros antes de llegar a la parte final que no sabemos cómo nos la vamos a encontrar.

Llegamos a la embocadura de una estrecha canal que vuelve a empinarse y que desde aquí arriba no acertamos a ver si tendrá o no continuidad. Nos vamos introduciendo en la canal que cada vez se estrecha más. Unos giros de precisión entre las planchas de roca, nos llevan hasta el último paso complicado.

Vemos que la línea de nieve tiene continuidad hasta la pala de abajo, pero el paso es una columna de nieve hueca en el que sólo apoyan los patines. Nos planteamos pasarlo haciendo un recto y frenar pasada la columna, pero la zona de frenado está dura y tiene unas rocas aflorando. No vemos viable esa opción e intentamos pasarla con los esquís puestos pero tras intentarlo ambos, llegamos a la misma conclusión: es muy posible que la columna se desmorone y caigamos al agujero de varios metros entre rocas. Si esto ocurre es mucho peor llevar las tablas, así que nos descalzamos y descolgamos los esquís al otro lado del agujero, en el interior de la cueva formada. Con los crampones puestos destrepamos la columna con suavidad máxima y conseguimos pasarlo.

Mientras hemos estado haciendo las maniobras la tormenta se ha desatado sin clemencia alguna. El granizo nos azota la cara y los rayos no dejan de caer alrededor. Pero tenemos que salir de allí cuanto antes ya que de la cueva chorrean cascadas de agua que pueden conducir las descargas. Fuera ya de la canal nos acurrucamos mientras la tormenta explota, en espera de que pase cuanto antes.

Por fin volvemos a tener un respiro entre tormentas y nos lanzamos Pala Amezúa arriba rápidamente, con la esperanza de que nos dé tiempo a volver a La Plataforma. Y tenemos suerte: disfrutamos de estas laderas finales de la bajada al Prado de Las pozas con las nubes rodeándonos y amenazándonos, pero sin rayos.

La canal ha resultado la guinda a una fructífera temporada para nosotros, de descensos en esta sierra. Llevamos cuatro años del “Proyecto Gredos” y nos parece que esto no ha hecho más que comenzar.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Categorías: ESQUÍ, Esquí de Montaña

Kyrguizstán: Charkuduk Peak N

El Valle del Tyuz se encuentra en la vertiente este del Karkará Peak. Es un solitario y salvaje lugar rodeado de montañas de más de 3000 metros entre las que sobresale el Charkuduk Peak. Un blanquísimo pico con crestas fáciles por donde ascender y laderas amplias y abiertas por donde dejar nuestras huellas. Un objetivo aparentemente sencillo que nos volvió a dar una lección de humildad que no olvidaremos.

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El Valle del Tyuz:

El campamento que tiene instalado Ak-Sai Travel (https://ak-sai.com/es/ ) a la orilla del río Karkará se encuentra justo a la entrada del valle que lleva a la ladera norte del Karkará Peak, por donde hemos esquiado todos estos días atrás. Pero si continuamos por el valle principal hacia el sureste, el río va girando y nos conduce por una estrecha garganta hasta el Valle del Tyuz. Un lugar solitario y salvaje en el que te sientes pequeño entre tanta montaña. Las empinadas laderas con bosquetes de coníferas se alzan hasta los recuencos de antiguos glaciares, y más arriba sobresalen una infinidad de picos blancos e inmaculados.

Reunidos con los guías la noche antes, hacemos planes para la que será la última jornada del viaje. Nos proponen conocer este valle e intentar alguna de las muchas montañas que lo rodean. Pocas tienen nombre, sólo las más elevadas, y entre ellas podemos acceder a la cara este del Karkará, o la norte del Charkuduk, de 3380 m de altitud. Nosotros decidimos intentar este último y nos acompañará Marion, una esquiadora francesa que vive en Kazajstán y se ha animado a acompañarnos.

Durante esta última jornada las motos de nieve nos llevan río arriba desde el campamento hasta la base de la vertiente SE del Pico Karkara. Desde aquí foqueamos por unas laderas bastante bien protegidas por el bosque hasta salir de las sombras del valle y alcanzar las soleadas laderas desde las que podemos empezar a ver paisaje. Allá donde miremos podemos ver montañas y más montañas algunas de las cuales rozan los 4000 m de altitud.

Pasada la zona de bosque, las laderas se suavizan y nuestras vistas por fin alcanzan a ver las montañas que cierran el valle. Éste se ramifica en varios grandes circos, uno de los cuales es el que está enmarcado por el Karkará y por el Charkuduk. La vertiente este del primero no parece tener mucha dificultad ya que es fácil acceder a la arista este por la que llegar a la cima. Pero la vertiente norte del Charkuduk es otra cosa: las laderas son amplias y no muy inclinadas; las aristas no son afiladas; pero la carga de nieve hace que definir una ruta segura no sea sencillo. No nos ponemos de acuerdo en por dónde debemos ascender. Cualquier opción presenta zonas complejas que deberemos evaluar con cuidado y, a pesar de las reticencias que plantea Alberto, decidimos seguir avanzando hasta llegar a ellas.

Por fin llegamos a la primera zona compleja: es una zona muy poco empinada pero con formaciones dunares y trampas en forma de hoyas. Aunque la ladera sur por la que hemos ascendido hasta ahora parecía ser estable, nada más pasar los llanos próximos a la vertiente norte, nos damos cuenta que la nieve ha cambiado y probablemente encontremos las mismas condiciones de inestabilidad que los días pasados en el Valle de Karkará. A pesar de ser una zona poco inclinada, decidimos ir separados y progresar de punto seguro a punto seguro. Nuestro guía Vadim va delante afrontando la primera rampa peligrosa y en la primera zeta que hace, sus esquís se hunden alarmantemente, aunque puede continuar hasta superar la rampa. Pasamos Marion y después yo, hasta el llano seguro en el que espera Vadim. Repentinamente, mientras pasa Álvaro se oye un “woumpf” y la ladera entera se le colapsa, afortunadamente sin venirse abajo. Después de ascender los pocos metros que le quedan hasta el llano por la huella trazada, respiramos todos aliviados.

Alberto que estaba todavía abajo, nos increpa que volvamos. Hablamos con Vadim y consideramos que no es sensato seguir en estas condiciones: si habíamos tenido ese susto ahí, cómo estaría le tramo complejo que nos esperaba después. Ahora nos quedaba descender por donde habíamos subido, con el riesgo que eso conllevaba, pero no había otra alternativa. Todos atentos, vamos esquiando la ladera de uno en uno, con la mano en el tirador del ABS. Esquiamos lo más suave y rápido posible hasta la zona segura en donde nos espera Alberto que, como otras veces, es el que mejor intuye el peligro.

Decidimos cambiar de ladera y dirigirnos a la cara sur para emplear el resto del día en conocer esa vertiente del Karkara, una ladera plagada de palas y algún que otro resalte de rocas. Cómodamente alcanzamos la cresta este que en suave pendiente llega hasta la cumbre del pico. En el cordal de la cima tenemos una bonita panorámica de las cumbres de más de 4.000 metros que se alzan en los valles vecinos del sur, también de la llanura que poco a poco desciende extendiéndose hacia el norte, ya en territorio kazajo. También tenemos una buena perspectiva de la peligrosa ladera norte del Charkuduk que hemos abandonado.

Y por fin llega el momento del largo descenso por este inmenso valle, esta vez más tranquilos ya que la nieve en esta vertiente está más transformada y estabilizada. Nos lanzamos despreocupados por estas suaves y amplias laderas, disfrutando cada giro como cuando saboreas los últimos sorbos de un buen vino. Últimos giros de unas jornadas de auténtico esquí de montaña.

En el fondo del valle coincidimos con el otro grupo con el que hemos compartido campamento. Unos chavales de sesentaytantos: Anna, Rosa, María y Bartomeu. Grandes esquiadores y montañeros catalanes con los que hemos compartido un viaje inolvidable.

Hemos hecho buenas migas con nuestro guía Vadim, con el que no hemos dejado de reírnos mientras compartimos experiencias y conocimientos. Hemos aprendido del gran alpinista Oleg, guía de nuestros amigos catalanes. Nos hemos sentido como en casa, exquisitamente atendidos por todos los conductores, cocineros y demás empleados del campamento de Ak-Sai Travel. Conocer a todas las personas del equipo, para nosotros ha sido la mejor parte de esta experiencia. Sólo nos queda recoger nuestras cosas, desmontar el campamento como hacen los nómadas con sus yurtas, para seguir nuestro camino.

Comenzamos a despedirnos de esta región con esa sensación agridulce que tienen los buenos viajes cuando se acaban. Echaremos de menos estas montañas que tanto nos han hecho disfrutar, entre gigantescos árboles, ríos de agua helada, huellas de lobo y valles que aún están por descubrir. Echamos un vistazo hacia atrás para ver por última vez las laderas intocables. Pero ya no las miramos con la impaciencia de los primeros días, sabemos que este país y sus gentes siempre nos recibirán con los brazos abiertos para volver a dibujar nuestra firma en estas inmensas montañas.

Y ahora que estamos sumergidos en las aguas termales a la orilla del lago Issyk-Kul, con el viento frío de las montañas que lo rodean pegándonos en la cara, tratamos de grabar este instante en nuestras retinas con la intención de que se sumen a esos instantes intensos que componen la vida. Volveremos, Kyrguizstán.

Texto e imágenes: equipo RECmountain
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Kyrguizstán: Chamynsai Peak E

En el Valle de Karkará, el Chamynsai Peak de 2800 m de altitud, es la cima más accesible desde el campamento. Su vertiente este desciende en suave pendiente hasta el fondo del valle por unas amplias laderas entre el bosque de abetos. Un terreno para disfrutar esos días en los que las condiciones no te permiten ir más lejos. Repleto de rincones para gozar, aunque siempre con precaución.

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En esta región de Asia Central tenemos la sensación de estar lejos, muy lejos de la civilización. Aparte del vuelo hasta Biskek con escala en Moscú (también podemos viajar a través de Estambul), hay que dirigirse hacia el este por carretera hasta el lago Issik-Kul y continuar, ya por pista de tierra hasta el pequeño poblado fronterizo de Karkará. Tras esos 370 km, quedan otros 10 km más para llegar al campamento de Karkará Keremeti, ya en plena montaña y cuyo acceso puede estar cortado por la nieve y tenerse que hacer en motos de nieve. Pero a pesar de lo remoto del lugar, Ak –Sai Travel nos ofrece todas las comodidades y atenciones que se puedan pedir y sus guías nos facilitarán poder disfrutar al máximo de estos días. Nos fascina mirar el vasto paisaje que se extiende hacia el norte de esta región.

El Chamynsai Peak:

Desde este pico de 2800 m de altitud, el cordal continúa hasta el Chamynsai Pass y después hasta el Karkará Peak, y toda la vertiente este del valle se encuentra repleta de pequeñas lomas salpicadas de bosquetes de abetos. Es un terreno relativamente fácil y protegido para los días de mal tiempo, cuando las condiciones no nos permiten ir más lejos. También es perfecto para buscar la nieve polvo, que aquí se acumula con más facilidad que en las crestas y cumbres más altas, en donde los vientos fríos del nordeste pegan de lleno.

Otro día más comenzamos siendo remolcados por las motos hasta el Chamynsai Pass, desde donde accedemos foqueando fácilmente por el cordal, hasta la misma cima del Chamynsai Peak. Esta primera subida del día nos la tomamos con calma, disfrutando de las vistas por la cresta que se extienden, por una lado hacia el Valle del Tyup al oeste, y por el otro hacia el Valle de Karkará al este. Al alcanzar la cima del pico, el horizonte se amplía hacia el norte, hacia las vastas llanuras nevadas que a los pies de esta cordillera se extienden por Kazajstán.

Hacia el este, la pendiente cae suavemente hasta el fondo del valle, por unas amplias palas de nieve polvo. Decidimos hacerlas del tirón, desde la cima hasta los llanos. Una ladera que invita a ir rápido y fluido, para calentar motores. No nos podemos resistir a saltar su cornisa cimera para después descender de uno en uno hasta casi el fondo del valle, hasta que las piernas no dan más de sí. Una larga y rápida bajada que nos deja con los cuádriceps al rojo vivo.

Comenzamos la segunda foqueada del día, ya sin la ayuda de las motos, pero ahora remontamos el cordal desde el Chamynsai Pass hacia el sur, hacia una pequeña cima a 2750 m antes de la subida al Karkará Peak por su arista norte. Alcanzada la cima de este pico satélite, fuera las pieles y a por su ladera nordeste.

Buscamos las pendientes más umbrías en donde la nieve pueda estar más polvo y más profunda. Y las encontramos. Giros de powder en donde hundirnos hasta las rodillas. Sigue existiendo peligro de aludes y mantenemos las medidas de precaución: bajamos de uno en uno, de punto seguro a punto seguro, con los ABS preparados,…

Pero nos confiamos. Queremos conseguir mejores imágenes y decidimos remontar dos de nosotros una pequeña ladera de polvo para conseguir la foto perfecta. En mitad de la pendiente nos asaltan las dudas, pero ya era tarde y se viene abajo. La placa colapsa y nos arrastra aunque hundidos sólo hasta la cintura. Afortunadamente, la ladera fracturada no era grande y enseguida se detiene, dejándonos en la superficie y sin necesidad de echar mano del ABS. Al final todo se queda en un susto y en una hora de tiempo perdida buscando los esquís y bastones.

No recomendaríamos a nadie venir a este lugar sin un guía local. Además de su conocimiento del terreno y de las condiciones meteorológicas, por otra razón importantísima para los esquiadores europeos: aquí la nieve tiene un comportamiento muy particular. Esto se debe en su mayor parte al clima continental de esta región y a su relieve. Las temperaturas son extremas y los valles se encuentran a mucha altitud, esto hace que en invierno haya largos periodos de frío intenso. El manto tiene un gradiente de temperatura muy alto y eso genera un tipo de metamorfosis de la nieve que crea granos nuevos sin apenas cohesión. Estos granos llamados cubiletes, que no tienen una presencia importante en nuestras montañas, allí aparecen de manera generalizada en estratos muy profundos durante el inicio de la primavera. El comportamiento del manto nivoso en el Tien Shan es muy distinto a lo que nuestra experiencia nos tiene acostumbrados.

Después de alguna otra bajada más, volvemos al campamento con mucho que pensar. Esa noche el tiempo cambia y nieva intensamente por lo que, a pesar de recibir con alegría la nevada, nos vamos a la cama con muchas dudas de cómo estará de inestable mañana el manto nivoso.

En esta región, la temporada de esquí dura desde diciembre hasta abril. Los meses más fríos son los de mejores condiciones de nieve, más seca y fría. En primavera las condiciones son más inestables, especialmente en los sectores más altos, inclinados y técnicos. Sin embargo, la temperatura en esta época es más agradable y más apropiada para hacer excursiones fáciles por itinerarios seguros. Hoy volvemos a sondear la estabilidad del manto, obteniendo un resultado bastante preocupante, con casi un metro de cubiletes bajo las últimas nevadas.

Hoy está claro que aventurarse a ascender algún pico sería una temeridad por lo que nos ceñimos a la zona de bosque en la que las laderas abiertas y peligrosas son más pequeñas y localizadas. Realizamos las bajadas con todas las medidas de precaución que conocemos y parece que mientras el tiempo continúe frío y cubierto, las laderas poco empinadas son esquiables.

El tiempo es variable, aquí lo normal es que nieve con intensidad durante un rato y a las pocas horas se despeje el cielo. Y eso es lo que ocurre hoy. No es muy habitual encontrar espesores profundos de nieve polvo en los que enterrarnos, sin embargo, podemos abrir huella prácticamente todos los días. Hay que aprovechar las ventanas de sol para hacer líneas rápidas en los lugares más escarpados y cuando el tiempo empeora, refugiarnos en el bosque y descubrir sus secretos.

Pero esta mejoría del tiempo está acompañada de un aumento leve de la temperatura que, con estas condiciones de inestabilidad del manto, puede resultar peligrosa. Por eso nos limitamos a tantear pequeñas laderas en las que, de romperse algo, no sería de grandes dimensiones. Y nuevamente, aunque el terreno no es nada empinado, volvemos a colapsar una pequeña ladera que, gracias a estar alerta y haber tomado precauciones, no tiene más consecuencias que las de obligarnos a permanecer en zona segura el resto del día.

Menos mal que entre las zonas de bosque seguro, podemos encontrar rincones en los que jugar y divertirnos. Nuestro magnífico guía Vadim nos descubre esos lugares y dedicamos el resto de la jornada a ensayar algunos trucos y saltos, unos bien ejecutados, y otros no tanto.

Hoy se ha vuelto a poner de manifiesto la importancia de venir con guía local, que no sólo nos salvará de un susto, sino que nos hará aprovechar más de nuestros días de esquí. Al final de esta nueva e intensa jornada, nos reunimos todos en el comedor para cenar y compartir las experiencias del día, y para degustar la gastronomía de esta región de Asia Central. La cocinera nos sorprende cada día con un plato típico de esta zona, a cada cual más rico, y tenemos que explicarle que si algo nos dejamos en el plato, no es porque no nos guste, sino porque nuestros estómagos no pueden con más.

Texto e imágenes: equipo RECmountain
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Kyrguizstán: Tyup Peak N

El Valle del Tyup está enmarcado entre blanquísimas montañas con innumerables aristas y laderas repletas de “spines” que rodean el Tyup Peak, de 3320 m de altitud. Elegir el objetivo del día resulta difícil entre todas las posibilidades que hay, ya que el Tyup es una de tantas cumbres en un larguísimo y nevado cordal que cierra este valle. Inmensidad, soledad, descubrimiento. El paraíso del freeride.

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Todos los días a primera hora nos reunimos con los guías de Ak Sai Travel para preparar la jornada. Nos cuentan que hay tres valles que rodean las tres principales vertientes del pico Karkara, de 3150 metros de altitud: el de Karkará (norte), el de Tyup (oeste) y el de Tyuz (sur). El campamento se encuentra a 2200 metros en la entrada al valle de la cara norte y dispone de motos de nieve con las que realizar las aproximaciones hasta el inicio de cada itinerario. Los conductores de los coches que nos trajeron hasta aquí pilotan las motos y están en continuo contacto con los guías vía walkie-talkie. Con ellos decidimos a donde ir y si necesitaremos su ayuda para acercarnos a estos inmensos valles.

Hoy amanece un nuevo y despejado día, así que decidimos ir con nuestro guía Vadim a conocer el Valle de Tyup. Es una larga excursión en las que las motos nos remolcan hasta el Chamynsai Pass y desde allí descubrimos la inmensidad del valle a nuestros pies. A lo lejos aparecen cientos de crestas nevadas con “spines” laterales que caen casi hasta el fondo del valle. Allá donde miremos podemos ver líneas potentes y empinadas, pero nuestro guía Vadim nos explica que hemos elegido una época tardía para ese tipo de descensos. Por un mes de retraso, tendremos que tachar de nuestros objetivos muchas canales y laderas de ensueño pero las opciones siguen siendo casi infinitas.

El Valle de Tyup:

Este valle es más grande que el de Karkará y sus cimas alcanzan mayor altitud, compartiendo con el Valle de Tyuz los 3380 metros del Pico Charkuduk. El Tyup Peak no destaca demasiado en el cordal que cierra el valle por el sur. Cualquier otro pico nos serviría como objetivo. Decidimos uno de tantos, con un acceso que no parece demasiado empinado ya que el peligro de aludes está presente. Desde el Chamynsai pass tenemos que alcanzar primeramente el fondo del valle y, como siempre, realizamos un pequeño sondeo en la nieve para comprobar su estabilidad. Aunque estas primeras trazas parece que no plantean problemas, deberemos estar muy atentos a su evolución a lo largo del día.

La esquiada discurre por laderas suaves y abiertas, con poco bosque, agradables para empezar el día y calentar motores. En verano, toda esta región es verde. Hasta los 3000 metros de altitud las laderas son una tupida alfombra de hierba plagada de edelweiss, sin apenas presencia de rocas. Es el terreno perfecto para el desencadenamiento de aludes de fondo: la hierba es un plano de deslizamiento y los árboles y arbustos, que a menudo están separados y aislados entre sí, actúan como puntos débiles por los que se propagan las posibles roturas de placa. Pronto nos damos cuenta de que estas sencillas laderas no son tan inofensivas como en un primer vistazo nos pudiera parecer. La presencia de los guías kirguizes es imprescindible para progresar con seguridad por este terreno.

Una vez llegamos al fondo del valle, para alcanzar el comienzo de la ascensión tenemos que ascender hasta el hombro Oeste del Karkara Peak, a 2670 m, para después bajar por la ladera opuesta. Desde arriba podemos contemplar el circo glaciar de la vertiente noroeste del karkará. Esta pequeña cima tiene unas vistas privilegiadas y es el mejor lugar para elegir los itinerarios de ascenso hacia el macizo del Charkuduk. Tomar una decisión no es fácil ya que las primeras rampas tienen una inclinación considerable y bosque mucho más denso. Junto a Vadim, decidimos trazar una ruta evitando todo lo posible cruzar por las zonas más propensas al tránsito de avalanchas.

Este segundo descenso, ya con las piernas a tono, lo realizamos a fuego, del tirón. Esto es mucho más grande de lo que parece y las horas se nos echan encima sin quererlo así que decidimos acelerar el ritmo. Ya sin aliento llegamos al final de esta formidable bajada, justo en el río desde el que empieza la verdadera ascensión del día hacia el Tyup Peak.

Cruzamos el río y afrontamos las primeras rampas en la zona de bosque. El sol empieza a calentar demasiado y la nieve reciente fría comienza a transformarse y a humedecerse, por lo que decidimos abandonar las laderas más abiertas y avalanchosas para meternos de lleno en el bosque. Por aquí ya no se avanza tan rápido debido a que nos vemos obligados a afrontar pendientes entre árboles más complicadas y serpenteantes, con “zetas” de apenas dos pasos entre cambios de dirección. La huella de ascenso empieza a ser muy profunda. Nos encontramos en cara norte y los claros del bosque son más grandes de lo que parecía por lo que las zonas más peligrosas son más frecuentes.

Comienzan los problemas con la formación de zuecos en las pieles de foca, que nos retrasan y nos desgastan. Empezamos a pensar que las condiciones de inestabilidad empiezan a ser demasiado peligrosas como para descender esas crestas a las que aún no hemos llegado. Comienza a cubrirse el cielo cuando nos topamos con lo que seguramente sea la última rampa empinada antes de llanear por la cresta, pero no estamos seguros de su estabilidad. Se hace imprescindible evaluar con la cabeza fría la situación: cambio de meteo, temperaturas suaves, nieves profundas humedeciéndose, crestas empinadas esperándonos, rescate más que difícil. Resultado: el riesgo por aludes no es asumible; nos damos la vuelta.

Las montañas kirguizes nos vuelven a enseñar que tenemos que cambiar el chip, y es que las lisas laderas cimeras en las que habíamos planeado dejar nuestras huellas al inicio de la excursión, nos empiezan a parecer intocables. Aquí todo es enorme y a medida que te acercas te percatas de la verdadera inclinación y los peligros objetivos. En el fondo del Valle del Tyup nos recogen las motos y remolcan hasta el Chamynsai Pass nuevamente para descender por el ya conocido Valle de Karkará. El tiempo ha ido empeorando y las nubes ya cubren el cielo, pero todavía podemos aprovechar las últimas bajadas en los rincones del valle.

De regreso al campamento, nos topamos con rebaños de Yaks, algún zorrillo e incluso unas huellas que nos parecen de lobo. No sería nada de extrañar como nos cuentan los guardas del campamento. De hecho, todos ellos llevan machetes enormes metidos en las botas y, cuando les preguntamos para que lo llevan siempre encima, nos contestan que por los lobos y otros animales que te puedas encontrar. El entorno aquí es salvaje y aislado.

Antes de cenar nos acercamos a la casi vacía aldea de Karkyra keremeti. Aquí hay algunas casas en las que viven los guardas del campamento, algunos con su familia. Pero el aislamiento durante el invierno no favorece el poder asentarse aquí. Sólo hace falta ver la máquina quitanieves que tienen: una auténtica preciosidad que parece que hasta este invierno la hayan usado. Al menos ahí estaban sus huellas en el terreno. También podemos apreciar el carácter trashumante de esta gente y sus rebaños, reflejado en la cantidad de casas móviles que hay. Carromatos, vagones de tren, camiones-casa, autobuses, contenedores de mercancías. Compartimos su espíritu nómada.

Para acabar bien el día, aprovechamos la sauna que hay en el campamento, junto al río, para desentumecer músculos, relajarnos y, como no, someternos a ese tratamiento de calor-frío que dicen que, supuestamente, va bien para la salud. Yo me cojí un buen resfriado, aunque no puedo asegurar que fuera por meternos en las heladas aguas del Río Karkará.

Recuperados del palizón de hoy, ya estamos soñando con lo que vendrá mañana…

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Kyrguizstán: Karkará N

En Kirguistán hemos conocido el lado más auténtico y puro del esquí de montaña. Sensaciones de libertad y de soledad en una inmensidad de valles y laderas, lejos de la civilización. El contacto con una naturaleza salvaje y auténtica, descubriendo secretos ocultos, aprendiendo grandes lecciones y conociéndonos mejor a nosotros mismos. No es la primera vez que venimos, ni será la última. Volveremos, siguiendo el espíritu nómada de este pueblo.

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Kirguistán es un país del que la gente apenas ha oído hablar. Las connotaciones de su nombre evocan tierras áridas y culturas cerradas. Pero estos prejuicios están bien lejos de la realidad. Este es un lugar de confluencia y convivencia entre distintas culturas. Cristianos, ortodoxos y musulmanes comparten este territorio. Los rasgos orientales propios de los pueblos de Asia Central, se mezclan con los occidentales debido a la colonización soviética. En la variedad de sus gentes encontramos, sin embargo, elementos comunes: la amabilidad y la hospitalidad. Y esto hace de esta tierra un lugar tranquilo y seguro, en el que nos sentimos como en casa. Gracias a nuestros amigos de Ak-Sai Travel pudimos disfrutar de auténtico esquí de montaña en el Tien Shan.

Después de sobrevolar la inmensidad plana de la estepa rusa, aterrizamos en Bishkek y la primera imagen que tenemos de la capital se dibuja en un escenario de montañas con grandes paredes y glaciares. Kyrguizstán se sitúa a la misma latitud que la Península Ibérica, en Asia central, entre China, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán, con una geografía definida y dominada por el terreno montañoso de las cordilleras del Pamir y del Tien Shan. Tres de sus cimas alcanzan los 7000 metros (Khan Tengri, Lenin y Pobeda) y su altitud media es de 2750. Así pues, es cierto cuando dicen que Kirguistán no es un país de montañas, sino montañas hechas país.

Nada más comenzar el camino hacia el este nos damos cuenta de que el simple hecho de llegar a nuestro destino será una aventura. Nos dirigimos a la frontera con Kazajstán, al campamento de Karkará, en la esquina nordeste del país. Atravesamos por carretera la orilla norte del lago Issyk-Kul, el segundo lago salino más grande del mundo y el séptimo más profundo, cuyo nombre significa “lago caliente”. Pronto el asfalto va desapareciendo y ganamos altitud. La carretera se adentra en unas montañas cada vez más cubiertas de manto blanco y la pericia de los conductores se hace notoria a medida que las ruedas van hundiéndose en la nieve. En el paso fronterizo la presencia militar contrasta con las sonrisas de los niños de la aldea de Karkará.

Ayudados por las motos de nieve, recorremos los últimos kilómetros hasta el campamento. Una instalación en la orilla del río que separa ambos países y que tiene todas las comodidades que podríamos desear. Las instalaciones del campamento están gestionadas por la agencia de turismo Ak-Sai Travel (https://ak-sai.com/es/) y tienen todas las comodidades que se pueden pedir en un lugar perdido entre las montañas: cabinas dormitorio dobles con calefacción; aseos, duchas de agua caliente y lavadora; una amplia estancia comedor en donde realizar los briefings antes de esquiar; conexión WiFi; e incluso una sauna junto al río en la que relajarnos tras las intensas jornadas de actividad.

La emoción de haber llegado a este lugar tan increíble trae el primer toque de atención de la semana: al llegar la noche y descubrir el cielo abarrotado de estrellas, nos alejamos cien metros del campamento para hacer unas fotografías nocturnas y los guías no tardan en salir a llamarnos a voces para que regresemos. Cuando preguntamos por qué, responden “because of the wolves” (debido a los lobos). Sólo ver sus huellas los días siguientes o recibir la noticia de que la semana anterior habían devorado un perro del campamento, nos pone la piel de gallina.

El Valle del Karkará:

Comenzamos las jornadas de esquí reconociendo el Valle de Karkará, el más próximo a las instalaciones. En esta toma de contacto, descubrimos un terreno muy variado de laderas poco inclinadas de bosque muy abierto de coníferas. Tan sólo en las laderas cimeras observamos mayor inclinación y terreno rocoso. En la zona intermedia encontramos pequeñas hoyas y espolones, palas más inclinadas, cornisas… es una zona muy divertida con un relieve muy franco. Las rampas se van tumbando hacia el fondo del valle hasta llegar al río en el que se encuentra nuestra base. El valle de Karkará ofrece opciones muy variadas para todos los niveles y sus zonas de bosque son perfectas para resguardarnos en los días de poca visibilidad o mal tiempo.

Los servicios del campamento incluyen el traslado en motos de nieve, a primera hora de la jornada, hasta el fondo del valle elegido para esquiar. O bien sentados en la parte trasera de las motos, o remolcados con cuerdas, nos dejarán en el comienzo de las pendientes pronunciadas. Ir remolcado es mucho más cansado, pero desde luego, infinitamente más divertido.

Desde donde nos han dejado las motos en esta primera jornada, ya podemos contemplar el objetivo de hoy: el Karkará Peak, de 3150 m de altitud. Su cara norte presenta unos contrafuertes empinados e interesantes entre los que se encuentran corredores asequibles. Proponemos a Vadim, nuestro guía, el descenso por uno de esos corredores para empezar. Pero nos sorprende diciendo que no ve posible la bajada, no por la dificultad técnica si no porque en esta época del año la nieve está muy inestable. Insistimos y decidimos intentarlo.

Llegando a la zona en donde empieza la pendiente vemos que la nieve está muy venteada por lo que pensamos que sería conveniente hacer un rápido sondeo antes de entrar en la parte expuesta. El resultado nos deja atónitos: nunca hemos visto un manto de nieve como éste en ninguna otra montaña a la que hayamos ido. Bajo 50 cm de nieve polvo compacta, el manto está compuesto por más de un metro de cubiletes sin ninguna cohesión, hasta el suelo. Por supuesto que los tests de inestabilidad nos confirman las sospechas: con una sobrecarga débil se viene abajo.

Va a ser que Vadim tenía mucha razón. Nos cuenta que esto es habitual aquí y que en primavera el manto es muy inestable. Probablemente el intenso y continuo frío que llega hasta aquí durante todo el invierno desde Siberia, transforma cada capa de nieve que cae en granos angulados y de nula cohesión, haciendo que la nieve de primavera superficial menos fría, aísle y mantenga la metamorfosis de gradiente térmico durante muchas jornadas. Decidimos seguir por la cresta medio pelada hasta donde consideramos que empieza a no ser asumible el riesgo. Nos calzamos los esquís y bajamos la parte peligrosa por la misma cresta para luego afrontar las laderas bajas menos inestables. Por supuesto con todas las medidas de precaución posibles y el asa del ABS a mano.

Llegados al fondo del valle, volvemos a remontar hacia otras zonas más protegidas por el bosque, en donde el viento no ha formado placas tan densas. Desde el cordal entre el Chamynsai y el Karkará podemos ver el impresionante circo de la cara Noroeste de este último pico. Una pena pensar que, si no cambia, con estas condiciones va a ser intocable. Aún así, el terreno de juego en la zona boscosa es muy divertida, con cornisas, acumulaciones de nieve polvo y protegidos del viento.

Aprovechamos este valle para esquiar durante esos días en los que, ya sea por las malas condiciones meteorológicas o por la inestabilidad del manto nivoso, aventurarnos más allá resulta peligroso. La cantidad de pequeñas lomas, con diferentes orientaciones y pendientes, hacen que siempre encontremos rincones interesantes y divertidos de esquiar. Y para finalizar la jornada sólo te tienes que dejar deslizar valle abajo, por donde las motos nos han remolcado a primera hora, para llegar hasta el campamento a la orilla del río, y reponer fuerzas para el día siguiente.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Vídeo, ¿Ruau esquiable?

Aunque persiste el anticiclón que desde hace más de un mes bloquea la llegada de las borrascas, Alberto bajó el Tubo Ruau el 10 de enero (entrando por La Fácil) tras portear los esquís hasta la cima de Peñalara. Con una nieve que parecía piedra y rocas aflorando por todas partes. Condiciones peligrosas en las que no te puedes permitir un error.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Vídeo primera del Ruau

Primer descenso de la temporada (noviembre 2018) del Tubo Ruau en PeñaLara con nieve dura en la primera parte y algo de polvo en la segunda, en esta temporada que empezó temprano, pero que se está haciendo de rogar.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Riscos del Francés, canal Recta

La aparentemente infranqueable muralla sur del Risco del Francés tiene una canal central increíblemente recta, larga, estrecha y empinada. Una línea con una parte alta que empieza siendo sencilla y que poco a poco va llevándote a la zona central en donde se concentran todas las dificultades. La parte final, cuando el recto pasillo se acaba y la canal se ensancha y abre a la izquierda, continúa otro tanto igual de desnivel por depósitos enormes de las avalanchas que caen de toda la pared. Un sueño por fin conseguido.

Ficha Técnica                                        Mapa de Situación

                    

Hace unos años comenzamos con el “Proyecto Gredos” de descender canales en la Sierra de Gredos de las que no teníamos constancia de haberse esquiado nunca, y esta temporada conseguimos uno de los principales objetivos. La foto de debajo muestra la cara sur de los Riscos del Francés a vista de dron. Tiene una canal central increíble, que hace ya unos cuantos años habíamos visto y estudiado. Desde el 2014, año en el que comenzó realmente el proyecto, no habíamos dejado de pensar en la posibilidad de descenderla. Pues bien, en esa foto se nos ve esquiándola y, aunque las dimensiones son tan brutales que apenas se ven tres puntitos, ahí estamos en pleno descenso.

La vertiente sur de Gredos presenta unos desniveles importantes que pueden llegar casi a los 2000 m hasta el fondo de algunas de las gargantas. Su aproximación por esta orientación sur es muy larga y compleja, con pocos caminos y muchos “boquerones” (desfiladeros rocosos por donde discurren los torrentes) que hacen a veces imposible llegar siquiera al pie de las canales. La muralla sur del Risco del Francés siempre nos llamó la atención y tras una primera incursión en la que pudimos alcanzar el Durazno y descender su canal Este, decidimos intentar acceder a las canales de esa cara sur desde la vertiente norte.

La aproximación a nuestro objetivo la hacemos, aprovechando que hay nieve desde el Prado de las Pozas, ascendiendo a los Barrerones hasta el Circo de la Laguna Grande, para después subir a la Portilla de los Machos. Cruzamos así a la vertiente sur y llegamos a la canal por arriba. Normalmente es mucho más aconsejable subir por donde vas a bajar, porque compruebas el estado de la nieve y las dificultades que te vas a encontrar en todo el descenso. Aun así, según hemos ido subiendo hemos podido comprobar que el deshielo es importante y que la nieve ni siquiera se ha recongelado en las caras norte. Sabemos que una dificultad que encontraremos será la nieve húmeda y blanda que puede purgarse y arrastrarnos.

Alcanzamos la Portilla de Los Machos en donde nos preparamos para el descenso. Llevamos la cuerda, el piolet y los crampones a mano dentro de la mochila. También nos pusimos el arnés y nos colgamos los archiperres para anclarnos, o por si tuviéramos que hacer algún rapel en alguno de los estrechamientos. Nos calzamos las tablas, bloqueamos fijaciones y comenzamos bajando por la ladera suroeste del Casquerazo hasta la cumbre del Risco del Francés y hasta la portilla que accede a la canal sur.

Nos asomamos a la canal que parecía fácil en este primer tramo, aunque la convexidad de la pendiente nos impedía ver más allá de los primeros virajes. Tomamos unas imágenes y Álvaro comenzó el descenso catando el estado de la nieve y evaluando si las purgas podían ser demasiado peligrosas. El riesgo parecía asumible y le seguimos de cerca aunque de uno en uno.

Tras esta primera pala fácil y amplia, nos acercamos al embudo en donde la canal se estrechaba y la pendiente empezaba a inclinarse cada vez más, hasta los 45º. De momento, la anchura de la canal nos había permitido evitar las purgas que íbamos provocando, pero según se iba estrechando, podríamos tener más problemas con ellas.

Desde ahí podíamos ver ya una gran parte de esta mitad superior del pasillo y podíamos intuir los problemas que nos íbamos a encontrar más abajo. Uno de ellos era que la nieve que se purga en esta época del año, se encauza en el centro de la canal horadando un enorme surco que iba a resultar difícil de cruzar.

Llegamos a la primera zona estrecha en donde el surco no era lo suficientemente ancho como para esquiarlo por dentro, ni lo suficientemente estrecho como para cruzarlo sin que nuestros esquís se combaran sobre el vacío. Nos vimos obligados a bajar por los lados, lo cual añadió dificultad e inclinación en varios puntos. Al principio lo afrontamos por la izquierda, aunque después tuvimos que cruzarlo hacia la derecha para superar una primera fisura que interrumpía la canal.

Más abajo volvimos a encontrar una zona más amplia que nos llevaría al siguiente estrechamiento. Álvaro y yo decidimos dar el paso por la izquierda por lo que tuvimos que volver a cruzar el p*** surco con los patines en vilo. Ya al otro lado la pendiente se empinaba mucho, unos 50º, y todos nuestros sentidos se concentraban en cada giro:

“Durante un tiempo, todo desaparece. No existe nada más en tu mente. Tu concentración es total. Es el momento de utilizar todas tus capacidades, llevar al máximo nivel todo aquello que has aprendido. El equilibrio perfecto entre la improvisación y la toma de decisiones. Una manera de ordenar aquello que es importante frente a lo que es accesorio. Valorar lo que tienes alrededor y situarte en el minúsculo espacio que debes ocupar”.

Alberto resolvió con imaginación este empinado paso por el otro lado y los tres conseguimos descenderlo y encontrarnos con la última dificultad: una zona en la que la roca asomaba y el torrente fluía con fuerza. Este era el punto en el que suponíamos que tendríamos que hacer un rápel, pero afortunadamente estaba casi tapado y los superamos metiéndonos de lleno en él.

La parte estrecha, recta y empinada quedaba atrás. La canal se encuentra aquí con la principal que sube en diagonal desde los boquerones de la Garganta de la Casqueruela hasta el hombro al de la cima este de los Riscos del Francés. Seguimos bajando por esta canal Diagonal que se encontraba rellena de depósitos de avalanchas, surcos, bolas, bloques y piedras, y que va bordeando las paredes rocosas del Francés por su base. Llegamos hasta el final de los depósitos de nieve, hasta donde las cascadas se adueñan de la canal y se precipitan boquerón abajo. Ya no podíamos esquiar más así que nos descalzamos las tablas y repusimos fuerzas mientras disfrutábamos de este rincón perdido de Gredos.

Para regresar, subimos por la Diagonal del Francés, una canal mantenida y preciosa que pasa bajo la esbelta aguja de Aurelio Delgado. Tuvimos que hacer este tramo en ensamble debido a que, en esta época, la nieve se está derritiendo y en estas gargantas no sería difícil que un puente de nieve cediera a nuestro paso. Hay que tener en cuenta que los ríos bajan varios metros por debajo de nuestras huellas, entre bloques de roca muy grandes. Hay cascadas, pozas y muchas toneladas de nieve encima. Así lo avisaba el sonido que salía de las grietas y agujeros que íbamos encontrando por el camino.

Por fin culminamos la ascensión de la Diagonal del Francés y bordeando una de sus cimas, remontamos las palas de vuelta a la Portilla de Los Machos. Después el ya conocido y largo regreso al Circo y a la Plataforma.

Nos sentimos especialmente orgullosos de este descenso que nos ha exigido un gran esfuerzo: de imaginación para trazarlo en nuestras mentes; de descubrimiento para encontrarlo entre riscos y canales; y de técnica para esquiarlo con unas condiciones de riesgo asumibles. Nuevos proyectos sobrevuelan ya nuestras cabezas…

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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