Kyrguizstán: Tyup Peak N

El Valle del Tyup está enmarcado entre blanquísimas montañas con innumerables aristas y laderas repletas de “spines” que rodean el Tyup Peak, de 3320 m de altitud. Elegir el objetivo del día resulta difícil entre todas las posibilidades que hay, ya que el Tyup es una de tantas cumbres en un larguísimo y nevado cordal que cierra este valle. Inmensidad, soledad, descubrimiento. El paraíso del freeride.

Ficha Técnica                   Mapa de Situación                   Vídeo

Todos los días a primera hora nos reunimos con los guías de Ak Sai Travel para preparar la jornada. Nos cuentan que hay tres valles que rodean las tres principales vertientes del pico Karkara, de 3150 metros de altitud: el de Karkará (norte), el de Tyup (oeste) y el de Tyuz (sur). El campamento se encuentra a 2200 metros en la entrada al valle de la cara norte y dispone de motos de nieve con las que realizar las aproximaciones hasta el inicio de cada itinerario. Los conductores de los coches que nos trajeron hasta aquí pilotan las motos y están en continuo contacto con los guías vía walkie-talkie. Con ellos decidimos a donde ir y si necesitaremos su ayuda para acercarnos a estos inmensos valles.

Hoy amanece un nuevo y despejado día, así que decidimos ir con nuestro guía Vadim a conocer el Valle de Tyup. Es una larga excursión en las que las motos nos remolcan hasta el Chamynsai Pass y desde allí descubrimos la inmensidad del valle a nuestros pies. A lo lejos aparecen cientos de crestas nevadas con “spines” laterales que caen casi hasta el fondo del valle. Allá donde miremos podemos ver líneas potentes y empinadas, pero nuestro guía Vadim nos explica que hemos elegido una época tardía para ese tipo de descensos. Por un mes de retraso, tendremos que tachar de nuestros objetivos muchas canales y laderas de ensueño pero las opciones siguen siendo casi infinitas.

El Valle de Tyup:

Este valle es más grande que el de Karkará y sus cimas alcanzan mayor altitud, compartiendo con el Valle de Tyuz los 3380 metros del Pico Charkuduk. El Tyup Peak no destaca demasiado en el cordal que cierra el valle por el sur. Cualquier otro pico nos serviría como objetivo. Decidimos uno de tantos, con un acceso que no parece demasiado empinado ya que el peligro de aludes está presente. Desde el Chamynsai pass tenemos que alcanzar primeramente el fondo del valle y, como siempre, realizamos un pequeño sondeo en la nieve para comprobar su estabilidad. Aunque estas primeras trazas parece que no plantean problemas, deberemos estar muy atentos a su evolución a lo largo del día.

La esquiada discurre por laderas suaves y abiertas, con poco bosque, agradables para empezar el día y calentar motores. En verano, toda esta región es verde. Hasta los 3000 metros de altitud las laderas son una tupida alfombra de hierba plagada de edelweiss, sin apenas presencia de rocas. Es el terreno perfecto para el desencadenamiento de aludes de fondo: la hierba es un plano de deslizamiento y los árboles y arbustos, que a menudo están separados y aislados entre sí, actúan como puntos débiles por los que se propagan las posibles roturas de placa. Pronto nos damos cuenta de que estas sencillas laderas no son tan inofensivas como en un primer vistazo nos pudiera parecer. La presencia de los guías kirguizes es imprescindible para progresar con seguridad por este terreno.

Una vez llegamos al fondo del valle, para alcanzar el comienzo de la ascensión tenemos que ascender hasta el hombro Oeste del Karkara Peak, a 2670 m, para después bajar por la ladera opuesta. Desde arriba podemos contemplar el circo glaciar de la vertiente noroeste del karkará. Esta pequeña cima tiene unas vistas privilegiadas y es el mejor lugar para elegir los itinerarios de ascenso hacia el macizo del Charkuduk. Tomar una decisión no es fácil ya que las primeras rampas tienen una inclinación considerable y bosque mucho más denso. Junto a Vadim, decidimos trazar una ruta evitando todo lo posible cruzar por las zonas más propensas al tránsito de avalanchas.

Este segundo descenso, ya con las piernas a tono, lo realizamos a fuego, del tirón. Esto es mucho más grande de lo que parece y las horas se nos echan encima sin quererlo así que decidimos acelerar el ritmo. Ya sin aliento llegamos al final de esta formidable bajada, justo en el río desde el que empieza la verdadera ascensión del día hacia el Tyup Peak.

Cruzamos el río y afrontamos las primeras rampas en la zona de bosque. El sol empieza a calentar demasiado y la nieve reciente fría comienza a transformarse y a humedecerse, por lo que decidimos abandonar las laderas más abiertas y avalanchosas para meternos de lleno en el bosque. Por aquí ya no se avanza tan rápido debido a que nos vemos obligados a afrontar pendientes entre árboles más complicadas y serpenteantes, con “zetas” de apenas dos pasos entre cambios de dirección. La huella de ascenso empieza a ser muy profunda. Nos encontramos en cara norte y los claros del bosque son más grandes de lo que parecía por lo que las zonas más peligrosas son más frecuentes.

Comienzan los problemas con la formación de zuecos en las pieles de foca, que nos retrasan y nos desgastan. Empezamos a pensar que las condiciones de inestabilidad empiezan a ser demasiado peligrosas como para descender esas crestas a las que aún no hemos llegado. Comienza a cubrirse el cielo cuando nos topamos con lo que seguramente sea la última rampa empinada antes de llanear por la cresta, pero no estamos seguros de su estabilidad. Se hace imprescindible evaluar con la cabeza fría la situación: cambio de meteo, temperaturas suaves, nieves profundas humedeciéndose, crestas empinadas esperándonos, rescate más que difícil. Resultado: el riesgo por aludes no es asumible; nos damos la vuelta.

Las montañas kirguizes nos vuelven a enseñar que tenemos que cambiar el chip, y es que las lisas laderas cimeras en las que habíamos planeado dejar nuestras huellas al inicio de la excursión, nos empiezan a parecer intocables. Aquí todo es enorme y a medida que te acercas te percatas de la verdadera inclinación y los peligros objetivos. En el fondo del Valle del Tyup nos recogen las motos y remolcan hasta el Chamynsai Pass nuevamente para descender por el ya conocido Valle de Karkará. El tiempo ha ido empeorando y las nubes ya cubren el cielo, pero todavía podemos aprovechar las últimas bajadas en los rincones del valle.

De regreso al campamento, nos topamos con rebaños de Yaks, algún zorrillo e incluso unas huellas que nos parecen de lobo. No sería nada de extrañar como nos cuentan los guardas del campamento. De hecho, todos ellos llevan machetes enormes metidos en las botas y, cuando les preguntamos para que lo llevan siempre encima, nos contestan que por los lobos y otros animales que te puedas encontrar. El entorno aquí es salvaje y aislado.

Antes de cenar nos acercamos a la casi vacía aldea de Karkyra keremeti. Aquí hay algunas casas en las que viven los guardas del campamento, algunos con su familia. Pero el aislamiento durante el invierno no favorece el poder asentarse aquí. Sólo hace falta ver la máquina quitanieves que tienen: una auténtica preciosidad que parece que hasta este invierno la hayan usado. Al menos ahí estaban sus huellas en el terreno. También podemos apreciar el carácter trashumante de esta gente y sus rebaños, reflejado en la cantidad de casas móviles que hay. Carromatos, vagones de tren, camiones-casa, autobuses, contenedores de mercancías. Compartimos su espíritu nómada.

Para acabar bien el día, aprovechamos la sauna que hay en el campamento, junto al río, para desentumecer músculos, relajarnos y, como no, someternos a ese tratamiento de calor-frío que dicen que, supuestamente, va bien para la salud. Yo me cojí un buen resfriado, aunque no puedo asegurar que fuera por meternos en las heladas aguas del Río Karkará.

Recuperados del palizón de hoy, ya estamos soñando con lo que vendrá mañana…

Texto e imágenes: equipo RECmountain
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ADVERTENCIA: Las actividades aquí descritas entrañan riesgos y están realizadas por especialistas y técnicos expertos. Advertimos de la necesidad de practicarlas con la prudencia y experiencia necesarias, con la técnica y el material adecuados y acompañados de guías o monitores profesionales.

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Kyrguizstán: Karkará N

En Kirguistán hemos conocido el lado más auténtico y puro del esquí de montaña. Sensaciones de libertad y de soledad en una inmensidad de valles y laderas, lejos de la civilización. El contacto con una naturaleza salvaje y auténtica, descubriendo secretos ocultos, aprendiendo grandes lecciones y conociéndonos mejor a nosotros mismos. No es la primera vez que venimos, ni será la última. Volveremos, siguiendo el espíritu nómada de este pueblo.

Ficha Técnica                    Mapa de Situación                    Vídeo

Kirguistán es un país del que la gente apenas ha oído hablar. Las connotaciones de su nombre evocan tierras áridas y culturas cerradas. Pero estos prejuicios están bien lejos de la realidad. Este es un lugar de confluencia y convivencia entre distintas culturas. Cristianos, ortodoxos y musulmanes comparten este territorio. Los rasgos orientales propios de los pueblos de Asia Central, se mezclan con los occidentales debido a la colonización soviética. En la variedad de sus gentes encontramos, sin embargo, elementos comunes: la amabilidad y la hospitalidad. Y esto hace de esta tierra un lugar tranquilo y seguro, en el que nos sentimos como en casa. Gracias a nuestros amigos de Ak-Sai Travel pudimos disfrutar de auténtico esquí de montaña en el Tien Shan.

Después de sobrevolar la inmensidad plana de la estepa rusa, aterrizamos en Bishkek y la primera imagen que tenemos de la capital se dibuja en un escenario de montañas con grandes paredes y glaciares. Kyrguizstán se sitúa a la misma latitud que la Península Ibérica, en Asia central, entre China, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán, con una geografía definida y dominada por el terreno montañoso de las cordilleras del Pamir y del Tien Shan. Tres de sus cimas alcanzan los 7000 metros (Khan Tengri, Lenin y Pobeda) y su altitud media es de 2750. Así pues, es cierto cuando dicen que Kirguistán no es un país de montañas, sino montañas hechas país.

Nada más comenzar el camino hacia el este nos damos cuenta de que el simple hecho de llegar a nuestro destino será una aventura. Nos dirigimos a la frontera con Kazajstán, al campamento de Karkará, en la esquina nordeste del país. Atravesamos por carretera la orilla norte del lago Issyk-Kul, el segundo lago salino más grande del mundo y el séptimo más profundo, cuyo nombre significa “lago caliente”. Pronto el asfalto va desapareciendo y ganamos altitud. La carretera se adentra en unas montañas cada vez más cubiertas de manto blanco y la pericia de los conductores se hace notoria a medida que las ruedas van hundiéndose en la nieve. En el paso fronterizo la presencia militar contrasta con las sonrisas de los niños de la aldea de Karkará.

Ayudados por las motos de nieve, recorremos los últimos kilómetros hasta el campamento. Una instalación en la orilla del río que separa ambos países y que tiene todas las comodidades que podríamos desear. Las instalaciones del campamento están gestionadas por la agencia de turismo Ak-Sai Travel (https://ak-sai.com/es/) y tienen todas las comodidades que se pueden pedir en un lugar perdido entre las montañas: cabinas dormitorio dobles con calefacción; aseos, duchas de agua caliente y lavadora; una amplia estancia comedor en donde realizar los briefings antes de esquiar; conexión WiFi; e incluso una sauna junto al río en la que relajarnos tras las intensas jornadas de actividad.

La emoción de haber llegado a este lugar tan increíble trae el primer toque de atención de la semana: al llegar la noche y descubrir el cielo abarrotado de estrellas, nos alejamos cien metros del campamento para hacer unas fotografías nocturnas y los guías no tardan en salir a llamarnos a voces para que regresemos. Cuando preguntamos por qué, responden “because of the wolves” (debido a los lobos). Sólo ver sus huellas los días siguientes o recibir la noticia de que la semana anterior habían devorado un perro del campamento, nos pone la piel de gallina.

El Valle del Karkará:

Comenzamos las jornadas de esquí reconociendo el Valle de Karkará, el más próximo a las instalaciones. En esta toma de contacto, descubrimos un terreno muy variado de laderas poco inclinadas de bosque muy abierto de coníferas. Tan sólo en las laderas cimeras observamos mayor inclinación y terreno rocoso. En la zona intermedia encontramos pequeñas hoyas y espolones, palas más inclinadas, cornisas… es una zona muy divertida con un relieve muy franco. Las rampas se van tumbando hacia el fondo del valle hasta llegar al río en el que se encuentra nuestra base. El valle de Karkará ofrece opciones muy variadas para todos los niveles y sus zonas de bosque son perfectas para resguardarnos en los días de poca visibilidad o mal tiempo.

Los servicios del campamento incluyen el traslado en motos de nieve, a primera hora de la jornada, hasta el fondo del valle elegido para esquiar. O bien sentados en la parte trasera de las motos, o remolcados con cuerdas, nos dejarán en el comienzo de las pendientes pronunciadas. Ir remolcado es mucho más cansado, pero desde luego, infinitamente más divertido.

Desde donde nos han dejado las motos en esta primera jornada, ya podemos contemplar el objetivo de hoy: el Karkará Peak, de 3150 m de altitud. Su cara norte presenta unos contrafuertes empinados e interesantes entre los que se encuentran corredores asequibles. Proponemos a Vadim, nuestro guía, el descenso por uno de esos corredores para empezar. Pero nos sorprende diciendo que no ve posible la bajada, no por la dificultad técnica si no porque en esta época del año la nieve está muy inestable. Insistimos y decidimos intentarlo.

Llegando a la zona en donde empieza la pendiente vemos que la nieve está muy venteada por lo que pensamos que sería conveniente hacer un rápido sondeo antes de entrar en la parte expuesta. El resultado nos deja atónitos: nunca hemos visto un manto de nieve como éste en ninguna otra montaña a la que hayamos ido. Bajo 50 cm de nieve polvo compacta, el manto está compuesto por más de un metro de cubiletes sin ninguna cohesión, hasta el suelo. Por supuesto que los tests de inestabilidad nos confirman las sospechas: con una sobrecarga débil se viene abajo.

Va a ser que Vadim tenía mucha razón. Nos cuenta que esto es habitual aquí y que en primavera el manto es muy inestable. Probablemente el intenso y continuo frío que llega hasta aquí durante todo el invierno desde Siberia, transforma cada capa de nieve que cae en granos angulados y de nula cohesión, haciendo que la nieve de primavera superficial menos fría, aísle y mantenga la metamorfosis de gradiente térmico durante muchas jornadas. Decidimos seguir por la cresta medio pelada hasta donde consideramos que empieza a no ser asumible el riesgo. Nos calzamos los esquís y bajamos la parte peligrosa por la misma cresta para luego afrontar las laderas bajas menos inestables. Por supuesto con todas las medidas de precaución posibles y el asa del ABS a mano.

Llegados al fondo del valle, volvemos a remontar hacia otras zonas más protegidas por el bosque, en donde el viento no ha formado placas tan densas. Desde el cordal entre el Chamynsai y el Karkará podemos ver el impresionante circo de la cara Noroeste de este último pico. Una pena pensar que, si no cambia, con estas condiciones va a ser intocable. Aún así, el terreno de juego en la zona boscosa es muy divertida, con cornisas, acumulaciones de nieve polvo y protegidos del viento.

Aprovechamos este valle para esquiar durante esos días en los que, ya sea por las malas condiciones meteorológicas o por la inestabilidad del manto nivoso, aventurarnos más allá resulta peligroso. La cantidad de pequeñas lomas, con diferentes orientaciones y pendientes, hacen que siempre encontremos rincones interesantes y divertidos de esquiar. Y para finalizar la jornada sólo te tienes que dejar deslizar valle abajo, por donde las motos nos han remolcado a primera hora, para llegar hasta el campamento a la orilla del río, y reponer fuerzas para el día siguiente.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Vídeo, ¿Ruau esquiable?

Aunque persiste el anticiclón que desde hace más de un mes bloquea la llegada de las borrascas, Alberto bajó el Tubo Ruau el 10 de enero (entrando por La Fácil) tras portear los esquís hasta la cima de Peñalara. Con una nieve que parecía piedra y rocas aflorando por todas partes. Condiciones peligrosas en las que no te puedes permitir un error.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Vídeo primera del Ruau

Primer descenso de la temporada (noviembre 2018) del Tubo Ruau en PeñaLara con nieve dura en la primera parte y algo de polvo en la segunda, en esta temporada que empezó temprano, pero que se está haciendo de rogar.

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Riscos del Francés, canal Recta

La aparentemente infranqueable muralla sur del Risco del Francés tiene una canal central increíblemente recta, larga, estrecha y empinada. Una línea con una parte alta que empieza siendo sencilla y que poco a poco va llevándote a la zona central en donde se concentran todas las dificultades. La parte final, cuando el recto pasillo se acaba y la canal se ensancha y abre a la izquierda, continúa otro tanto igual de desnivel por depósitos enormes de las avalanchas que caen de toda la pared. Un sueño por fin conseguido.

Ficha Técnica                                        Mapa de Situación

                    

Hace unos años comenzamos con el “Proyecto Gredos” de descender canales en la Sierra de Gredos de las que no teníamos constancia de haberse esquiado nunca, y esta temporada conseguimos uno de los principales objetivos. La foto de debajo muestra la cara sur de los Riscos del Francés a vista de dron. Tiene una canal central increíble, que hace ya unos cuantos años habíamos visto y estudiado. Desde el 2014, año en el que comenzó realmente el proyecto, no habíamos dejado de pensar en la posibilidad de descenderla. Pues bien, en esa foto se nos ve esquiándola y, aunque las dimensiones son tan brutales que apenas se ven tres puntitos, ahí estamos en pleno descenso.

La vertiente sur de Gredos presenta unos desniveles importantes que pueden llegar casi a los 2000 m hasta el fondo de algunas de las gargantas. Su aproximación por esta orientación sur es muy larga y compleja, con pocos caminos y muchos “boquerones” (desfiladeros rocosos por donde discurren los torrentes) que hacen a veces imposible llegar siquiera al pie de las canales. La muralla sur del Risco del Francés siempre nos llamó la atención y tras una primera incursión en la que pudimos alcanzar el Durazno y descender su canal Este, decidimos intentar acceder a las canales de esa cara sur desde la vertiente norte.

La aproximación a nuestro objetivo la hacemos, aprovechando que hay nieve desde el Prado de las Pozas, ascendiendo a los Barrerones hasta el Circo de la Laguna Grande, para después subir a la Portilla de los Machos. Cruzamos así a la vertiente sur y llegamos a la canal por arriba. Normalmente es mucho más aconsejable subir por donde vas a bajar, porque compruebas el estado de la nieve y las dificultades que te vas a encontrar en todo el descenso. Aun así, según hemos ido subiendo hemos podido comprobar que el deshielo es importante y que la nieve ni siquiera se ha recongelado en las caras norte. Sabemos que una dificultad que encontraremos será la nieve húmeda y blanda que puede purgarse y arrastrarnos.

Alcanzamos la Portilla de Los Machos en donde nos preparamos para el descenso. Llevamos la cuerda, el piolet y los crampones a mano dentro de la mochila. También nos pusimos el arnés y nos colgamos los archiperres para anclarnos, o por si tuviéramos que hacer algún rapel en alguno de los estrechamientos. Nos calzamos las tablas, bloqueamos fijaciones y comenzamos bajando por la ladera suroeste del Casquerazo hasta la cumbre del Risco del Francés y hasta la portilla que accede a la canal sur.

Nos asomamos a la canal que parecía fácil en este primer tramo, aunque la convexidad de la pendiente nos impedía ver más allá de los primeros virajes. Tomamos unas imágenes y Álvaro comenzó el descenso catando el estado de la nieve y evaluando si las purgas podían ser demasiado peligrosas. El riesgo parecía asumible y le seguimos de cerca aunque de uno en uno.

Tras esta primera pala fácil y amplia, nos acercamos al embudo en donde la canal se estrechaba y la pendiente empezaba a inclinarse cada vez más, hasta los 45º. De momento, la anchura de la canal nos había permitido evitar las purgas que íbamos provocando, pero según se iba estrechando, podríamos tener más problemas con ellas.

Desde ahí podíamos ver ya una gran parte de esta mitad superior del pasillo y podíamos intuir los problemas que nos íbamos a encontrar más abajo. Uno de ellos era que la nieve que se purga en esta época del año, se encauza en el centro de la canal horadando un enorme surco que iba a resultar difícil de cruzar.

Llegamos a la primera zona estrecha en donde el surco no era lo suficientemente ancho como para esquiarlo por dentro, ni lo suficientemente estrecho como para cruzarlo sin que nuestros esquís se combaran sobre el vacío. Nos vimos obligados a bajar por los lados, lo cual añadió dificultad e inclinación en varios puntos. Al principio lo afrontamos por la izquierda, aunque después tuvimos que cruzarlo hacia la derecha para superar una primera fisura que interrumpía la canal.

Más abajo volvimos a encontrar una zona más amplia que nos llevaría al siguiente estrechamiento. Álvaro y yo decidimos dar el paso por la izquierda por lo que tuvimos que volver a cruzar el p*** surco con los patines en vilo. Ya al otro lado la pendiente se empinaba mucho, unos 50º, y todos nuestros sentidos se concentraban en cada giro:

“Durante un tiempo, todo desaparece. No existe nada más en tu mente. Tu concentración es total. Es el momento de utilizar todas tus capacidades, llevar al máximo nivel todo aquello que has aprendido. El equilibrio perfecto entre la improvisación y la toma de decisiones. Una manera de ordenar aquello que es importante frente a lo que es accesorio. Valorar lo que tienes alrededor y situarte en el minúsculo espacio que debes ocupar”.

Alberto resolvió con imaginación este empinado paso por el otro lado y los tres conseguimos descenderlo y encontrarnos con la última dificultad: una zona en la que la roca asomaba y el torrente fluía con fuerza. Este era el punto en el que suponíamos que tendríamos que hacer un rápel, pero afortunadamente estaba casi tapado y los superamos metiéndonos de lleno en él.

La parte estrecha, recta y empinada quedaba atrás. La canal se encuentra aquí con la principal que sube en diagonal desde los boquerones de la Garganta de la Casqueruela hasta el hombro al de la cima este de los Riscos del Francés. Seguimos bajando por esta canal Diagonal que se encontraba rellena de depósitos de avalanchas, surcos, bolas, bloques y piedras, y que va bordeando las paredes rocosas del Francés por su base. Llegamos hasta el final de los depósitos de nieve, hasta donde las cascadas se adueñan de la canal y se precipitan boquerón abajo. Ya no podíamos esquiar más así que nos descalzamos las tablas y repusimos fuerzas mientras disfrutábamos de este rincón perdido de Gredos.

Para regresar, subimos por la Diagonal del Francés, una canal mantenida y preciosa que pasa bajo la esbelta aguja de Aurelio Delgado. Tuvimos que hacer este tramo en ensamble debido a que, en esta época, la nieve se está derritiendo y en estas gargantas no sería difícil que un puente de nieve cediera a nuestro paso. Hay que tener en cuenta que los ríos bajan varios metros por debajo de nuestras huellas, entre bloques de roca muy grandes. Hay cascadas, pozas y muchas toneladas de nieve encima. Así lo avisaba el sonido que salía de las grietas y agujeros que íbamos encontrando por el camino.

Por fin culminamos la ascensión de la Diagonal del Francés y bordeando una de sus cimas, remontamos las palas de vuelta a la Portilla de Los Machos. Después el ya conocido y largo regreso al Circo y a la Plataforma.

Nos sentimos especialmente orgullosos de este descenso que nos ha exigido un gran esfuerzo: de imaginación para trazarlo en nuestras mentes; de descubrimiento para encontrarlo entre riscos y canales; y de técnica para esquiarlo con unas condiciones de riesgo asumibles. Nuevos proyectos sobrevuelan ya nuestras cabezas…

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Madrid Summer Ski Day 2018

Madrid Summer Ski Day. Ya podemos decir que este año se podrá esquiar en verano en la Sierra de Guadarrama. El próximo sábado 23 de junio a las 12:00 estaremos en la cima de Peñalara para dar la bienvenida al verano de la mejor forma que sabemos, ¡¡¡¡¡¡con las tablas puestas!!!!!!
La idea es pasarlo fenomenal y descender esquiando en bañador (esquís, snowboard o trail) por la zona de Claveles.
Os dejamos el video del año 2016, en el que los neveros no aguantaron a la llegada oficial del verano, pero que sin duda nos dejaron momentos inolvidables. ¡¡Nos vemos en la montaña!!

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Vídeo de Pirineos Roadtrip

Pirineos Roadtrip. En junio del año 2013, con unas condiciones excepcionales de acumulación de nieve en todo el Pirineo, realizamos este viaje en autocaravana gracias a nuiestros amigos de Gorbea Caravaning, buscando líneas esquiables casi en verano. Este año las condiciones son parecidas en muchas de las montañas españolas, con espesores de nieve que permiten pegarte buenas esquiadas. Aquí está el vídeo de aquella actividad:

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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Riscos del Fraile, canal Sur

La cara sur del Fraile presenta un laberinto de rocas y nieve entre la que se abre paso esta zigzagueante  línea. Tiene una entrada complicada y expuesta que da acceso a una preciosa canal con una zona alta empinada, y una parte baja en la que se acumulan todas las avalanchas que caen por esta ladera. Esquí de montaña de auténtico descubrimiento en esta salvaje vertiente sur de la sierra de Gredos.

Ficha Técnica                                           Mapa de Situación

                    

Desde que comenzamos con nuestro “Proyecto Gredos”, la panorámica de la vertiente sur de esta cordillera nos atraía e impresionaba a la vez. Accesos largos y complicados que llegan a canales empinadas y avalanchosas que se abren paso entre agujas y gendarmes de roca. Entre todos los riscos, el de El Fraile destaca por su perfil “cerviniano” que emerge entre las nubes, y por frente sur sin una línea clara de bajada, con canales cortadas por barreras rocosas. Y este año en el que a finales de temporada ha llegado la nieve en abundancia, decidimos intentarlo.

Con una importante carga de nieve recién caída, hicimos un primer intento accediendo por la cara norte. Foqueando desde la Plataforma hasta el Cerro de la Cagarruta y Navasomera, nos asomamos a la vertiente sur y contemplamos la arista que lleva hasta la cima de Los Riscos del Fraile. La nieve sin asentar y las bolas que van cayendo ladera abajo haciéndose cada vez más grandes, nos alertan del peligro de aludes y valoramos si comenzar el descenso o no. Decidimos catar la pendiente que por aquí no es tan empinada como en la canal, y tras los primeros giros enseguida pudimos comprobar que, a pesar de que las condiciones de innivación son fabulosas, el riesgo era inasumible.

Con mucho cuidado remontamos la pendiente directamente hasta la cima del Fraile, por el camino más corto y seguro, aunque no el más fácil. La arista no es difícil pero con la cantidad de nieve poco fiable que hay, debemos tener prudencia en la progresión. En la arista se alternan pasitos de roca y afiladas crestas de nieve que, sumado a las nubes que nos rodean, proporcionan un ambiento alpino que nos encantó. Esta vez no pudo ser, pero pudimos disfrutar de la alta montaña gredense.

Después de dejar unos días para que se purgaran las laderas y la nieve se asentase, volvimos a por ello. En la cima de Navasomera nos calzamos nuevamente los esquís y comenzamos el descenso por la ladera este, bordeando las barreras de roca, para dirigirnos hasta la arista este que baja desde El Fraile, en donde se adivinaban unas pequeñas portillas que intuíamos serían el acceso a la cara sur. Nos asomamos a la portilla más alta y pudimos contemplar los paredones de la vertiente sur y otro pequeño collado desde el que creíamos empezaría la canal elegida.

Para llegar a ese collado teníamos que descender un tramo rocoso con un paso de nevado muy estrecho sobre una empinada pala que escupe a uno de los cortados de la cara sur. Álvaro y yo decidimos destrepar este punto andando, pero Alberto nos dio una lección de esquí “peñalaskiano” y abrió el paso sin quitarse las tablas con su depurada técnica de talones: “chapeau, maestro…”.

Debajo del paso estrecho volvimos a calzarnos esquís para bajar por esa expuesta pala y atravesarla hasta el collado que parecía la puerta de la canal. Aquí encontramos la inclinación mayor, que puede alcanzar los 50º al pie del paso estrecho, y con la pendiente que te llevaba al cortado rocoso. Fue un momento de máxima concentración en el que no había espacio para el error, y lo resolvimos giro a giro y de uno en uno. Por fin atravesamos al collado, respiramos profundamente y descubrimos la canal buscada.

Desde este collado, la canal parecía tener continuidad hasta abajo y no se vían más pasos “raros”. La pendiente era considerable, unos 45º máximo, pero la amplitud y el estado de la nieve hacían que pudiéramos disfrutar más tranquilamente la bajada. Continuamos el descenso hasta un par de agujas preciosas en donde la canal gira a izquierdas y pierde inclinación.

El resto de la canal era más amplia y con menos pendiente, pero a medida que bajábamos nos íbamos encontrando con más y más depósitos de aludes: toboganes y bolas de nieve cada vez más grandes. A unos 1650 m de altitud nos quitamos las tablas y aprovechamos ese recóndito rincón para reponer fuerzas y dar buena cuenta del bocata.

Tras calzarnos los crampones y echar las tablas a la espalda, comenzamos el cansado regreso por la canal que habíamos bajado. Según ascendíamos, íbamos contemplando esos rincones que al bajar no habíamos podido saborear. Agujas y gendarmes verticales se alzan por toda esta pared sur de los Riscos del Fraile.

Desde el collado de la canal, hicimos la expuesta travesía hasta el paso estrecho, remontándolo y llegando hasta la portilla. Desde ahí, ascendimos directamente hasta la cumbre del Fraile, ya que nos gustó tanto la arista cimera que hicimos días atrás, que quisimos repetirla. Además, es una ruta más segura que la travesía hasta Navasomera. La cresta, a pesar de no tener tanta nieve como la vez anterior, volvió a ser una travesía de disfrutar.

Para nosotros resultó ser una línea de auténtico descubrimiento: entretenida, con tramos empinados, otros estrechos, y algunos expuestos, que se adentran en una de las caras más atractivas de la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Ya hemos conseguido tachar ésta línea de la lista, pero ahora hemos descubierto muchas más en esta agreste vertiente. Nos queda proyecto para rato…

Texto e imágenes: equipo RECmountain

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